El señor de las casas
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El señor de las casas

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El señor de las casas

02/09/2019

De Manuel Bartlett se puede esperar cualquier cosa. Su historial lo respalda. Es un hombre de pasado turbio, pieza central del sistema priista autoritario que abandonó al PRI cuando ya no tenía más opciones de chamba. Fue de todo, y en las últimas décadas fue secretario de Estado, gobernador de Puebla, senador, y eso sin contar sus primeros trabajos en gobiernos del priismo que se remontan a 1962. Más de 50 años pegado al Presupuesto.

Una búsqueda sencilla en Google arroja los escándalos en que se ha visto envuelto el hoy director de la CFE. Desapariciones, represión, fraude electoral, una variedad de cosas y sospechas de delitos se encuentran en las noticias sobre este señor. Bartlett es un fiel representante del pasado que, por lo tanto, encuentra buen cobijo en el gobierno de López Obrador.

La investigación de su fortuna inmobiliaria puesta al aire por Carlos Loret, indigna pero no sorprende, porque Bartlett es eso: un político de los que hacía fortuna con sus cargos, un hombre inmensamente rico, cuya única fuente de riqueza ha sido el servicio público. Así que cuando habla el Presidente de los políticos del pasado que abusaron, que robaron sin medida, que se sirvieron del poder, se refiere, entre muchos otros, a Manuel Bartlett. No importa que el Presidente lo defienda como lo hizo ayer en su tercer y Primer Informe de Gobierno (fue las dos cosas a la vez). Para los ciudadanos, el señor Bartlett está ligado al fraude y la corrupción. Cuando el Presidente en su mensaje se refiere a “la más inmunda corrupción pública y privada”, va incluido el señor Bartlett con sus 25 casas a cuestas.

Cuando el Presidente cuestiona la calidad moral de otros políticos, se refiere también a la nula noción de comportamiento moral que ha tenido Bartlett a lo largo de su historia. En las descalificaciones presidenciales al pasado corrupto y corruptor, también se refiere a su colaborador. El perdón selectivo del Presidente a sus corruptos es una de las muestras del estilo de antes: cada quien sus corruptos, cada uno con sus latrocinios porque estar cerca del Presidente, contar con su apoyo, purifica y consolida, pero, sobre todo, garantiza impunidad.

Como buen priista, no es raro que a Bartlett le ubicaran tantas propiedades en lugares exclusivos. La pasión inmobiliaria es algo muy priista. El sexenio pasado tuvimos unas buenas muestras al respecto. La llamada 'casa blanca' como ícono de corrupción al más alto nivel; a Lozoya ya le detectaron varias propiedades obtenidas de manera dudosa, entre ellas una enorme en la playa. Y ahora el nacionalista Bartlett con sus decenas de propiedades. Ni hablar, infancia es destino.

Si se ve el caso y las casas de Manuel Bartlett, uno puede comprender el discurso presidencial sobre el atropello a los ciudadanos, sobre los gobernantes ricos con el pueblo pobre, sobre la voracidad de una clase política que creíamos haber despedido el sexenio pasado, pero que el director de la CFE nos recuerda que están tan vigente como siempre, como cuando era subordinado de Salinas de Gortari, porque no olvidemos que Bartlett estuvo en los gobiernos priistas más desprestigiados en puestos de alta responsabilidad, nomás le faltó trabajar con Peña.

Se equivocan en el gobierno al darle una lectura de revancha o de enemistad de Loret con el gobierno. Manuel Bartlett es un personaje nefasto en la historia reciente del país y no hace falta que alguien nos lo descubra, pero sí hace falta alguien que le ponga la luz –en este caso el periodista– para que no se nos olvide quién está ahora en el poder. Y no, no se está haciendo una “leyenda negra” sobre Bartlett. Es la única que tiene.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.