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La salud del Presidente

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La salud del Presidente

27/01/2021
Actualización 27/01/2021 - 13:19

La salud del Presidente no es un asunto que tenga que ver solamente con el interés de los suyos. El estado de la salud del primer mandatario es relevante para todos, es un asunto de interés público. Se entiende, por supuesto, que no se difundan análisis o estudios que impliquen cuestiones preliminares o que se presten a distorsiones ante la opinión pública, y algunas otras cuestiones que podrían mejor ser materia de discusión de expertos. Pero saber qué síntomas y manifestaciones tiene el presidente López Obrador con el contagio adquirido de Covid-19 no es algo que deba escapar al conocimiento ciudadano. Conocer el estado del padecimiento del Presidente es un asunto de interés de todos, más aun en estos momentos de tribulaciones y dificultades.

En México vamos atrás en esa materia, como en muchos otros aspectos que tienen que ver con el acceso a la información del gobierno y de nuestros gobernantes. En este mandato estamos sufriendo un tremendo retroceso al respecto. López Obrador es amigo de la opacidad, de lo 'oscurito' en materia de información, es a la antigüita: mientras menos se sepa, mejor. En el fondo del funcionamiento político de AMLO está también la idea de que el Presidente es todopoderoso: él sabe todo, él puede arreglar lo que sea, su sola palabra basta para solventar una crisis, para acabar con un mal, para traer la felicidad. Bajo la concepción de López Obrador, el Presidente tiene fuerza, es el líder total, no se equivoca, todo lo conoce, sabe de historia, es la historia, es también el forjador de ilusiones y el que alcanza las metas; es poderoso, es sencillo, es capaz, es brillante, genera luz y esperanza, es el portador del bien, es infalible, nunca descansa porque es infatigable y, claro, nunca se enferma. Como ya vimos, no es cierto. El Presidente se enferma. El problema es que no nos quieren decir qué tan grave es la situación.

La salud de los presidentes es un punto relevante. Aquí lo han tomado a chacota y exclusivamente para el desgaste político de la figura presidencial en turno. Fue cuando muchos de los hoy lopezobradoristas y la oposición en su conjunto reclamaban saber si Fox estaba bien de sus facultades mentales, si tomaba Prozac. Después exigían saber si Calderón tenía problemas con la bebida, y con Peña el cáncer que tuvo le pareció suficiente al hoy Presidente para pedir su renuncia. Ahora sí estamos en un problema y la Presidencia y sus funcionarios no nos quieren informar el real estado de salud del Presidente.

Sin duda es un asunto difícil de manejar para quienes están acostumbrados a moverse con insultos y amenazas como forma de comunicar. Les resulta difícil dar un parte médico sin generar tensión o rumores o incredulidad por una buena parte de la población. Sin duda es difícil hablar de que el Presidente está enfermo, pero es peor dejar las cosas a la especulación. Ya hicieron las cosas a su modo y fue un desastre que consistió en actos sistemáticos de irresponsabilidad, hacer caso omiso de las normas más elementales de cuidado de la salud personal en público, y, según ellos, aplanaron la curva, domaron y redomaron a la pandemia. Van decenas de miles de muertos y millones de contagiados. Ahora el Presidente tiene Covid-19 y no sabemos qué tan grave es. Toca hacer otra cosa: un poco de responsabilidad, de criterio y seriedad para informar de la salud del presidente de la República. También toca cambiar de asesores en materia de salud. Han sido una tragedia para el país y para el propio Presidente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.