Auge del antisemitismo en Alemania
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Auge del antisemitismo en Alemania

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Auge del antisemitismo en Alemania

24/09/2018
Actualización 24/09/2018 - 8:43

La canciller de Alemania, Angela Merkel, expresó su preocupación al Parlamento (Bundestag) el 12 de septiembre pasado por los crímenes de inmigrantes en ese país. Sus comentarios fueron expresados tras varios días de protestas violentas en la ciudad de Chermnitz en la que participaron seis mil neonazis después del asesinato de un ciudadano alemán y el arresto de dos refugiados, un iraquí y un sirio. En el entorno de las manifestaciones neonazis se arrojaron piedras y botellas a un restaurante Kosher y gritaron “cerdo judío, sal de Alemania”, propietario del mismo, Alexander Gauland, líder del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania, defendió la participación de la gente en la marcha bajo el argumento que estaba ejerciendo su derecho democrático a la libertad de la reunión.

Los hechos anteriores son un indicativo de la fuerza que han adquirido los musulmanes antisemitas y, a la vez, la islamofobia que promueven contra los inmigrantes la ultraderecha de Alemania. Las autoridades de Alemania están alarmadas de que después de 73 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, la extrema derecha racista avance tan rápidamente en sus actos de violencia, a la par de la que generan miles de refugiados provenientes de países enemigos de Israel.

En la conmemoración de la liberación de Auschwitz, Angela Merkel señaló que es inconcebible y constituye una vergüenza que ningún establecimiento judío pueda existir sin protección policial; igualmente, el expresidente del Consejo Central de los judíos de Alemania consignó que las fiestas judías ya no pueden celebrarse en el espacio público. En abril pasado miles de alemanes, judíos y no judíos, a través de la convocatoria de todos los partidos políticos y, bajo la consigna de solidaridad con los judíos y los ataques antisemitas, se concentraron en diferentes ciudades de Alemania: Berlín, Colonia, Múnich, entre otras, cubriéndose la cabeza con la Kipá (especie de solideo, símbolo religioso judío); lo hicieron tanto hombres como mujeres, incluso representantes del Consejo Musulmán de Berlín, y de las iglesias católica y protestante.

El detonante a la llamada de la solidaridad fue el ataque sufrido en pleno centro de Berlín, de un joven israelí que llevaba cubierta la cabeza con una kipá, y sobre el cual se lanzó a golpes de cinturón, un refugiado sirio de 19 años que posteriormente se entregó. Las imágenes fueron grabadas y colgadas en internet por la víctima de la agresión, quien no es judío, pero quería mostrar lo que puede pasarle a alguien que lleve una kipá en la Alemania actual.

En Alemania viven en el presente 200 mil judíos; representan la tercera mayor comunidad judía de Europa (Rusia no incluida), detrás de Francia y el Reino Unido. En 1933 vivían en Alemania (con fronteras distintas a las de hoy) 560 mil judíos y en 1950 solo quedaban 15 mil; antes de la caída del Muro de Berlín, en 1989, Alemania tenía 30 mil. Tras la caída del Muro, Alemania abrió sus puertas a miles de judíos de la antigua Unión Soviética, otorgándoles la nacionalidad alemana.

No obstante, que los judíos están integrados a la sociedad alemana, las agresiones aumentan; el antisemitismo es cada vez más vehemente y violento. Las escuelas judías, las guarderías y los centros comunitarios se han visto precisados a pedir protección, no solo en el presente, sino desde hace varias décadas. “Cada fin de semana los equipos de futbol rivales son vilipendiados como judíos, y nadie hace un escándalo; se cuentan chistes sobre judíos, y aunque no son divertidos, la gente todavía se ríe. Los cementerios judíos son regularmente profanados y en internet el odio y el desprecio a los judíos campean a sus anchas”.

El antisemitismo en Alemania ha registrado un incremento notable tras la llegada al Parlamento del primer partido de extrema derecha después de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre del 2017, que obtuvo 94 asientos. Así, el antiguo antisemitismo estructural de los alemanes, y en general de los europeos, derivado del odio a los judíos que alentaron las iglesias cristianas, se ha mezclado con el antisemitismo de parte de más de un millón de refugiados que ha recibido Alemania desde 2015, una parte de ellos, son islamitas radicales. En este ámbito, se observa la creciente radicalización de parte de musulmanes turcos, (2.7 millones viven en Alemania) alentados por la violenta retórica del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogán.

La elite alemana hace declaraciones recurrentes de solidaridad con los judíos; empero, “nunca nada cambia”. Sus declaraciones son para calmar sus conciencias agobiadas por la participación de la Alemania Nazi en el genocidio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, no basta con la solidaridad, se trata de establecer un compromiso para crear un país libre, de acabar con los antisemitas que desprecian la democracia, el pluralismo y la tolerancia y con la negación del Holocausto.

El antisemitismo desde hace tiempo no solo se manifiesta con ímpetu en Alemania, está en el centro de toda Europa, en la que destaca Francia, la Gran Bretaña, en donde el partido laborista, con su líder furibundo Jeremy Corbyn se ha visto sacudida por escándalos antisemitas; en Polonia cuyo gobierno trata de desligarse de la culpa de parte de sus ciudadanos que colaboraron con el régimen nazi, Austria, Suecia, Italia y otros países del Continente.

El recuerdo del genocidio de los judíos en Europa se desvanece con la muerte de los últimos sobrevivientes y testigos y en alguna medida los propios judíos se han vuelto insensibles al antisemitismo y cómplices de los perpetradores. ¡Basta ya! ¡Nunca Más!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.