El dogma de las APP
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El dogma de las APP

23/01/2019
Actualización 23/01/2019 - 12:07

Un dogma es un “Punto esencial de una religión, una doctrina o un sistema de pensamiento que se tiene por cierto y que no puede ponerse en duda dentro de su sistema”. Y tal parecería que las Asociaciones Público Privadas (APP) son una herejía en el pensamiento de algunos funcionarios de la 4T; son malas y hay que terminar con ellas. Sin embargo, no necesariamente es así.

En días pasados, el BID publicó un texto magnífico coordinado por Gerardo Reyes-Tagle: “Bringing PPPs into the sunlight”, que hace un balance serio, técnico y objetivo de este mecanismo de asociación público privada para proveer servicios o hacer trabajos que en condiciones idóneas debería hacer el gobierno. Las APP se han usado ya hace un par de décadas, con relativo éxito en todo el mundo justamente porque los gobiernos tienen un cúmulo de limitaciones para cumplir con sus distintas tareas. El texto del BID se centra en hacer un análisis de las APP en la región, de 1990 a la fecha.

Como bien apuntan los autores, claramente las APP no son la panacea en términos de inversión y resultados. Reyes-Tagle las caracteriza diciendo que no son el “genio dentro de la botella”, que simplemente por salir de su encierro resuelven mágicamente los retos del gobierno. Los ciudadanos exigimos buena infraestructura (carreteras, transporte público) y servicios de salud o seguridad (cárceles), donde los gobiernos no necesariamente cumplen con la calidad, cobertura y alcance que la sociedad y el crecimiento de la economía exigen. De ahí que en todos estos sectores se han utilizado APP en Europa, Asia y América.

Bien usadas, las APP pueden ser una herramienta más eficiente para el uso de recursos públicos y brindar una mejor calidad en los servicios. Mal usadas pueden ser parte de esquemas de corrupción, y ni siquiera atender el propósito por el cual fueron creadas. Vale la pena leer el texto del BID para entender mejor y las capacidades institucionales que se requieren para su uso eficaz, en beneficio de la sociedad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.