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La Comunidad Judía de Marruecos

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La Comunidad Judía de Marruecos

26/10/2020

La comunidad judía de Marruecos no es numerosa como décadas atrás, se estima en alrededor de entre 2,000 y 5,000 personas concentradas básicamente en Casa Blanca (la capital económica), no obstante se le puede evaluar de influyente en el país, unida entre sí y comprometida con la conservación de sus tradiciones. Marruecos está situado al norte de África, con costas en el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, con una superficie de 446,550 km2 y 36 millones de habitantes.

André Azoula, uno de los sefaradíes (de origen español) marroquíes más importantes por ser asesor económico del rey Mohamed VI, asegura que la historia de los judíos en Marruecos es larga de muchos siglos, se calcula que es una historia de casi 2000 años. Se considera que su presencia en el país se remonta a poco después de la destrucción del segundo Templo de Salomón, acontecido en el 70 d.c., bajo el mandato del emperador Tito, tras aquél episodio “traumático” que vivió una gran diáspora que pudo provocar la llegada de los primeros judíos a los confines occidentales del mundo conocido como la Península Ibérica y las tierras del norte de África: la provincia Mauritania Tingitana.

En los siglos siguientes, el crecimiento de la población judía en la Mauritania Tingitana fue más amplio, pero su situación no fue favorable. Durante el reinado del emperador Justiniano (siglo VI), ya convertido en Imperio Bizantino Imperio Romano de Oriente, se promulgó la persecución de los judíos, junto contra otros colectivos como los donatistas o los arrianos. No obstante, durante el siglo VII continuaron estableciéndose muchos judíos en el Magreb (región norte del Continente Africano constituido por Mauritania, Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Sahara Occidental). Precisamente por la persecución que también se ejerció al otro lado del Estrecho de Gibraltar por parte de los visigodos, tras la conversión al catolicismo del rey Recaredo.

Tras la conquista musulmana del norte de África, ya en el siglo VIII, la población judía adquirió un estatus de cierta protección: el de Dhimmi, que suponía una relativa tranquilidad, exenta de conversión, pero con la obligación del pago de impuestos a las autoridades. Más relajada fue su situación con la siguiente dinastía merini, a partir del siglo XII con capital en Fez, donde precisamente se creó una mellah (barrio judío) y su población ocupaba puestos importantes en el reino y en la sociedad, como recaudadores de impuestos, comerciantes, artesanos y otros oficios. Sin embargo, ello no impidió que se produjeran episodios violentos, como el asalto a este barrio en 1465, con un gran número de muertos.

Precisamente en Fez y otras ciudades del territorio actual de Marruecos (Alcazarquivir, Marrakech, Tanger, Larache, Tetuán) recibieron en 1492 una de las grandes oleadas de su historia: la acontecida tras el Edicto de Granada, promulgado por los Reyes Católicos, que obligaba a los judíos españoles a huir o convertirse. Las ciudades del norte de África se convirtieron en el nuevo hogar de miles de sefaradíes, aunque los comienzos no fueron fáciles, incluso con resistencia de los judíos locales, lo que llevó a muchos a regresar a la Península Ibérica y convertirse al cristianismo pero los que se quedaron, que fue la mayoría, echaron profundas raíces.

Más vulnerable fue la situación de la comunidad judía a finales del siglo XVIII: el sultán Yazid emprendió duras represalias contra los judíos del país en especial con el Norte, por haber apoyado a su hermano en las disputas de sucesión al trono. Asimismo, fueron blanco de las iras de sus vecinos marroquíes durante la guerra con España, aprovechando para saquear numerosas casas de una comunidad ya de por sí golpeada por la crisis que había dejado la guerra con Francia dos décadas antes.

El viaje a Marruecos de Moses Montefiore en 1863 supuso un antes y un después en la relación entre judíos y musulmanes en Marruecos. Por influencia de ese banquero y activista judío británico, el sultán Mohamed IV decretó la liberación de numerosos presos políticos en el país y la concesión de igualdad de derechos a los ciudadanos judíos, a partir de entonces, creció la importancia social y la influencia política de los judíos en Marruecos, alcanzando puestos de confianza de los monarcas. Ejemplo de ello es el acto de rebeldía del Sultán Mohamed V contra las leyes antisemitas dictadas por el gobierno de Vichy en Francia, cuando este territorio era un protectorado francés. Se estima que al final de la Segunda Mundial había más de 250,000 judíos en Marruecos.

De los años de 1948 y 1949 fueron años convulsos para los judíos de Marruecos. En 1948, tras el estallido de la Guerra árabe-israelí o guerra de Independencia de Israel, muchos judíos marroquíes sufrieron ataques y represalias. En 1949 animados por el movimiento sionista, decenas de miles de judíos iniciaron una gran inmigración hacia el recién creado Estado de Israel. Esta sequía demográfica no cambió en la década siguiente, ni siquiera a partir de la Independencia de Marruecos en 1956 y el buen trato dispensado por el rey Mohamed V hacia la Comunidad Judía local. Se estima que a mediados de los sesenta, la población judía se redujo a 60,000 habitantes. Una tendencia que se ralentizó en las décadas siguientes pero que no se frenó.

La comunidad judía en Marruecos en la actualidad mantiene un estatus y prestigio alto, así como una muy buena relación con el rey Mohamed VI y la Administración Pública. Precisamente por esta cercanía al aparato de gobierno, la mayoría de los judíos residen en Casa Blanca, la capital económica del país y muy cercana a la capital política Rabat.

En Casa Blanca hay servicios sociales y sanitarios dedicados a la población judía, incluso en el 2018 el Rey Mohamed IV dió instrucciones para crear un museo de la cultura judía en Fez que se agregó al museo sobre herencia judía de Casa Blanca, de propiedad privada. Asimismo en Casa Blanca hay carnicerías Kosher, cementerios y más de una veintena de sinagogas abiertas.

En este contexto existe un crecimiento del turismo y relacionado con la cultura judía marroquí; ha aumentado el interés de muchos judíos de otros países y en particular sefaradíes, que desean conocer los nexos de unión de su cultura local con la de Marruecos.

Es de destacar que la normalización de relaciones entre Israel y Marruecos está a punto de llevarse a cabo, hecho que ofrece importantes beneficios políticos a Marruecos, Israel y a la Administración Trump. Para Marruecos podría asegurar el pleno apoyo diplomático de EUA a su soberanía sobre el Sahara Occidental, y al mismo tiempo los beneficios agregados de una mayor economía y seguridad con Israel. Para Israel la normalización de los vínculos con otro Estado Árabe como Marruecos, reforzarán su alianza estratégica con los Estados Árabes del Golfo.

Sería un importante logro diplomático y le ayudaría a alcanzar sus objetivos de dejar de lado la causa palestina y establecer relaciones formales con la mayoría de los Estados Árabes. Para la Casa Blanca dará una mayor influencia al “Acuerdo del Siglo” y al mismo tiempo ampliar sus propósitos de cultivar los lazos árabes-israelíes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.