El ejemplo no cala
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El ejemplo no cala

19/12/2018
Actualización 19/12/2018 - 14:01

Predicar con el ejemplo es algo que uno oye desde pequeño y que con el tiempo ve que pocas veces se cumple, que es difícil mantener la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, y que resulta menos costoso personalmente esperar que otros hagan ese compromiso para poder criticar sus fallos. Claro, siempre hay quien cree que pone el ejemplo y termina de manera abrupta en el cajón de la hipocresía.

Los líderes políticos suelen presentarse como personas ejemplares en varios campos de la vida diaria: personas amorosas con su familia, hombres de bien, padres cercanos, maridos impecables, funcionarios probos, personas a prueba de fuego en honestidad, gente competente que tiene a mano las ideas y la gente para resolver los problemas que enfrenta la nación. Es parte de la narrativa de ser candidato. Nadie que quiera ganar podría presentarse de manera transparente, algo así: “Soy un hombre de mediana inteligencia, básicamente medio pendejo, no le entiendo a la economía ni a las políticas públicas; no soy marido fiel, me gusta ponerme hasta la madre y no entiendo a mis hijos, siento que para ellos soy una figura devaluada, razón por la cual abandoné el difícil reto de educarlos; nunca me he robado dinero, pero tampoco he tenido la oportunidad, la verdad es que nunca me han ofrecido corromperme, no sé por qué. No creo en nada, mis seres queridos apenas me toleran y estoy aquí ante ustedes porque soy famosón y la competencia está de lágrima, pero la verdad es que la campaña me gusta mucho porque es puro ataque y desmadre, pero me da mucho miedo ganar y afrontar las responsabilidades de dirigir un país”. Un discurso así se agradecería mucho, todo el mundo terminaría carcajeándose y derrumbaría la carrera de cualquiera. Por eso se prefiere el rol modélico.

Andrés Manuel López Obrador tiene clara vocación de “predicador”. Cree que es el prototipo de persona que necesita nuestra vida pública para sanearse en todos los aspectos. Su liderazgo es innegable y lo ha hecho con la gente, lo cual ha sido notable. Su lenguaje es sencillo y acorde con lo que la gente quiere escuchar. Los hace sentir, echar a andar emociones respecto de la realidad que vive el país. Y él cree en la fuerza del ejemplo como acicate moral para los demás. Pero resulta muy difícil tratar de imponer el estilo de vida propio a los demás. Incluso con los hijos no siempre tiene resultado, pues cada uno hace ejercicio de su libertad. Imponer una conducta, un estilo a los demás, resulta difícil, salvo que se sometan a una disciplina militar y ese no parece ser el caso de los que conforman la nueva clase gubernamental, o sea, en Morena.

Puede ser útil para la imagen del presidente que viaje en un Jetta –va muy a tono con lo que él quiere transmitir como uno de sus mensajes principales: la austeridad, la contención material–. Pero el ejemplo no cunde con los suyos. Muy al contrario, en una foto de hace unos días, legisladores de Morena fueron a una reunión a Palacio Nacional, se estacionaron en lugares prohibidos. Pero lo que llamó la atención es que había varios BMW y Mercedes Benz. Lo mismo con el reloj de varias decenas de miles de pesos que la titular de la Función Pública, la señora Eréndira Sandoval, porta en sus apariciones públicas. ¿Es malo tener esos relojes? Pues no. Ya sabemos que ella tiene varias propiedades y artículos de lujo, pero dada la función que representa y las palabras de su superior, uno pensaría que tomaría más en serio los llamados a la austeridad.

Es claro que el presidente tendrá que trabajar con su equipo y compañeros de partido si quieren hacer del ejemplo presidencial una política pública. Por lo pronto, no ha calado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.