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El desorden

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El desorden

20/01/2021
Actualización 20/01/2021 - 13:05

Si en estos días hubiera que definir al gobierno lopezobradorista sería desorden generalizado. El Presidente ordena publicar documentos confidenciales de otro país, insulta a las instituciones del vecino, pone caricaturas en su conferencia de prensa, inaugura universidades que no existen, está en pleito con los órganos autónomos y pelea con el árbitro electoral. A esto hay que sumarle la emergencia por la pandemia en la cual los muertos se multiplican ante la inacción del gobierno mexicano.

Las vacunas se han convertido en un gigantesco malentendido. Nadie entiende qué pasa, el gobierno dice una cosa, los fabricantes otra: que tenemos vacunas; que las que tenemos no alcanzan; que ya devolvieron unas para los países más pobres; que el fabricante no nos va a mandar las que había quedado; que la planta está saturada; que sí las tenemos y que alcanzan para todos; que no alcanzan; que no están organizados; que no tienen ni idea de cómo hacerle; que están vacunando a los militantes de Morena; que nos van a aplicar la vacuna rusa; que ahí viene la china, que ya está probada; que mejor vacunarse en un Walmart en EU; que no hay congeladores para las de Pfizer; que renunció la responsable de la campaña de vacunación, pero por motivos personales; que no es cierto que primero vacunen a los del gobierno; que en lo que llegan las vacunas a la gente le urge el oxígeno; que al paso que va el gobierno acabará de vacunar a la población en varios años; que no pudieron organizar una rifa, menos una campaña de vacunación… en fin, que hay de todo.

Es claro que el primer culpable de la confusión es el gobierno, que ni siquiera se pone de acuerdo en qué decir. Y el primero en generar confusión es el Presidente en ese afán desmedido que tiene por hablar y hablar. Él dijo que la ONU le había pedido una parte de las vacunas para los países más pobres; después salió Pfizer a decir que lo que pasaba era que no podía cumplir con lo pactado porque tiene que hacer arreglos en su planta de Bélgica ¿A quién le cree usted?

Uno de los problemas en el México que preside López Obrador es que, efectivamente, ya nada es lo que era. Hay cosas que han cambiado, eso no se pude negar. Por ejemplo: si uno quiere saber cuántas vacunas se han comprado, a qué laboratorios y a qué costo, tiene que ir a la Secretaría de Relaciones Exteriores y no a la de Salud; si uno quiere saber del expediente de Cienfuegos tiene que ir a Relaciones Exteriores porque la FGR nada más publica páginas en negro; si uno quiere saber sobre las pipas para el plan contra el huachicoleo, tiene que ir a Relaciones Exteriores y, claro, si uno quiere sacar su pasaporte también tiene que ir a Relaciones Exteriores. Todo parece indicar que el Presidente se divierte con Benito Bodoque y Marcelo gobierna el país.

En el desorden generado desde el gobierno y con la gente allegada al mismo, destaca estos días la inefable Elenita Poniatowska, que ya le pidió al Presidente que ya le pare a las mañaneras, que “son un exceso” y un “abuso de poder”, que López Obrador “no se da cuenta que hay un hartazgo nacional”. Caray, y luego dicen que sus adversarios somos muy agresivos.

Otro de los allegados es el fiscal Gertz Manero, que alega su independencia pero que obedece todo lo que dice el titular del Ejecutivo. El señor Gertz está muy enojado porque lo han criticado por su expedita y desaseada exoneración del general Cienfuegos. Si le querían ayudar al militar, por lo menos le hubieran dejado hacer una declaración pública, pero ni eso. El fiscal acusó a grupos de “garantistas” de querer “darle en la madre”, acusó al sistema judicial de EU de haber hecho un regadero con el caso y, básicamente, dijo que los de la DEA eran unos pendejos. Más fuego donde ya había cien.

Lo único claro es el desorden generalizado en el que se mueve el gobierno. Y eso que apenas comienza el año.

Una gran noticia: hoy se va Trump, una de las pesadillas mundiales. Ojalá quienes creen en la democracia como forma de vida hayamos tomado nota de por qué llegó y que una sociedad rabiosa produce rabia y enaltece locos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.