Aranceles electorales
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Aranceles electorales

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Aranceles electorales

04/06/2019
Actualización 04/06/2019 - 11:33

El presidente Donald Trump está decidido a reelegirse y lanzará su campaña el próximo 18 de junio. La diversidad de frentes abiertos por Trump, complican de manera significativa su camino para permanecer cuatro años más en la Oficina Oval. Además de la batalla legislativa con los demócratas, está el caso no concluido ni exonerado de la investigación por el Rusiagate de Robert Mueller, está su evasión fiscal no demostrada, está la comprobada obstrucción de justicia en la misma investigación Mueller, está el daño enorme de su guerra comercial con China, y tantos otros más.

Por ello Trump, en la primitiva lógica electorera, asume que el tema fronterizo y migratorio será, con toda probabilidad, el eje de su campaña interna. El mismo discurso de un país invadido por las drogas y los criminales que llegan desde México y su urgente, fallida, y repetitiva campaña para el muro. Este argumento le provee de municiones en dos direcciones: atacar insistentemente a los demócratas en el Congreso por lo que él insiste en llamar su “traición a la seguridad estadounidense” por no aprobar una medida de “emergencia nacional”. Y al mismo tiempo, fustigar con virulencia la migración incesante, invasiva y criminal, según sus propias palabras.

Un oficial de la Guardia fronteriza declaró la semana pasada, muy a tono con el discurso trumpista, que enfrentaban una crisis de emergencia nacional al recibir cientos de miles de migrantes. Las cifras se han incrementado de quienes cruzan el territorio mexicano para intentar adentrarse en Estados Unidos, y en consecuencia el número de deportaciones. No existe un dato de los que lo logran, de los que sí pasan y consiguen quedarse en Estados Unidos, por lo menos, una temporada.

Pero la presión a México en terreno comercial y arancelario, así como la de 'tercer país seguro', tiene por objeto conseguir algunas medallas que lo fortalezcan frente a su electorado.

El costo es demasiado alto, para México (5 por ciento de arancel general) representaría unos 18 mil millones de dólares en el primer año, si sólo se quedara ahí. Si sube al 10 o 15 por ciento sería una debacle económica para nuestro país. Pero el costo no sólo es nuestro. El daño que el presidente Trump causaría a los consumidores en general por el alza en los precios finales de mercancías, a productores estadounidenses que exportan a México y recibirían aranceles compensatorios, y a economías completas como Texas, Nuevo México, Arizona, California podría ser desastroso. Sería casi un acto de suicidio político y electoral. ¿Por qué entonces lo contempla?

Esa retórica antiinmigrante, nacionalista, de fronteras fuertes, de defensa de los intereses americanos (America First) transita muy bien entre su base electoral (la derecha blanca, religiosa, conservadora, de bajos niveles educativos) y de hecho, lo condujo a la victoria en 2016. Su lógica, primaria pero impecable, es regresar a la misma retórica.

Ya surgen desde el fin de semana, voces sensatas y equilibradas que lo llaman a la mesura y a no declarar un conflicto comercial con su vecino y socio comercial número uno. Nuestros principales aliados son, justamente, los propios productores americanos, los gobernadores fronterizos, los legisladores de zonas clave en productos de exportación a México.

¿Entrará Trump en razón? Por lo que hemos aprendido en dos años de gobierno, es que es absolutamente impredecible. Nadie sabe cómo reaccionará, a quién prestará atención o si preferirá –como ya ha sucedido- enfrentar procesos de los estados en contra del gobierno federal ante la Suprema Corte de Justicia. Varios políticos y analistas señalan que excede sus facultades presidenciales la declaratoria unilateral de aranceles. Veremos en los próximos días, y esperemos que la delegación de negociadores mexicanos en Washington tenga la precisión, la inteligencia y la capacidad para convencer a sus contrapartes.

A ellos tocará, exponerle argumentos a su presidente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.