Slim aterriza
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Slim aterriza

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Slim aterriza

18/04/2018
Actualización 18/04/2018 - 9:46

Hay que admitir que lo que está pasando con la discusión pública sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México es un ejercicio sano respecto de una obra pública de gran dimensión. Como todos sabemos, la polémica ha sido disparada por la aparición inesperada de Carlos Slim en el escenario a la defensa de la necesidad de esa obra.

Sin lugar a dudas la intervención de Slim es una de las grandes sorpresas de la campaña. Si uno se sorprendió, podemos imaginar el estado de shock en que quedaron AMLO y sus secuaces. Acostumbrado a poner y quitar temas a su antojo de la agenda pública, el candidato de Morena tuvo una respuesta que le llegó como algo inesperado, un interlocutor nada fácil para él ni para nadie. La respuesta del magnate hizo que resurgiera el Andrés Manuel del resorte violento y autoritario, el que conocemos, el de siempre. Inmediatamente dijo que a Carlos Slim lo habían mandado Peña y Salinas. La descalificación del que no piensa como él es una de las características de su temperamento político.

Los voceros de Andrés Manuel se apuraron a condenar al empresario. Slim defiende un interés particular y es parte interesada, decían al intentar descalificarlo. No tiene nada de malo, de hecho es muy bueno que un empresario defienda la viabilidad y necesidad de los proyectos públicos. Defender sus intereses como empresario es tan legítimo como que AMLO sea candidato. Incluso Slim tiene la obligación, como ciudadano, de señalar lo que considera riesgoso para su país. Por supuesto que la de este magnate no es una opinión cualquiera, en México y en el mundo esa opinión pesa y pesa mucho. De ahí la sorpresa de Andrés Manuel y su equipo. Acostumbrados a la ineficiencia de sus principales contendientes, creen que nadie les puede decir nada. Muy probablemente Slim no es el único preocupado por esta desmesura de Andrés Manuel. Porque no sólo es entendible, sino hasta exigible, que un gobierno entrante revise a fondo un proyecto de esas dimensiones. Pero de ahí a que un candidato con posibilidades de ganar, se dedique a poner como tema principal la satanización de las empresas que trabajan en esa obra, hay una gran diferencia y es necesario defender el proyecto. No se entiende por qué AMLO ha decidido anunciar que más que presidente quiere ser director de obras del próximo gobierno. Dice que va a revisar personalmente los contratos y hará otras labores de supervisión. Más que preguntar quiere emitir dictámenes técnicos. Hasta que lo pusieron en su lugar.

Suspender por capricho una obra de las dimensiones del NAIM es algo grave y que no sólo tiene una lectura nacional. La decisión de suspender una obra por puro arrebato es una mala señal para la seguridad jurídica y para las inversiones; utilizar argumentos de clase y de desprecio a la labor empresarial no es una buena señal para la convivencia nacional.

Es claro que las propuestas de Andrés Manuel son en su mayoría simplistas, otras irrealizables, pero otras más pueden ser muy costosas para el país. Si quiere vivir en Palacio, adelante; si no quiere pisar Los Pinos –nada de tirarlo, eso no se le debe permitir–, adelante; no quiere usar el avión y prefiere venderlo, tampoco pasa nada; que no le importa llegar tarde a la ONU, no pasa nada; pero detener el desarrollo del país no es algo gracioso y tan sólo plantearlo debe tener algún costo. Por lo pronto, Slim aterrizó en la discusión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.