El Globo

Vergüenza mundial

López Obrador le juega al incluyente con la reunión de la CELAC, colocándose en un rol superior, cuando en este país no existe diálogo alguno con la oposición y se agrede a la prensa.

El gobierno de México convocó y organizó una reunión de países de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) para discutir una agenda… “espacial”. Y mire, no porque nos falten problemas en la región, pero lo serio, lo medular, eso no se abordó.

No se habló de migración, tal vez el problema más acuciante de Centroamérica y su flujo incesante de seres humanos hacia el norte. México hubiera carecido de argumentos para el trato –con frecuencia inhumano– que les brinda a los “hermanos centroamericanos”.

No se habló de violencia y de narcotráfico, problemas centrales que afectan a Colombia, México, otra vez Centroamérica, Cuba, Venezuela, etcétera.

Ahí tampoco México hubiera tenido nada qué presumir, porque los “abrazos y no balazos” han resultado un sangriento fracaso. No se habló de pobreza, de inversión, de comercio internacional. Se habló de una agencia espacial latinoamericana, haga usted el favor.

Pero la nota dominante no fue, por supuesto, los acuerdos, carentes de trascendencia y de proyección de futuro. La nota fue la polarización política e ideológica, la confrontación verbal, hostil y hasta ofensiva entre los presidentes de Paraguay y Venezuela, primero, y entre los de Uruguay y Cuba, enseguida. Literalmente de pena ajena.

Un foro regional en la peregrina búsqueda de una “alianza latinoamericana” que es hoy, más que nunca, impensable. AMLO y Ebrard, jugándole al estadista, cuando hay problemas de arranque que hacen inviable el diálogo y el acuerdo.

Y aunque muchos distraídos lo defiendan, el hecho, como dijeron los presidentes de Uruguay y Paraguay, es que ni en Cuba ni en Venezuela existen regímenes democráticos.

López Obrador le juega al incluyente al convocar a todos, colocándose en un rol superior de ejemplar liderazgo, cuando en este país no existe diálogo alguno con la oposición.

Por el contrario, el discurso polarizador y de confrontación es el eje del ejercicio presidencial. Farol de la calle y oscuridad en su casa.

En Cuba ha sobrevivido un régimen autocrático que niega la libertad de expresión, la pluralidad política y la existencia de oposición, gracias al embargo económico estadounidense. Sin bloqueo, sería difícil pensar que esa dictadura trasnochada pudiera sobrevivir una elección abierta y competida.

El caso de Venezuela es aún peor, porque carece de la inteligencia política y de la resistencia al embargo; ahí ni siquiera hay bloqueo económico, sólo una colección de rufianes que se apoderó del gobierno, impuso su régimen y canceló con la persecución y la cárcel –al pleno estilo cubano– a toda voz crítica y opositora.

Con perdón de Ebrard, que anda muy contento por una reunión fallida, contándose la historia de que fue un éxito reunirlos, cuando en verdad fue un fracaso estrepitoso. Son más las ausencias significativas que las presencias simbólicas. Nada más les faltó Daniel Ortega para tener la baraja de todos los autócratas de la región.

Díaz-Canel y Maduro son dos impresentables ante el mundo, a los que México les puso alfombra roja y les dio micrófono y escaparate. Más vergüenza. ¿Qué necesidad tiene México de pretender encabezar la izquierda latinoamericana, cuando de facto, en los hechos, no hay una izquierda única en el continente? ¿Para qué el contrapunto con la OEA y el fallido intento de sustitución?

Esfuerzo diplomático inútil, carente de significado o trascendencia más allá de la simbólica. Marcelo le hizo su fiesta internacional a AMLO, con banderas y todo, atril para un discurso extraviado de la primera dama, a ver si con eso el canciller suma puntos en la carrera por la sucesión.

Para coronar la comedia, aparece la denuncia sobre la contratación ilegal de supuestos médicos cubanos –y vaya que lo denunciamos en este espacio– e intercambios multimillonarios a Cuba para una hipotética misión humanitaria. ¿Por qué tendríamos que pagar por una misión ‘humanitaria’? Además de violar la ley, puesto que sin título ni papeles que los acrediten para ejercer la medicina, estos curanderos de Cuba fueron instalados en hospitales capitalinos. Redoblada vergüenza.

Debilitada y estropeada imagen internacional la de México, al servir de pasarela a dos de los presidentes más antidemocráticos del mundo, aplaudirles, abrirles foro y darles trato de estadistas. Puras vergüenzas.

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