Un puñado de cñores y la revolución feminista
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Un puñado de cñores y la revolución feminista

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Un puñado de cñores y la revolución feminista

09/03/2020
Actualización 09/03/2020 - 10:47

Alma Delia Fuentes –mi confidente, amiga y maestra de periodismo siempre– sugirió que las voces de este lunes en las páginas editoriales fueran las de ellas. Mi amiga, cómplice y familia en México Sofía Ramírez hizo eco de Alma Delia y hoy publica en este espacio. Muchos más días como hoy, muchas más mujeres como ellas en la conversación pública siempre: Salvador Camarena.

El texto siguiente es de @Sofia_RamirezA

“En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder”. Así empieza Yuval Noah Harari sus 21 lecciones para el siglo XXI (Penguin Random House, 2018).

Pensar en los problemas de los cuales depende el futuro de la humanidad es un lujo que ejerce un puñado de hombres. 99.99% de la humanidad tiene que resolver la inmediatez: 600 millones de personas en el mundo viven en pobreza extrema y su preocupación es cuándo será su próxima comida. 42% de la población en México vive con algún grado de pobreza y sólo alcanza a pensar en cómo mantener un trabajo precario. Incluso quienes vivimos con cierta estabilidad nos preocupamos por quién cuidará a los niños para ir a trabajar o en dónde atenderemos a la madre enferma.

Ese 0.01% que decide sobre el futuro de la humanidad, son hombres poderosos porque heredaron o acumularon poder. Sin importar si Trump se reelige, el siguiente presidente de EUA será un hombre mayor, blanco y con dinero.

En México, a pesar de parecer distinto, no lo es. Los más influyentes empresarios son hombres, basta recordar la foto de la cena de tamales en Palacio Nacional. El Presidente, por su parte, no hace mucho esfuerzo por ser empático con las demandas de 60 millones de mexicanas –que porfavorcito ya no nos maten– y prefiere autodenominarse humanista antes de comprometerse como aliado del feminismo. Si optamos por destruir manglares, detener a los migrantes, invertir en una refinería inviable o dispersar el dinero público en transferencias directas en vez de financiar guarderías y escuelas de tiempo completo, eso lo deciden el Presidente y su puñado de asesores, quienes viven dentro del privilegio del patriarcado.

El patriarcado es el conjunto de reglas sociales por las cuales los hombres tienen acceso al dinero y al poder de manera desmedida, y cuentan con mayores prerrogativas que las mujeres. El patriarcado inclina la balanza para que las pocas mujeres en posiciones de poder sean malas aliadas del resto, y para que los hombres repliquen el esquema de dominación. Porque vivimos en el patriarcado, poco importa que haya igual número de mujeres que de hombres en el gabinete o en las Cámaras de diputados y senadores si las decisiones no se toman bajo criterios de paridad de género. Ejemplo de ello es que en el Congreso, el personal masculino gana más que el femenino (Reforma, 7 marzo 2020).

Al mundo y al país lo gobiernan un puñado de hombres bajo reglas que privilegian el estatus quo, con problemáticas consecuencias para las mayorías femeninas: en las decisiones que nos afectan no participamos las que padecemos esas consecuencias.

En México y el mundo la pobreza y la injusticia tienen rostro de mujer: ganamos menos, trabajamos más horas, no contamos con seguridad social ni pensión, purgamos penas más grandes por los mismos delitos; nos violan en casa y nos matan nuestras parejas.

Ayer #8M marchamos todas, niñas y ancianas incluidas. Hoy #9M paramos. Mañana nos seguirá preocupando la violencia generalizada, pero sobre todo la que experimentamos las mujeres. De esa violencia machista son corresponsables los medios de comunicación que reportean tetas o sangre (Galia García Palafox, Letras Libres, febrero 2020), las empresas que toleran dinámicas violentas entre jefes y subordinadas, la sociedad civil que no incorpora el enfoque de género en cada una de sus causas.

El cambio radica en drenar al patriarcado y a su esquema de violencia; de eso iba la marcha de ayer. Debemos dejar de replicar las dinámicas que aprendimos, parar en seco los comentarios machistas de colegas y amigos, implementar protocolos de atención al acoso laboral y sexual, y salir a votar con prioridades claras y demandas específicas.

Me sorprende que el puñado de hombres poderosos no lo viera venir: la revolución está siendo feminista. Parece que han perdido claridad, esa que garantizaba su permanencia en el poder. Nos veremos en la arena pública, cñores..

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.