Los borradores para España
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Los borradores para España

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Los borradores para España

12/04/2019
Actualización 12/04/2019 - 13:31

Todo indica que el desbarajuste interno en el gobierno de la 4T es mayor de lo que pensamos. Quedar como idiota ante la opinión pública es un deporte que deben practicar los colaboradores de López Obrador. Nunca saben cuándo y en qué tema los va a desmentir su jefe. Eso, cuando no los ignora olímpicamente en las atribuciones que él mismo les encomendó, como es el caso de Marcelo Ebrard, que no sabía nada de la cena con el yerno de Trump ni de la carta de la vergüenza al rey de España que –según dijo el propio canciller–, la redactó el presidente con “su staff” y no con él, jefe de la diplomacia –cualquier cosa que signifique eso en estos días.

Ahora resulta que la carta al rey que se filtró fue “un borrador”, un “acuse de recibo”. ¿Quién le manda borradores de correspondencia individual al monarca de un país? Pues el Peje. ¿A quién se le filtra un acuse de recibo de la exigencia de una disculpa de un país a otro país? Pues al Peje. El asunto es un desorden. Ya acusó a Reforma de no revelar sus fuentes y deslizó que pudo ser el gobierno español el de la filtración –para seguir afianzando los lazos de amistad–. Pero, ya que estamos en borradores, podemos imaginar algunos de ellos antes de que se hubiera llegado al final.

Borrador #1: Querido rey. Ya sabes que gané las elecciones ampliamente contra tus amigos los de la 'mafia del poder'. Les hemos dado un golpe de proporciones históricas a esa minoría rapaz. Esa gente siempre se alió con los españoles, o sea, con ustedes, con tu banda, desde la Conquista para ponernos en la madre. La muestra final fue OHL y los bancos españoles que nos siguen saqueando. Todo esto lo documentó Beatriz muy ordenadamente. Por tal motivo van a tener que pedir perdón, porque ya se les acabó. No se puede ser un pueblo pobre con amigos ricos.

Borrador #2: Señor rey: Nuestro pueblo, noble y leal como pocos, está dolido con ustedes los gachupines desde hace 500 años. Nosotros no olvidamos que éramos una potencia mundial, había trabajo para todos, la economía crecía a dos dígitos, no teníamos deuda y consumíamos lo que producíamos. Éramos felices todos. Hasta que llegaron ustedes con sus barcos, sus caballos y demás engañifas del neoliberalismo y le dieron en la madre a todo. Por eso exigimos disculpas, que se hinquen y que nos pidan perdón HDSPM o los mandamos ALV. Y si quieren un tiro, nos lo echamos. Me la pelan. Me canso ganso. Atte., el Peje.

Borrador #3: Oye rey: Fíjate que estoy muy molesto con ustedes. Me dice Beatriz que ya tienen 500 años desde que llegaron ustedes por acá y desde entonces no le han parado al saqueo y al abuso. Eso se acabó. He decretado la abolición del neoliberalismo, por lo cual ustedes ya están fuera de este territorio que no volverán a pisar mientras no nos den una disculpa que merecemos después de tanta arbitrariedad. Un día se llevaron a Hugo Sánchez y, peor aún, lo regresaron; expulsaron a mi abuelo de su tierra y por eso tuve que nacer en Macuspana –ya me acostumbré, pero eso no se le hace nadie–. Culeros. En fin, rey, quedo a la espera de las disculpas para que podamos estar en paz entre los países y yo con Beatriz.

Borrador #4: Majestat. Escribo desde la noble Ciudat de México, que fue Tenochtitlán. No sé si lo sabes, majestat, pero ustedes acabaron con Tenochtitlán y no han pagado nada. Eso no se los vamos a perdonar, porque la herida sigue abierta. Es de queeeee… a mí me importa la reconciliación y de que no tengamos problemas, por eso les exijo que se disculpen para que se reconcilien con nosotros. Exigimos la deportación de Hernán Cortés, sus secuaces y sus descendientes, así como el penacho de Moctezuma que ustedes se chingaron y seguramente vendieron a los austriacos. Eso para empezar, majestat, porque hasta la amistat tiene límites y hasta los animalitos y los pobres tienen sentimientos. Saludos.

Pero los anteriores fueron desechados y ya sabemos cuál quedó.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.