Las comunidades ultraortodoxas judías y el Covid-19
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Las comunidades ultraortodoxas judías y el Covid-19

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Las comunidades ultraortodoxas judías y el Covid-19

18/05/2020

Al 12 de mayo a nivel mundial se habían acumulado más de 4.1 millones de personas que contrajeron el Covid-19 y la cifra de muertes, 286,200. A esa fecha en Israel se acumulaban 16,548 casos de coronavirus y 264 muertos. El gobierno de Israel tomó rigurosas medidas de aislamiento de su población y cerró al país del exterior, factores fundamentales que han permitido una expansión moderada de contagios del Covid-19, y un número relativamente reducido de muertes. Cabe destacar que la población total de Israel asciende a aproximadamente a 9.0 millones de personas, que incluye a judíos árabes israelíes y de otros credos.

En este contexto, como parte de las medidas de prevención sanitaria contra el Covid-19, el gobierno israelí decidió limitar temporalmente, entre otras reuniones públicas, el acceso a las sinagogas y otros sitios de rezo para judíos, cristianos y musulmanes, principalmente. Sin embargo, los judíos ultraortodoxos (jaredim) han violado constantemente esta disposición, desafiando a las autoridades, en ocasiones de forma violenta, hecho que atenta contra sus propias vidas y para el control sanitario en general. Los enfrentamientos de los ultraortodoxos contra las autoridades también se registran en Nueva York, principalmente.

En este entorno de violencia religiosa el 12 de mayo pasado durante la tradicional celebración de la festividad de Lag Baomer en el monte Morón en el norte de Israel, el gobierno limitó la asistencia a 150 personas a la tumba del rabino Shimón Bar Yojai, visitada anualmente por miles. Sin embargo, un gran número de devotos ultraortodoxos hicieron caso omiso de la restricción sanitaria e irrumpieron a la fuerza dentro del sitio sagrado. La reacción de la policía para intentar dispersar el lugar terminó con golpes y agresiones de una a otra parte. Se escucharon exclamaciones de nazis contra los policías e inclusive les lanzaron piedras. Existe preocupación de que con este tipo de hechos “nadie debería de sorprenderse si se dá un nuevo brote de la pandemia”.

La mayoría de los rabinos prominentes en todo el mundo apoyan las regulaciones gubernamentales destinadas a frenar la propagación del coronavirus, incluso si eso significa cerrar lugares de culto y estudio. Empero, algunas comunidades judías ultraortodoxas de EUA e Israel se han resistido a adoptar medidas de distanciamiento social. Así, el líder de la comunidad ultraortodoxa de Nueva York dijo a sus seguidores que continuaran el estudio colectivo y la oración durante marzo pasado, aunque para entonces el Covid-19 ya había matado a miles de personas en el estado. Asimismo, el 28 de abril la policía disolvió el funeral de un rabino judío ortodoxo en Brooklyn, y el alcalde de la ciudad de Nueva York, calificó el evento, que violaba las restricciones vigentes del coronavirus sobre reuniones concurridas, como “absolutamente inaceptables”.

Joyce Dalsheim, antropóloga que estudia religión, política, identidad y el conflicto entre israelíes y palestinos indica que sus estudios ayudan a explicar porqué algunas comunidades judías ortodoxas desobedecen las pautas de salud pública y porque es más complicado que simplemente ignorar las reglas. Para Dalsheim las comunidades judías ultraortodoxas son una población diversa, con diferentes prácticas espirituales y culturales. Pero todas siguen la Halajá, la ley judía; como tal, muchos no comparten las mismas fuentes de información que otros dan por sentado; de aquí que de acuerdo con las reglas de sus rabinos, el acceso al internet, las transmisiones de televisión y ciertas funciones de los teléfonos celulares generalmente están limitadas en comunidades judías ultraortodoxas, de cierta forma están aisladas de la realidad. Mantener su cercanía a Dios al distanciarse del mundo secular impidió que muchos judíos de estos grupos no vieran las noticias sobre la propagación del virus en todo el mundo en febrero y marzo.

Algunos líderes ultraortodoxos han sostenido que reunirse para rezar y estudiar seguía siendo elemento primordial. Estudiar las escrituras hebreas o la Torá (el libro sagrado de los judíos) es un mandamiento y un deber del judaísmo. Los hombres ultraortodoxos generalmente se reúnen para rezar tres veces al día. Los estudiantes en las escuelas religiosas (yeshivas) o seminarios judíos pueden pasar 18 horas al día estudiando juntos. Así más que una forma de vida, la oración y el estudio son los medios para proteger la vida misma. Según los sabios judíos, “quien se dedica al estudio de la Torá también protege al mundo entero; sin la Torá el mundo cae”. La importancia de comprometerse con la Torá explica por qué un rabino prominente de Israel insistió incluso en marzo pasado en que “cancelar el estudio de la Torá es más peligroso que el coronavirus”.

Dalsheim considera que si las respuestas “violentas” de la policía hacia los ultraortodoxos parecen extremas para los extraños, se vuelven más claras al tener en cuenta la historia judía y los recuerdos provocados por la intervención policial, particularmente en tiempo de la “cacería nazi hacia los judíos”. Por ejemplo, recientemente varios sobrevivientes judíos del Holocausto señalaron que la orden de quedarse en casa les trajo recuerdos de los años de su infancia escondidos de los nazis.

En este sentido, Dalsheim menciona que a diferencia de la mayoría de los israelíes que ven la historia judía como una justificación para el estado de Israel y entienden que el ejército y la policía existen para protegerlos, algunos ultraortodoxos israelíes desconfían del gobierno y sus funcionarios, de hecho, los judíos ultraortodoxos que representan el 10.0% de la población de Israel, se oponen fundamentalmente al sionismo, la ideología política del nacionalismo judío que concluyó con la creación de Israel en 1948. Los ultraortodoxos creen que Dios prometió la tierra de Israel al pueblo judío, también están seguros de que la promesa no puede cumplirse mediante la intervención humana en la obra de Dios, como lo es el establecimiento de un Estado nación. Entonces cuando hombres armados ingresaron a sus vecindarios para cerrar sinagogas y yeshivas, los miembros de la comunidad ultraortodoxas recurrieron a sus recuerdos colectivos de soldados y policías causando caos y destrucción en las comunidades judías en la Rusia zarista y más tarde en Europa Occidental.

En las manifestaciones y celebraciones públicas de los ultraortodoxos en Israel y en Nueva York en las que han participado cientos de hombres, mujeres y niños violando las regulaciones del estado de emergencia, las autoridades policiales han recurrido a la violencia, para salvar sus vidas y evitar una mayor propagación de la pandemia. Es de destacar que de los más de 16,000 contagiados por el coronavirus en Israel, tres cuartas partes pertenecen a la comunidad ultraortodoxa, que representa poco más del 10.0% de la población de Israel. El gobierno se ha visto precisado a clausurar temporalmente varias de sus ciudades y suburbios en la periferia de Tel Aviv, así como una decena de barrios ultraortodoxos, de Jerusalén.

Además de haber sufrido con mayor intensidad la pandemia del coronavirus, los ultraortodoxos se han visto marcados por el estigma social de multiplicar el contagio del coronavirus al resto de la población.

Israel desde el punto de vista sanitario ha controlado el coronavirus en virtud a las drásticas decisiones tomadas a tiempo, su relativo aislamiento geográfico, su población básicamente joven y el uso eficaz de sofisticadas aplicaciones tecnológicas y médicas.

En las últimas semanas, los centros comerciales, mercados, tiendas, bibliotecas cafeterías (solo para llevar) y gimnasios se han reabierto mientras las guarderías y escuelas abren de forma gradual. Es importante que los ultraortodoxos contengan sus posiciones de fanatismo para que Israel no espere un rebote de la pandemia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.