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Brexit: hoy

15/01/2019
Actualización 15/01/2019 - 15:12

Para cuando usted lea estas líneas, muy probablemente haya sucedido ya el voto a favor o en contra del acuerdo de salida de Gran Bretaña, de la Unión Europea (UE), en el Parlamento Británico.

Es decir, los miembros del Parlamento, aprobarán o no, el documento larga y difícilmente negociado por su gobierno para establecer las condiciones, mediante las cuales, el Reino Unido dejará de pertenecer a la Unión Europea.

Según todos los pronósticos de los medios locales, las encuestas y los expertos, la primera ministra Theresa May será rechazada hoy por un Parlamento que califica su acuerdo de salida como incompleto, insatisfactorio y sometido a los términos europeos.

La mayoría de los laboristas y muchos conservadores –partido al que pertenece la señora May– aseguran que el contrato de salida no es “suficientemente liberador” para Gran Bretaña del vínculo, de la “forzada” -¡y costosa!- relación que sostienen con la Unión.

Si pudiéramos describir a grandes rasgos los sectores o posturas al interior del Parlamento, encontraríamos tres grupos esenciales:

1. Sector más radical de los fervientes impulsores del Brexit, en su mayoría conservadores (tories), que quieren que fracase el acuerdo porque en el fondo no quieren acuerdo alguno. Prefieren romper todo lazo con la Unión (comercial, aduanal, migratorio, etc.)

2. El sector moderado que integran tanto conservadores como laboristas, que buscaría un acuerdo de salida semejante al que tiene Noruega, pero mejorado: lo llaman 'Noruega plus' que consiste en esencia en cero vínculos o compromisos políticos, pero en vigor acuerdos comerciales y estrechos lazos económicos.

3. Un reducido grupo de apoyo al acuerdo de Theresa May, que busca resolver el complejo tema de la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte (esta última integra el Reino Unido) mediante el restablecimiento de una frontera 'suave' que permita cruce de personas y mercancías, pero con controles y revisión de documentos.

Hoy se espera un rotundo fracaso para el Gobierno y la primera ministra que pudiera producir varios efectos inmediatos:

-La improbable renuncia de Theresa May –ha afirmado que es y será su responsabilidad completar el proceso entero del Brexit hasta su ejecución.

-El surgimiento de una crisis parlamentaria y partidista que llame -por segunda vez- a un voto de “No Confianza” contra la líder del Partido Conservador, la primera ministra May; se realice el voto y ella sea retirada como jefa de gobierno. Aquí la conclusión sería que el mismo partido que sostiene la mayoría realice una elección interna para un nuevo líder que sea invitado por su majestad, la reina, a integrar un nuevo gobierno. Es exactamente el mecanismo por medio del cual Margaret Thatcher dejó de ser primera ministra en 1990, y la sustituyó John Major de su propio partido, y de hecho, secretario de educación en su gabinete.

-Un plazo de gracia a la primera ministra May -3 días- para presentar un Plan B, negociado con la UE, e intentar el respaldo final del Parlamento.

El plazo se vence el 29 de marzo, fecha en la cual –si hay acuerdo negociado con la UE – iniciaría el llamado período de transición hasta el 31 de diciembre del 2020. Si no hay acuerdo, hoy o en tres días, el Reino Unido enfrentaría el peor de los escenarios al encarar una salida abrupta y tajante de la Unión, sin condiciones comerciales, acuerdos migratorios, o transacciones financieras. El peor de los mundos.

La inexistencia de un acuerdo afectaría de forma directa a más de 4 millones de europeos (1.2 millones de británicos viviendo en el continente, y casi 2.7 millones de europeos viviendo en el Reino Unido) que tendrían que buscar formas para regresar a sus países.

El mercado de bienes raíces se desplomaría, el intercambio comercial, financiero, ferroviario y muchos más sufrirían gravemente la separación sin acuerdo, más una ruptura que una negociada salida. Hoy inicia la jornada histórica de Gran Bretaña, una semana capital que definirá su futuro por décadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.