El profesor de historia
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El profesor de historia

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El profesor de historia

24/06/2019

Al parecer, la verdadera vocación de Andrés Manuel López Obrador es la de profesor de historia de cuarto de primaria. Le encanta contar cuentos históricos, se inventa cosas para hacer los relatos más interesantes. La exageración es parte de sus licencias literarias, por eso dice cosas absurdas, pero que a él le hacen sentido. El problema es que cree que en el país todos estamos en cuarto de primaria y nos vamos a creer sus historias. Uno lo puede imaginar en la mesa de su casa contando a los suyos las aventuras de Benito Juárez a cuyo lado Batman palidece en arrojo y valentía. La canción que se debe poner al inicio de las conferencias mañaneras es la de El Profesor, aquel himno del cha cha chá que dice: “el profesor, se encuentra aquí, el profesor, te ayudará”.

Las explicaciones presidenciales sobre el papel de los conservadores en la historia le permiten tacharlos de asesinos y traidores a la patria. Para el profesor de historia que es el presidente, no hay matices; hay buenos y malos, seres de mármol o infames malvados. Así ve el mundo y así comprende la historia.

Entre sus invenciones están los inicios de nuestro país, la vida en América Latina y que hay pobladores en “el universo”. El presidente tiene muchos problemas con los números, no solamente a la hora de hacer cálculos sobre los costos de las obras públicas o del propio manejo del dinero, las cifras le dan lo mismo sean miles o millones, ya sean pesos o eventos históricos. El presidente ha dicho que México lleva millones de años de existir. Pobre. Seguro cree que todo sucedió hace muchísimos años y que los primeros habitantes fueron Adán y Eva. Nada más le falta decir que hace millones de años unos siervos de la nación se encontraron un águila y una serpiente en el lago de Texcoco que era gigantesco y estaba lleno de agua desde ese entonces hasta hace treinta años que llegó el neoliberalismo. Esos habitantes encontraron el nopal con los animales que son símbolo nacional y un letrero que decía: aquí pronto nacerá el Peje.

Al presidente también le gusta la historia del mundo, no se vaya a creer que es ignorante. El asunto es que todo lo pasa por una suerte de filtro tabasqueño para tropicalizarlo. Para él lo importante de Mussolini no es su maldad, su perversidad, la promoción del fascismo. Para López Obrador lo importante es que el papá de Mussolini le puso Benito porque admiraba a Benito Juárez. Eso dijo López Obrador y quizá es el dato más estúpido de la biografía del Duce italiano.

La semana pasada el presidente dijo que Hitler cometió “arbitrariedades”, porque le dejaron un país con una gran inflación. Sorprende que en pocos meses López Obrador haya hecho referencias a Mussolini y a Hitler, a saber por qué razón los trae en la cabeza –por lo general no son muy citables que digamos–, pero para él de pronto le salen esas referencias. No se suele escuchar de Hitler cosas como que cometió “arbitrariedades”, cuando en realidad fue un genocida, que bajo sus ideas fueron asesinadas millones de personas. No se había escuchado que entre los motivos de Hitler estuviera su enojo por la gigantesca inflación que le dejaron, pero es la historia según López Obrador. Nada más falta que nos diga que todo fue culpa de los neoliberales y los fifís alemanes, porque Hitler era buena gente y vegetariano, pero lo sacaron de sus casillas.

Lo referido aquí son más que meras anécdotas. Todo quedaría en eso si no fuera porque el presidente López Obrador tiene un verdadero interés en reescribir la historia de este país y que todos la veamos como él lo hace. Hay que estar pendientes de las próximas clases de historia de nuestro profesor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.