Islamofobia.- Miedo al terrorismo y a la radicalización
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Islamofobia.- Miedo al terrorismo y a la radicalización

COMPARTIR

···

Islamofobia.- Miedo al terrorismo y a la radicalización

10/06/2019

El antisemitismo ha cobrado un vigor inesperado en el último lustro, particularmente en la Unión Europea, que no solo afecta a los judíos, también a diferentes sectores de la sociedad global. Paralelamente la islamofobia en el mundo ha estado en ascenso continuo desde los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 en EUA, que fueron una serie de 4 atentados terroristas suicidas, con casi 3 mil muertos y más de 6 mil heridos.

El grupo musulmán radical Al Qaeda impactó dos aviones de pasajeros secuestrados en las Torres Gemelas de Nueva York, las cuales fueron reducidas a escombros. Ese día otra aeronave se estrelló en el Pentágono en Washington, mientras que un cuarto avión chocó en Pensilvania sin lograr su objetivo, el Capitolio.

Asimismo, la islamofobia ha sido impulsada por la creciente participación de los partidos racistas de ultraderecha en diferentes gobiernos en el mundo, sobretodo en los de Europa y, más recientemente en EUA. Altwajario Abdulazis Otman, de nacionalidad saudí, Director General de la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura, con sede en Rabat Marruecos, creado en 1982 por la Organización de la Conferencia Islámica, a imagen de la UNESCO (para promover un punto de vista islámico sobre la ciencia y la cultura), no descarta la culpa “en el otro”, que admite que las comunidades musulmanas radicales en países occidentales, no han sabido organizarse para defender sus intereses, sin faltar a sus obligaciones civiles como ciudadanos de esos países; se han negado a integrarse y respetar a las culturas y valores occidentales, lo cual no significa que pierdan su identidad religiosa.

Para Altwajario históricamente ha existido un sesgo “injusto y ofensivo” en el relato cristiano sobre el islam, que incluye las guerras cruzadas y la ocupación colonial moderna de grandes territorios de musulmanes en el mundo que fueron saqueados. Según Altwajario el colonialismo favoreció la creación de regímenes crueles que privaron a los ciudadanos musulmanes de libertad y dignidad, dos factores que explican la migración de cientos de miles de musulmanes hacia occidente, especialmente a Europa. Esta migración masiva causó desequilibrios en las naciones a las que llegaron y que han sido utilizados por razones políticas y electorales por los partidos de extrema derecha en busca de votos.

Cabe destacar históricamente la presencia del islam en Europa no es un fenómeno nuevo, a partir de 711 los musulmanes conquistaron amplios territorios en la orilla norte del Mediterráneo, establecieron Califatos y Emiratos en la Península Ibérica durante más de 7 siglos. La caída del último Emirato de Granada en 1492, marcó el final de la dominación política musulmana en España. La Monarquía Española reconquistó Al Ándalus (España musulmana y cristiana). El siglo XVI estuvo marcado por la persecución contra los moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo) hasta su expulsión en 1609.

Por otra parte, en el siglo XIX Europa se lanzó a colonizar el mundo con una visión dual: aprovecharse de su riqueza de los territorios colonizados, y a la vez con una visión civilizadora, empero, desde una perspectiva de superioridad racial y cultural. El mundo árabe islámico fue colonizado desde 1830, cuando Francia invadió Argelia; en 1839, los británicos, colonizaron Adén, en Yemen; entre ambos se apropiaron de Túnez en 1881, Egipto en 1882, Sudán en 1898, así como Libia y Marruecos en 1912. Más tarde, La Inquisición motivó la expulsión de los judíos sefardíes (españoles) musulmanes y conversos.

En el Mediterráneo Oriental los otomanos islamizados derrotan a los griegos, expulsándolos de Anatolia y tomaron Constantinopla (1453), que después se llamó Estambul y conquistaron toda la zona de los Balcanes. Los países bálticos se independizaron en el siglo XIX, antes de la disgregación del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. Los musulmanes bosnios, albaneses y kosovares nunca fueron expulsados y actualmente constituyen la población autóctona de Europa. También existen musulmanes autóctonos en Rumania y Bulgaria.

Después de la Segunda Guerra Mundial los musulmanes nuevamente emigraron a lo que hoy día se denomina Unión Europea, integrada por 28 naciones de Europa donde suman en el presente 25 millones de personas, 5.0% de la población europea.

Ciertamente, los países europeos devastados por la guerra iniciaron un proceso de reconstrucción, recurriendo a sus antiguas colonias para compensar la escasez de mano de obra local. La gran mayoría resultaban necesarios en sectores calificados como “difíciles, sucios y peligrosos”. Millones de musulmanes dejaron sus países de origen en los cincuentas y sesentas buscando empleo, ventajas sociales y mayores remuneraciones; estos trabajadores contribuyeron al boom de muchos países de la Unión Europea.

En los ochentas empezó a cambiar la percepción de los europeos en relación a los musulmanes ya que “ponían en peligro el tejido social”; no solo eso, también surgió temor por el creciente número de atentados que han realizado en todo el Continente, perpetrados por minúsculos grupos de fanáticos. La opinión pública europea muestra cada vez más miedo y antagonismo hacia los musulmanes europeos, que sin distinción de si son radicales o no, los ven como una amenaza mayor. La multiplicación de los atentados terroristas y el estancamiento económico que se registra en la mayor parte de los miembros de la Unión Europea han avanzado con mayor fuerza y menos pudor el viejo fantasma de la islamofobia.

En los nuevos discursos racistas culturales en la región tiene un papel dominante que considera al islam como “un pueblo inferior, incivilizado, salvaje, primitivo, subdesarrollado, autoritario y terrorista”. En estos discursos el racismo y la cultura se entrelazan. Uno de los argumentos islamófobos más utilizados hoy día se refieren al abuso patriarcal y sexista de la mujer, la opresión de la mujer a manos de hombres machistas, aunque esta actitud no sea exclusiva del islam; también existe entre los hombres cristianos y protestantes. No son pocas las voces en Europa que hacen eco del peligro de una pérdida de identidad frente a los musulmanes, entre ellas algunas tan autorizadas como la de Giovanni Sartori, el especialista en ciencias políticas, fallecido en abril del 2017, supuestamente de izquierda y Premio Príncipe de Asturias. En la presentación en España de su libro La Sociedad Multiétnica, Pluralismo, Multiculturalismo y Extranjeros no tuvo ningún empacho en afirmar que: el islam representa el extremo más alejado de Europa, de su visión teocrática del mundo; sus creencias están en contra de un sistema pluralista. La integración de sus fieles es muy difícil.

Por su parte, Robert Redeker, escritor y profesor de Filosofía francés (1954), publicó una columna en el diario Le Figaro en la que afirmaba que Occidente se encontraba de nuevo bajo la violencia ideológica y se refería a Mahoma como “un maestro del odio”, al Corán “como un reto de una violencia inaudita”, a Alá como “un jefe guerrista despiadado que practicaba el pillaje, masacraba a judíos y era polígamo” y al islam como “una religión que en su libro sagrado, así como en muchos de sus retos banales, exalta la violencia y el odio”. Redeker recibió amenazas de muerte por parte de grupos islamistas radicales.

Igualmente, Antonio Elorza Domínguez (1943), español, politólogo, en un estudio pormenorizado tampoco escatimó esfuerzos a la hora de azuzar el miedo a la amenaza terrorista musulmana. Elorza consigna que si se toman los aspectos positivos del Corán, no se plantea ningún tipo de problema serio con la integración cultural; no obstante, si se considera en su conjunto se crea un problema grave, no solo en los países árabes respecto a los derechos humanos, sino también en Occidente porque se puede producir una disolución cultural y enfrentamiento con múltiples y complejas consecuencias, porque para los musulmanes integristas en su afán de supremacía, la última reconquista a efectuar sería Andalucía, auténtico mito de recuperación para los islamistas.

El integrismo musulmán no necesitó leer a Huntington con fuerza El Choque de Civilizaciones, al desconocer a Alá, Occidente se convierte en el enemigo que debe ser destruido. Desde 2007, en que fue escrito este texto, hasta la actualidad, las cosas no han mejorado, ni cambiado sustancialmente, sino que, sin lugar a dudas, han empeorado; el terrorismo y la crisis económica han promovido más la islamofobia.

La islamofobia se enalza en la Unión Europea, también alentada por la invasión de migrantes musulmanes, en la que se cuelan radicales fanáticos. Hay temor al elevado crecimiento de la tasa de natalidad en las mujeres musulmanas, a sus imposiciones culturales y hábitos, y por supuesto, a la amenaza terrorista que ha superado a los servicios de inteligencia de toda Europa. A la vez, los musulmanes están convencidos que la mayor parte de los europeos “rechazan su presencia, denigran y ridiculizan a su religión”.

La Unión Europea está alarmada por esta evolución, por lo tanto ha tomado medidas y aprobado leyes para actuar contra las fuerzas extremistas y poner freno a la radicalización. Los europeos están “atrapados” sin llegar a ser capaces de articular una respuesta coherente. La mayoría quiere vivir en la Unión Europea; empero, las políticas de integración han sido erráticas e incoherentes, a pesar de que solo una minoría musulmana tiene una actitud radical.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.