La relación Turquía Israel
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La relación Turquía Israel

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La relación Turquía Israel

03/08/2020

A pesar de la tensa relación existente entre Turquía e Israel a partir del incidente del Mavi Marma, en el que 10 civiles murieron enfrentados con comandos israelíes en una flotilla turca que se dirigía a la Franja de Gaza en 2010 con intención de “romper el bloqueo de Israel impuesto a esa región” y de los crecientes apoyos de Turquía a los palestinos, muchos de ellos otorgados a terroristas, Turquía suministró material médico a Israel en abril pasado para afrontar la pandemia del coronavirus. Tres aviones de carga israelíes aterrizaron en la base militar de Incirlik en la ciudad turca de Adana para recoger una gran remesa de máscaras, trajes protectores y guantes esterilizados. El Mossad, servicio de inteligencia israelí, recibió el encargo por parte del Ejecutivo nacional para coordinar un comité encargado de desarrollar el suministro médico.

El dictador turco Recep Tayyip Erdogan ha impuesto crecientemente un régimen islámico radical en su país, que ha creado descontento en una parte importante de la población turca, que ha salido a las calles a manifestarse y ha sido reprimida violentamente. El año pasado el enviado de Israel en la Organización de Naciones Unidas (ONU) señaló que Turquía es un centro regional para el terrorismo y que Erdogan ha estado desestabilizando la región a través de la violencia y apoyando a las organizaciones terroristas.

En su afán de radicalización del islam en Turquía, un tribunal de ese país el pasado julio aprobó que una de las estructuras más famosas de Estambul (Turquía) y un bien declarado en 1934 patrimonio cultural de la humanidad, pueda convertirse en mezquita. El templo Santa Sofía fue primero edificado como catedral cristiana durante el Imperio Bizantino y completado en el año 537. Erdogan inauguró el 24 de julio pasado el primer rezo musulmán en la reconvertida “Gran Mezquita de Santa Sofia”. Fue el primer rezo en 86 años, se hizo acompañar por sus ministros. Se arrodillaron sobre las alfombras del Templo al inicio de la ceremonia, que marcó el regreso al culto musulmán de la antigua estructura, venerada por cristianos y musulmanes por cerca de 1500 años.

La reconversión del templo, ha sido bien recibida en países que practican el islam radical como Catar, Pakistán y Malasia entre otros. Sin embargo, han existido numerosas críticas dentro y fuera de Turquía. El principal partido opositor a Erdogan, el socialdemócrata CHP, se negó a rezar en el rezo de la mañana. Por su parte la UNESCO criticó que se haya cambiado sin consultar el estatus del monumento, declarado patrimonio de la humanidad desde 1985. Asimismo, la Iglesia Ortodoxa Rusa rechazó la decisión de Erdogan calificándola de insulto y en Grecia tanto el gobierno como varios partidos opositores tildaron el cambio de orientación del monumento “de desafío al mundo civilizado”. Erdogan sostiene que toda decisión respecto al edificio solo concierne a Turquía, “es un asunto interno”.

Para Adrián Mac Liman, analista político del mundo árabe, la decisión de la conversión en torno a Santa Sofia va más allá de un legado cultural. Erdogan busca acabar con el legado de Atatürk (1881-1938) que fue el fundador de la República de Turquía, impulsor de múltiples cambios sociales y culturales que modificaron a Turquía por completo “dejando atrás las vetustas tradiciones otomanas”.

Los partidos religiosos han renegado siempre del Estado laico. Su objetivo principal es destruirlo. Erdogan ha anunciado que con la Gran Mezquita de Santa Sofía se consolida su promesa de la conquista de Jerusalén. Turquía tiene en el presente una popularidad sin precedentes entre los residentes árabes de Jerusalén Este en donde las banderas turcas ondean en todas partes y, en lugar preeminente, también en el Monte del Templo, lo que de alguna manera hace vulnerable a Israel en relación a la influencia de Erdogan en los palestinos.

La Turquía de Erdogan intenta liderar la defensa de la causa palestina a fin de ganar mayor protagonismo no solo en el Medio Oriente sino en el mundo islámico en general y parte de esta estrategia es el distanciamiento de Israel y su aislamiento, aunque esto significa para los grupos que concentran el poder en Turquía alejarse de los negocios y la industria avanzada de Israel.

Históricamente, Turquía, ha manifestado momentos de cercanía y distanciamiento con Israel, las relaciones no se han roto completamente, el contacto diplomático y la relación comercial se mantienen. Aunque la relación política entre ambos se ha deteriorado, los dos países se complementan y las relaciones comerciales siguen aumentando.

Por otra parte, la radicalización del islam político en el interior de Turquía ha llevado al país a adoptar una actitud de distanciamiento de Occidente, también por su apoyo hacia el movimiento terrorista Hamas de la Franja de Gaza.

Erdogan ha señalado que su política antiisraelí no es antisemita, afirmación cuestionada por Israel puesto que en su juventud, Erdogan, fue miembro del movimiento Perspectiva Nacional, organización que según los expertos tiene tendencias antiisraelíes, que además correspondían a su filiación religiosa y su formación inicial en las madrasas (escuelas religiosas islámicas) de Estambul, lo que implica en la práctica que Erdogan mantiene en el fondo de su persona un rechazo a lo judío y a lo israelí.

En este contexto, la tensión desencadenada tras el referido incidente del Mavi Marmora se convirtió en una oportunidad para distanciarse de Israel y consolidar a sus adeptos en el marco del mundo islámico y la fraternidad de su presencia en la Franja de Gaza. El cambio de enfoque de Turquía en la dinámica regional evidencia la no necesidad de una relación profunda con Israel.

Por otra parte, la radicalización islámica de Turquía y la vigencia de una dictadura que no respeta los derechos humanos la aleja de su anhelo de ser miembro pleno de la Unión Europea.

Turquía tendrá que atenuar su radicalismo islámico si quiere mantenerse como miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), una alianza política militar internacional intergubernamental firmada en abril de 1949, cuyo objetivo es garantizar la libertad y la seguridad de sus miembros a través de medios políticos y militares. Esto es un motivo suficiente para que atenúe su política antiisraelí.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.