Los Judíos Falasha de Etiopía
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Los Judíos Falasha de Etiopía

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Los Judíos Falasha de Etiopía

08/02/2019

El 4 de febrero pasado 84 miembros de la comunidad Falashamura de Etiopía aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Ben Gurión en Tel-Aviv. En el presente viven alrededor de 140 mil judíos etíopes y aún 8 mil esperan en las dos principales ciudades de Etiopía, en Addis Abeba, la capital, y en Gandar, para emigrar a Israel.

Existen diferentes versiones sobre el origen de los judíos en Etiopía, la tradición de la propia comunidad dice que son descendientes de una de las 12 tribus de Israel, la de Dan; que llegaron a Etiopía desde Egipto durante el Éxodo de los judíos. Otra opinión, con fondo más histórico, es que los israelitas llegaron a Etiopía tras la destrucción del Templo de Jerusalén por parte del rey Nadabuko Nosor de Babilonia en el año 586 A.C., y la tercera teoría, cuenta que son descendientes de Menelik I, el hijo que nació de la relación entre el Rey Salomón y Makeda, la Reina del Saba, que fue la gobernante del antiguo país de los sabeos que la arqueología presume estaba localizado en los actuales territorios de Etiopía y Yemen, cuyo centro de gobierno estaba ubicado en Marib. Versión romántica, quizá fantástica.

Lo cierto es que los Beta Israel (casa de Israel) tuvieron y defendieron un reino judío independiente, en torno al lago Tana, el Reino de Simen (en el noroeste de Gondar, una de las regiones donde han vivido los judíos Falasha de Etiopía) desde el siglo IV hasta 1627. El Tana es el lago más grande de Etiopía, con una superficie de 2,156 km2; y constituye la fuente del Nilo Azul.

Los Bet Israel se convirtieron al cristianismo en las misiones de África en los siglos XIX y XX, lideradas por el pastor anglicano Henry Aarón Stern, un judío alemán que a su vez se convirtió al cristianismo en 1840. En el presente la mayoría de los etíopes pertenecen a la Iglesia Ortodoxa de Etiopía; también hay musulmanes.

Durante mucho tiempo los Beta Israel fueron desapercibidos por el mundo judío; con la creación del Estado de Israel en 1948, empezó el interés por este grupo y, en los años setenta del siglo pasado el Rabinato de Israel tomó resoluciones unánimes que los consideraban miembros del pueblo judío, pese “a que necesitaban un proceso de conversión exprés”. Aunque muchos de los 8 mil judíos que permanecen en Etiopía son practicantes de la fe judía, las autoridades de Israel no los consideran como tal, lo que significa que no son automáticamente elegibles para emigrar a Israel bajo la Ley de Retorno que otorga la ciudadanía automática a cualquier persona con al menos un abuelo judío.

Los Bet Israel que vivieron en Etiopía y emigraron a Israel, como los que aún están en ese país, han experimentado condiciones de vida muy precarias como reflejo de la situación general prevaleciente en el mismo. Ciertamente, Etiopía, situada en el Cuerno de África, con una superficie de 1,221,900 km2 y una población de 105 millones, está entre las 10 naciones más pobres del mundo; el ingreso per cápita es de solo 860 dólares; 40.0% de los habitantes están abajo del nivel de pobreza. Los servicios públicos son escasos; 78.0% de la población no tiene acceso a agua potable; las condiciones de las viviendas y del medio ambiente afectan la salud de la gente, 4.5% de la población está infectada por SIDA, la esperanza de vida es de sólo 65 años. Incluso Etiopía ha enfrentado una guerra con Eritrea, 1998-2000 por disputas fronterizas. Eritrea se separó de Etiopía en 1993 lo que provocó que desde ese entonces no tuviera salida al mar.

Los Bet Israel, judíos ortodoxos, siempre han tenido una aspiración legítima de emigrar a Israel, reforzada también por las condiciones de pobreza en que han vivido. Así, en 1984, una hambruna en Etiopía provocó el traslado de muchos judíos a campos de refugiados en el vecino Sudán; de donde el gobierno de Israel, en acuerdo con la CIA de EUA, estableció un puente para transportar en aviones de la aerolínea israelí El AI a 8 mil judíos a Israel, fue la primera Aliya (Migración) masiva denominada Operación Moisés, la segunda operación, Salomón, sacó de Etiopía a 14,324 judíos en 1991. Desde entonces se registró un flujo continuo hacia Israel.

En el 2015 el Parlamento de Israel planeó traer a Israel a 9 mil judíos etíopes, empero, la oficina del Primer Ministro se negó a implementar el plan argumentando insuficiencia de recursos para financiar su absorción. A finales del 2017 llegaron 1,300; existe la expectativa de que los judíos que aún viven en Etiopía, 8 mil, finalizarán su arribo a Israel en el 2020. Lo cierto es que los judíos etíopes en Israel no están satisfechos con el lento proceso de repatriación; en este sentido, el 80.0% de los Bet Israel en Etiopía dicen que tienen familiares de primer grado que viven en Israel y algunos han estado esperando 20 años para emigrar, un terrible proceso de desarticulación familiar.

La realidad de Israel para los judíos etíopes ha sido muy dura, una vez que llegaron al país tuvieron que enfrentarse a las acusaciones de que no eran judíos y a la resistencia de admitirlos como tales por parte de las autoridades religiosas. Por lo demás, no les ha sido fácil aclimatarse a un nuevo país, idioma y mentalidad.

La población judía de etíopes en Israel, 140 mil, es una parte mínima de un total de más de 8 millones de israelíes que viven en el país. Las cosas no se han desarrollado como se esperaba. Durante mucho tiempo se han quejado de discriminación, y racismo y segregación por ser negros y una cultura diferenciada, empezando por la denominación que se les da: Falasha (extranjero, apátrida). El salario medio en los judíos etíopes es la mitad del resto de la población; más de la mitad viven en condiciones de pobreza, menos de la mita llegan a terminar secundaria; existen colegios que restringen o impiden directamente la matrícula de niños etíopes o los segregan en clases.

Asimismo, 40.0% de los menores entre 14 y 18 años que están privados de la libertad son etíopes. El desempleo entre los etíopes es de 12.0%, el doble que la media. Los jóvenes etíopes viven en la desesperanza como lo estaban en su país de origen, se ha reforzado su carácter dócil que no les permite ser emprendedores como lo pueden ser un gran número de jóvenes israelíes. No obstante, que muchos etíopes han logrado ascender en la pirámide social de Israel, hoy etíopes diputados, funcionarios públicos, abogados, periodistas, existe el sentimiento entre muchos de ellos de que Israel no les ha dado un lugar en Beta Israel 40.0% de los etíopes han nacido en Israel y sirven en el Ejército con el fin de integrarse y obtener mejores empleos.

La desconfianza de los etíopes, particularmente los jóvenes, ha quedado reflejada en varias manifestaciones, algunas reprimidas violentamente. Reclaman apoyo estatal y social y un país multicultural que los acepte como son; las autoridades han prometido cambios, “aunque enseguida las cosas han vuelto a su cauce”. ¿Por qué la primera democracia del Medio Oriente actúa contra los valores que involucra este concepto y contra la esencia de los valores y la cultura judía?

Evidentemente algo está mal y ello influye en el ascendente antisemitismo y antisionismo que se evidencia en el mundo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.