Manifestaciones a domicilio
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Manifestaciones a domicilio

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Manifestaciones a domicilio

21/12/2018
Actualización 21/12/2018 - 14:25

El presidente López Obrador se quejó el día de ayer por qué había manifestaciones afuera de su casa. “Se protesta en las plazas públicas, yo fui opositor muchos años y nunca fui a protestar frente a la casa de un servidor público”, dijo molesto. Se entiende, debe ser muy molesto para él, pero sobre todo para sus vecinos, pues el hecho de que ahí viva el presidente no les traerá ningún beneficio, al contrario, serán puras molestias.

El presidente tiene razón al decir que nunca fue a la casa de un servidor público, simplemente en una ocasión tomó una avenida céntrica de la Ciudad de México y se instaló meses en ella desquiciando la vida de millones de personas. Ahora se enoja porque van a su casa a protestar. Ni modo, así es la vida cuando se pone a dar vueltas.

En las decisiones alocadas del nuevo gobierno está la de Los Pinos. Qué bueno que lo abrieron y que exhibieron una película, y que la gente estuvo muy contenta. Ahora bien, ¿cuánto costará hacer un museo de esas instalaciones? ¿En serio, a Chapultepec le urgía un museo más? No lo creo. Pero bueno, nunca están de más, aunque dada la situación de austeridad del gobierno sería mejor destinar algo de dinero a los sueldos de la burocracia que a encerar pisos que nadie usa, porque de cualquier manera tendrán que mantener ese lugar para que no termine convertido en un llano abandonado. Poco a poco se podrá dar cuenta el oficialismo lo útil que era tener la oficina y la casa del presidente en el mismo lugar. Ahorita todo es bonito por el inicio y la esperanza puesta en el cambio prometido por el presidente, pero con los meses ese dulce terminará por agriarse. Es inevitable. Y entonces sí verá lo difícil que será salir de su casa ante el alud de manifestaciones por las más diversas causas.

El malentendido ahorro, salvan centavos y pierden pesos, los lleva también a un concepto un poco torcido de la austeridad. Los traslados presidenciales, la seguridad que requiere –por más que sea limitada si las cosas se ponen difíciles por el enfrentamiento con el crimen organizado, tendrá que reforzarla– también tiene que ver con las facilidades que tenga el presidente para trabajar. La residencia oficial no era un asunto de lujo, sino de pragmatismo. Mientras los presidentes estaban en su oficina, en su casa, no molestaban a nadie, no tenían vecinos. Lo mismo es en la Casa Blanca, en la Rosada de Argentina o en la mayoría de los países, pero aquí se les ocurrió que era un dispendio. Si el presidente es austero, podía vivir ahí sin ningún problema. Incluso sin muebles, podía dormir en el piso o en una cama de clavos, no usar los cubiertos y comer con las manos, desconectar el refrigerador y el congelador para ahorrar luz y alumbrar con velas. En fin, que el tipo de vida se podía acoplar perfectamente en esas instalaciones sin estorbar a la ciudadanía, pero decidieron otra cosa y ya comenzaron las consecuencias.

Es muy probable que la zona en que vive el presidente López Obrador se convierta en un área caótica. Imaginemos que ya pasadas las vacaciones que vienen, los despedidos del gobierno se organicen para manifestarse por las injusticias de las que han sido víctimas con el trato despótico que les ha propinado la nueva clase gobernante. ¿A dónde van a ir a manifestarse? Pues a casa del presidente para molestarlo y si pueden impedirle salir –ya sean burócratas, maestros, estudiantes, bomberos o cualquiera de los sectores que se han visto afectados por las decisiones gubernamentales–. La queja del presidente no procede: él eligió las manifestaciones a domicilio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.