Vivir en el pasado
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Vivir en el pasado

COMPARTIR

···

Vivir en el pasado

04/10/2019
Actualización 04/10/2019 - 12:35

El presidente salió ayer en su conferencia mañanera de nuevo con el asunto de la elección de 2006. Resulta increíble que su resorte no sea su victoria tan abultada de hace un año, sino su derrota tan ajustada hace ¡doce años!

Dijo el Presidente hace algunos meses que prometía dejar de hablar del pasado porque ya tenían él y su equipo la responsabilidad. Parece que no le es posible cumplir esa promesa, pues todo lo tiene que referenciar con sus fantasmas y fobias que vienen del pasado. Esta es una de las causas por las que el país no avanza: el Presidente no pude ver hacia adelante, al futuro, solamente ve al pasado. Así va a estar difícil salir del atolladero.

Conocida la aplastante victoria de López Obrador el año pasado, todo indicaba que la mesa estaba puesta para dejar atrás el 2006, una elección que nos había dividido y que el paso de Peña nos sirvió para cicatrizar, y empezar el futuro. Pero no, parece que el rencor no encuentra espacio para sanar y sale a borbotones en las conferencias de Palacio.

Claro que no se trata de negar el pasado, de no ajustar ciertas cuentas con esa época y con ciertos actores, eso se entiende y hasta se aplaude. Si no hay cambio palpable en varios aspectos de la vida pública, todo quedará en decepción. Nadie pide milagros, pero sí avances. Y será imposible avanzar si el Presidente es el que una y otra vez se remite al pasado como centro de problemas y eje de impedimentos. Para el Presidente y sus huestes los problemas centrales que enfrentan no son el Presupuesto, ni la difícil situación económica internacional, o la curva de aprendizaje propia de cualquier gobierno o que los retos son mayores de lo que imaginaban, o la complejidad del país, no. Su problema, su ocupación central es Calderón. Qué decir de él, cómo descalificarlo, qué está haciendo, qué dice y cómo va.

Después de casi quince años de campaña, y con más de sesenta de edad se entiende que no está fácil cambiar de discurso, pero la circunstancia, nada más y nada menos que la presidencia del país, lo amerita. Eso no quita a los adversarios ni quita relevancia a las diferencias, pero enconar el ambiente no parece buena idea como proyecto de política pública. Acostumbrado a polarizar, el Presidente lo sigue haciendo desde su palacio, por eso la idea del 'cinturón de paz' era y es descabellada, se trata de enfrentar unos ciudadanos con otros sin la intervención de un gobierno que ponga orden.

Incluso las cosas en que avanza este gobierno son sepultadas por la continua referencia al pasado. Su gente prefiere mentarle la madre a cualquiera que esté en su contra que apoyar alguna medida positiva. Los 'hubiera' no tienen fin, se pueden hacer cualquier cantidad de posibilidades alrededor de un 'hubiera', pero cuando los hubiera los dice y sostiene el presidente queda claro que lo que no tiene es una idea de lo que hay adelante.

El pasado puede ser un trampolín o un grillete. Están a tiempo de escoger.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.