Embajador incómodo
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Embajador incómodo

09/07/2019
Actualización 09/07/2019 - 15:24

Un incidente diplomático ha ocurrido entre Estados Unidos y la Gran Bretaña con la filtración de cables confidenciales entre la embajada británica en Washington, y sus superiores en el Foreign Office, o Ministerio de Exteriores en Londres.

Después de la espectacular visita oficial de Estado que el presidente Donald Trump realizó al Reino Unido el mes pasado, con cena de gala, la familia real –casi completa- y todo el despliegue de la pompa y el protocolo británicos, ahora se ve ensombrecido por los confidenciales comunicados que un embajador envía al gobierno que representa.

Sir Kim Darroch fue exhibido por tabloides ingleses (The Mirror) al publicar este fin de semana el contenido de algunos de esos comunicados. En ellos calificó a la Casa Blanca como un “ambiente disfuncional único” –lo más elegante y diplomático para decir que es un caos absoluto-. Al propio presidente Trump como “torpe e inepto”, lo que no hace otra cosa más que describirlo con precisión.

El tema tiene varias aristas, sin duda el fin de la representación diplomática de Sir Darroch, y eventualmente, el fin de su carrera. Pero hay otras, como el origen y la intención de la filtración que proviene del gobierno.

A la premier Theresa May, a quien le quedan pocos días en el cargo, recordemos que ella anunció su renuncia cuando su tercer acuerdo por el Brexit fracasó estrepitosamente en la Cámara de los Comunes, no podría tener una más dañada y ciertamente disfuncional relación con el presidente de Estados Unidos. Trump ha sido en más de una ocasión francamente grosero con la primera ministra a quien no le ha ocultado su abierto desagrado; “le dije cómo debían hacerse las cosas, pero ella decidió no hacerme caso” declaró ayer Trump al hablar del incidente con el embajador y acerca de las lecciones que la señora May debía poner en práctica en torno al Brexit.

Desde Londres, Theresa May, aún primera ministra, replicó diciendo “me parece recordar que el presidente quería que demandáramos a la Unión Europea”.

El estilo frívolo, extorsionador y vulgar de Trump contaminó desde el inicio la llamada “relación especial” entre Londres y Washington por los últimos dos años. A pesar del enorme esfuerzo que representó recibir a Trump, quien se había empeñado en una visita oficial de Estado –con toda la formalidad real de por medio- el presidente estadounidense ha continuado su constante intervención en política interna de la Gran Bretaña.

Ya desde el avión, a su arribo a Londres hace cinco semanas, había ya tuiteado en contra de May, a favor de Boris Johnson y a favor del Brexit más duro y abrupto, el de salir sin acuerdo de la Unión Europea.

En unas semanas habrá un nuevo líder del partido conservador, ocupará la jefatura del gobierno en consecuencia y tendrá que retirar a Sir Kim Darroch para enviar a un nuevo representante. Ya hasta se menciona al impresentable Nigel Farrange –uno de los grandes activistas pro-Brexit- como uno de los candidatos.

El toque Windsor evitó un mayor rompimiento. Trump incluso declaró este fin de semana que salió “muy impresionado de su majestad la Reina” a quien consideró una “mujer espectacular”, en el más puro y primitivo vocabulario sobresalientes palabras.

El embajador británico dijo que “no hay filtro” en un personaje que ha demostrado no sólo su provincianismo, su incapacidad para entender al mundo, su obsesión por el poderío de Estados Unidos por encima del mundo entero, sino sobre todo, su torpeza como político y como estadista.

La saliente y vapuleada May, aún tuvo que tomar medidas para contener la crisis y evitar consecuencias mayores: envió a un ministro de comercio para ofrecer disculpas, pero declaró absoluta confianza en su embajador.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.