No está rota, ¡no la toquen!
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No está rota, ¡no la toquen!

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No está rota, ¡no la toquen!

10/04/2019
Actualización 10/04/2019 - 14:43

La Suprema Corte es una institución de nuestra democracia que ha cobrado mayor fuerza, independencia y autonomía. En los últimos 15 años ha tomado decisiones fundamentales para el desarrollo económico del país y las libertades individuales de los ciudadanos. Ha fallado en temas de telecomunicaciones, minería, servicios financieros, seguridad pública y en toda una agenda de libertades sociales y derechos humanos, que ponen a México como país del primer mundo. Recientemente falló a favor del derecho de las empleadas domésticas a la seguridad social, de ahí el programa piloto que lanzaron STPS e IMSS.

Hoy la iniciativa de reforma constitucional propuesta por el senador Ricardo Monreal, para crear una tercera sala especializada en anticorrupción y aumentar a 16 el número de ministros de la Corte, es una clara amenaza a la independencia de la impartición de justicia y, con ello, a los controles y contrapesos indispensables en todo Estado democrático.

Incrementar la cantidad de integrantes de las más altas instancias del Poder Judicial es una estrategia a la que han recurrido los poderes políticos en otros países, con el fin de aumentar su influencia sobre las decisiones de dichos tribunales. Se crece el número de jueces para designar perfiles cercanos y obedientes. Por supuesto, este objetivo se oculta y los cambios se justifican en términos de la necesidad de mayor eficiencia y/o combate a las deficiencias de los poderes judiciales.

En su iniciativa, Monreal argumenta que “se requiere establecer un órgano judicial abocado exclusivamente a resolver asuntos en materia de corrupción, a efecto de que (…) se logre un avance sustancial en la resolución de los expedientes, y a la vez se homologuen los criterios jurisprudenciales”. Si esta iniciativa prospera pondría a México dentro del grupo de países que han visto socavada la independencia judicial por propuestas del poder político, en gobiernos como Argentina, Hungría, Polonia, Turquía y Venezuela.

De ahí la postura de la secretaria Olga Sánchez Cordero en contra de la iniciativa. La SCJN funciona. No está rota. No la toquen. Hay muchas cosas en México que sí urgen resolver, aboquemos nuestros esfuerzos a esos asuntos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.