Líbano, afectado por la Guerra Civil en Siria
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Líbano, afectado por la Guerra Civil en Siria

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Líbano, afectado por la Guerra Civil en Siria

26/02/2018
Actualización 25/02/2018 - 20:36

Líbano situado en Asia Occidental tiene una superficie de solo 10,450 km2, está considerado entre los países más pequeños del mundo. Su población actual supera 6 millones, cifra que incluye entre 1.5 y 2 millones de sirios que abandonaron su país, salieron a partir de la guerra civil que se inició en el 2011; el 80.0% de los refugiados son mujeres y niños.

A diferencia de otros países del Medio Oriente en los que predominan los musulmanes, en Líbano alrededor del 54.0% de la población es musulmana (27.0% chiíes y una proporción similar sunnies), 40.0% cristianos (los maronitas son la mitad), principalmente. En términos de un Pacto Nacional entre los diversos líderes políticos y religiosos del Líbano, el Presidente debe ser un cristiano, el Primer Ministro un sunnita y el Presidente del Parlamento un chií.

Líbano registró un periodo de bonanza económica entre 2010 y 2014 con tasas de crecimiento medio anual superior al 7.0%; sin embargo, con la llegada masiva de refugiados sirios la economía empezó a deteriorarse y el adelanto medio bajó a 2.0%; el año pasado el PIB se elevó 2.2% sumó 46 mil millones de dólares. Cabe destacar que 2012 y 2013 fueron años excepcionalmente difíciles, la economía sólo avanzó 1.2% y 0.9%, respectivamente, como reflejo principal de la pérdida de confianza de los inversionistas y de los consumidores ante la incertidumbre que se creó en el entorno a raíz del flujo masivo de refugiados sirios, que tuvo un importante impacto en los pilares de la economía; los servicios que representan 70.0% del PIB y la industria, 25.0%, en particular se resintió en la actividad turística, la inmobiliaria y en la construcción. Los ingresos por remesas de los libaneses en el exterior, 8 mil millones de dólares en el 2017, han contribuido a estabilizar parcialmente la economía.

La guerra en Siria acentuó los problemas estructurales de la economía y de la sociedad libanesa. Las finanzas públicas han resentido fuertes presiones para la dotación de servicios, se observa un deterioro en el abastecimiento de electricidad, de agua y en el tratamiento de residuos sólidos. La deuda pública como proporción del PIB representó 155.0% en 2016.

Líbano vive una crisis humanitaria y ha requerido de la asistencia internacional, del 2011 al 2017 ha recibido más de 5,300 millones de dólares. Más de la mitad de la población no puede satisfacer sus necesidades básicas y en el caso de los refugiados el 93.0% de los hogares presentan insuficiencia alimentaria. La crisis ha añadido a 200 mil libaneses a la pobreza y 300 mil han perdido sus empleos. La tasa de desempleo en Líbano es de 12.0% y entre los jóvenes de 15 a 24 años sube a 20.0%. Las oportunidades de empleo para los refugiados son extremadamente limitadas, en general ha aumentado el trabajo informal para la supervivencia de los hogares.

Paradójicamente Líbano participa en la guerra de Siria a través de la milicia de Hezbolá, con apoyo de Irán al régimen sirio de Bashar al Assad. Por otra parte, Hezbolá es un partido político, creado en 1985, tiene 12 escaños en el Parlamento de Líbano y 2 miembros en el gabinete. El gobierno libanés reconoce a Hezbolá, integrado por chiitas, como una fuerza armada que de acuerdo a los servicios de Inteligencia de Israel tiene entre 20 mil y 50 mil combatientes y más de 150 mil misiles.

La fortaleza de Hezbolá deriva de la ayuda financiera y militar que le brinda Irán, quien pretende a través de esta organización, calificada por Occidente como terrorista, convertir a Líbano en una base de avanzada para fabricar cohetes y atacar a Israel.

Hezbolá que tiene una fuerza militar superior a la del propio Ejército de Líbano, ha ganado creciente apoyo más allá de su base entre los musulmanes chiitas de Líbano por que a través de su red de escuelas, clínicas y otros servicios proporciona a la población la ayuda que no le otorga el gobierno libanés. Además, cuenta con empresas, bancos, fábricas, una estación de televisión y una de radio. Un punto central de el desempeño de Hezbolá radica en su voluntad de impugnar a Israel y EUA como agresores de Líbano; es visto como una organización legítima de resistencia nacional tanto entre chiitas y no chiitas. Por lo demás, en la guerra que enfrentó contra Israel en el 2006, por sus logros desmitificó la invencibilidad de las fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Las tensiones entre Israel y Líbano han aumentado por un muro que Israel ha estado construyendo en su frontera con Líbano, quien considera que se está violando su soberanía territorial; Hezbolá amenazó con abrir fuego contra los soldados de las FDI que construyen la barrera; el gobierno de Israel respondió que estaba actuando en su propio territorio soberano “de conformidad con la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU adoptada después de que Israel se retirara de Líbano en 2000”. Asimismo, amenazó con impedir que Irán construya fábricas de misiles avanzados en Líbano.

Otro foco de tensión entre Israel y Líbano son las plataformas de gas en la costa fuera de Israel y que Hezbolá ha amenazado con atacar impugnando la propiedad de los yacimientos “en las aguas que considera son de Líbano”. Líbano emitió recientemente una licitación de exploración de petróleo y gas en alta mar en la frontera marítima de ese país, y que Israel reclama uno de los campos en cuestión.

Líbano ha señalado que comenzará la perforación exploratoria en el mar en 2019 y afirmará sus derechos sobre los recursos a lo largo de sus territorios marítimos. Existen más de 300 millas cuadradas de aguas reclamadas por ambos países, que técnicamente están en conflicto.

Funcionarios navales de Israel han mencionado que Hezbolá y Hamas están desarrollando capacidades navales, incluidos sumergibles autónomos, drones suicidas y unidades de comandos suicidas. Un nuevo conflicto simultáneo entre Israel contra Hezbolá y Hamas pudiera estar próximo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.