Los compadres
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Los compadres

COMPARTIR

···
menu-trigger

Los compadres

01/06/2020
Actualización 01/06/2020 - 12:45

Unos cuantos meses después de que asumiera la presidencia, López Obrador sorprendió a todos con una de esas decisiones que toma de manera abrupta en las mañaneras. Ante la revelación periodística de que a un compadre suyo le habían asignado un contrato multimillonario de papel para los libros de texto, el Presidente anunció esa misma mañana que le iba a quitar el contrato a su compadre. El compadre presidencial, Miguel Rincón, no es ningún habilitado en el negocio del papel, al contrario, es uno de los principales fabricantes de papel del país. El Presidente dejaba en claro que cualquier relación personal que tuviera no sería motivo ni siquiera de sospecha para la limpieza de su gobierno. López Obrador había anunciado y reiterado que solamente responderá por sus actos y por los de su hijo Jesús, por nadie más. Y el ejemplo que puso con su compadre fue en ese sentido una forma de enseñar hasta dónde era capaz de llevar sus palabras.

Rocío Nahle también tiene un compadre. Se llama Arturo Quintanilla Hayek. El compadre de la secretaria del ramo energético se hizo ganador de una licitación en Pemex de miles de millones de pesos con una empresa que fundó unos días antes de que ganara el concurso para acondicionar los terrenos de Dos Bocas. O sea, el compadre de Nahle sí es un habilitado, un tipo que hizo una empresa alrededor de su comadre para ganar un concurso millonario en una construcción delirante (Reforma 31/05/20).

El compadre del Presidente había obtenido el contrato de 226 millones de pesos. El compadre de Rocío Nahle obtuvo uno de 4 mil 968 millones de pesos. ¿Qué tiene el compadre de Nahle que no tenga el del Presidente? Pues quién sabe, pero es claro que el Presidente es un poco más pudoroso que la secretaria de Energía.

De las promesas y las expectativas generadas por López Obrador, la única creíble de cumplir era la del combate frontal a la corrupción. Sus debilidades, sus problemas, son otros, pero la corrupción, el dinero, no es algo en lo que personalmente flaqueé. De ahí la credibilidad. Otro de los elementos para creerle es que él sabe que la ciudadanía, entre otras muchas cosas, se hartó de la corrupción de la clase política y vio en él la garantía de no tener un solapador de esas prácticas. Es claro que para los electores esa era una asignatura relevante en la campaña presidencial, y por más que Meade y Anaya hicieran, su entorno les negaba la aprobación en esa materia. Era claro también que en economía López Obrador no tenía idea de nada y que las cosas no irían tan mal si no se metía (desgraciadamente se ha puesto creativo y ya está tomando decisiones); el rubro de la seguridad, pues, al igual que los otros expresidentes, son cosas heredadas y que más bien tienen que tratar de mejorar, pero nadie los va a culpar de originarlo, quizá de no hacer nada o lo suficiente (lo cual es el caso de este gobierno), pero en el ámbito de la corrupción, López Obrador parecía creíble y el resultado no es el esperado.

Los equipos también cuentan y son parte de lo que se evalúa en un presidente. AMLO ha decidido jugar su prestigio por un hombre siniestro como Bartlett y una inepta como Nahle, cuyo compadre le costará al Presidente; al igual que las casas, el hijo, los ventiladores, la leyenda negra, todo lo que trae Bartlett, lo paga el Presidente.

La pregunta es: ¿qué pasó en entre que apareció el compadre del Presidente y el compadre de Nahle?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.