Tamalada presidencial
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Tamalada presidencial

14/02/2020
Actualización 14/02/2020 - 10:05

La lotería en este país ha dejado de ser nacional. Ahora se tiene que hablar de la lotería presidencial, de los sorteos presidenciales. Se les dijo y se les advirtió: el avión era un tema serio y no de chacoteo. El asunto, que desató la risa de todos con la idea de la rifa de la aeronave y que generó tantos memes que hasta desataron las carcajadas del titular del Ejecutivo, ha tomado dimensiones inimaginables. Esta semana se llevó a cabo una frugal cena para algunos empresarios y sacar, mediante una 'carta compromiso', centenas de millones de pesos para ayudar a solucionar una de las facetas del problema de las fijaciones que tiene el Presidente de la República con aviones y con aeropuertos.

En eso estamos: en vueltas y vueltas para sacar un tema obsesivo que, a fuerza de simplificarlo, terminó siendo el elefante en la sala con el que no saben qué hacer. Ha sido la primera bola de nieve del año, preparada por el propio Presidente. En el cúmulo de barbaridades que ha resultado el destino de esta nave de la ignominia, la cosa se está perfilando en un fraude y una extorsión, lideradas por el propio Presidente del país.

El fraude tiene varios ángulos. Como, por ejemplo, estar ofreciendo rifar un producto anunciado en el boleto que en realidad no se va a entregar, como ya lo anunció el propio organizador y promotor de la rifa. Ese tipo de embustes están previstos en cualquier país en las leyes que norman rifas y sorteos, y la mexicana no es la excepción. Sin embargo, ya es oficial que la rifa del avión no lleva como premio al avión ni siquiera en partes –hubiera sido atractivo sacarse la cabina, un par de asientos, las teles, un tren de aterrizaje, algo así como si lo vendieran por pieza. Por otro lado, disponer de dinero del Infonavit no parece ser algo que esté dentro de la legalidad, aunque digan que esa fue la voluntad de la autónoma Fiscalía General de la República. Ese dinero pertenece a cuotas tripartitas y los trabajadores han puesto su parte –que no es poca cosa–, ¿por qué razón se va a gastar en algo en lo que no se les ha consultado? ¿Qué dice el director del Infonavit al respecto? ¿Se le consultó, qué cuentas va a rendir sobre ese dinero? Al parecer, el Presidente no cree que su puesto tiene límites: él no puede –y por supuesto– ni debe disponer del dinero público a su arbitrio.

La extorsión es lo que vimos con la famosa cena de tamales en Palacio Nacional. No debe sorprender que la cúpula empresarial asista a ese tipo de eventos. Siempre han estado prestos a participar en cualquier despropósito presidencial –sin importar el que esté en turno. Decir que asisten de manera indigna y que dejan que los pisoteen suena bien, pero no creo que sea cierto. Ellos asistieron porque en el evento firmaron una suerte de salvoconducto, un documento que les abrirá puertas, que les evitará problemas, una garantía de tranquilidad, una “charola” para frenar investigaciones, un pasaporte a la tranquilidad. Para sus estándares, les salió barato el asunto. Que el Presidente hable de un acto de altruismo, de generosidad con México y de compromiso social es simple y vulgar demagogia. La tamalada del miércoles fue una más de las variantes para pervertir la filantropía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.