Morena: ¿zombis o rémoras?
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Morena: ¿zombis o rémoras?

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Morena: ¿zombis o rémoras?

05/02/2020
Actualización 05/02/2020 - 14:46

La llegada, el triunfo, el arribo, la imposición, el nombramiento, la burda maniobra, el agandalle o como se le quiera llamar al procedimiento por el cual Alfonso Ramírez Cuéllar es hoy el dirigente nacional de Morena, quizá nada más sorprendió a la inefable Yeidckol Polevnsky.

En el partido del presidente López Obrador domina el desorden, la imposición, el estilo caciquil, la ambición por el dinero, la rebatinga por los puestos y, además, la ignorancia, las agresiones, la majadería, el insulto, el pleito en el fango, el lenguaje tabernero y el atropello. Todas estas características eran propias del PRI en su época de oro y como Morena está saturada de expriistas desde su cabeza fundadora –o sea, el presidente López Obrador– hasta sus comités municipales, no es extraño que este tipo de conductas sean las que prevalezcan y, peor aún, las que se premian al interior de ese partido.

El priismo en Morena es inevitable, es parte de su ADN. Distinguidos miembros de ese partido estuvieron décadas en el tricolor y fueron destacados militantes del priismo y defensores de sus tropelías. Que se encuentren ahora en un proyecto regresivo dominado por la nostalgia del glorioso partidote, no es casualidad, tiene sentido. Por eso lo que vemos ahora es a personajes con actitudes que creíamos ya caducas, por eso es un gobierno que huele rancio y un partido que no aspira a la modernidad sino al pasado, en el que todas las cosas que pasaban en la nación pasaban por el partido.

En una entrevista que dio ayer Alfonso Ramírez Cuéllar (El Universal 04/02/20, nota de Carina García), comentó la situación en que se encontraba su partido desde su perspectiva: “…parece zombie, una rémora con una crisis que ya es necesario detener”. Así que tenemos un zombi. Una suerte de muerto viviente que se mueve horrorizando a los demás. Se puede entender la figura que usa don Alfonso. A la mejor se refiere a que su partido no tiene corazón, que no corre sangre por sus venas, se mueven como cadáveres a control remoto.

Que el líder de un partido considere a su institución una rémora es algo bastante más delicado que pensar que son zombis (lo cual se puede deber al triunfo aplastante, el control de mayorías y el crecimiento que esperan en las próximas elecciones). Pero las rémoras son, por definición, un impedimento, un obstáculo y además, como se sabe, se dedican a succionar, se alimentan de los restos que comen otros animales marinos, a los cuales se les pegan para transportarse y alimentarse.

Ser rémora es parte de ser ese priista de la añoranza. “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, es una frase que definía al priismo del esplendor. Su autor, conocido como 'el Tlacuache Garizurieta', cuando dejó de vivir del presupuesto se quitó la vida. La versión del siglo XXI fue la multiplicación de las rémoras ahora enquistadas en Morena y que succionan del gobierno federal.

Los partidos políticos en México han manifestado una clara vocación de rémoras. El PAN, sorprendentemente, se convirtió en un partido que no supo hacer nada después de ser gobierno: sus liderazgos palidecieron y la falta de dinero los asfixió en materia de discurso y plataforma.

Morena, como bien lo define su líder nacional, es una rémora del gobierno. Será difícil que encuentre la manera de hacer independiente a su partido del gobierno y en tal caso, les queda el camino de los zombis que según la RAE se trata de personajes “atontados, autómatas”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.