Día redondo
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Día redondo

11/12/2019

¿Quién iba a pensar que al presidente López Obrador, Estados Unidos le haría el mejor día de lo que va de su mandato? Nadie. Por más que hayamos visto desde el inicio de gobierno que plegarse a la voluntad del norte iba ser la norma en la política bilateral, no se podía vaticinar que en un momento difícil de la política norteamericana se fuera a firmar el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, ¡en México!

Es indudable que es un gran logro de los negociadores mexicanos. Y como todo lo bueno en este gobierno, pues también es un logro de Marcelo Ebrard, el hombre orquesta, el que todo lo puede y todo lo hace, quien no le dice que no a ninguna tarea: lo mismo negocia el tratado comercial, que ordena la persecución de migrantes o que toma la foto de la firma del acuerdo trinacional. Honor a quien honor merece y el vicepresidente Ebrard ha regresado con la leña cortada y se va de nuevo a enfrentar nuevas tareas de la cuatroté.

Ser crítico con el gobierno no implica negar los aciertos y felicitar lo que son éxitos en situaciones complejas, y este es el caso. Más allá del vacile en torno a la figura de Ebrard, es cierto que su eficacia se ha desplegado en medio de un mar de inacción y pifias de sus compañeros de gabinete. Esto muestra las posibilidades de tener éxito cuando se permite desplegar una estrategia concreta de trabajo y no se desgasta al personaje en conferencias de prensa que son un verdadero desorden, que impide, precisamente, trabajar eficientemente. Si alguien tiene el control del tema podrá dar resultados o no, pero es evidente que esa forma de trabajo funciona mejor que el sistema CCH/Montessori que se aplica en el resto de las áreas del gabinete.

Los críticos del Presidente vemos en su gestión una gran cantidad de errores además de la anarquía ya descrita. Esto mismo genera dudas sobre lo que tiene que ver con entender el mundo y el mapa de las inversiones tal y como lo ha demostrado con varias de sus decisiones. Por eso, la duda que había crecido en torno al logro del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá tenía ciertos asideros. Sorpresa en el logro de la firma repentina, pero, hay que decirlo, es un acierto que beneficia a todos. El acuerdo firmado incluso protege de ciertas decisiones populistas que constantemente giran en torno a nuestros gobernantes, además de mostrar un lado eminentemente práctico del Presidente, que suele esconder muy bien. Así que haber conseguido la buena disposición de la Casa Blanca y de los demócratas en el Congreso no es poca cosa. Bien, muy bien por los que lo hicieron.

Para redondearle el martes, desde Estados Unidos vino otro regalo de Navidad enorme: la detención de Genaro García Luna. Un golpe al centro de un grupo que ha manifestado una férrea oposición al presidente López Obrador. Es obvio que el gobierno de AMLO no tenía idea concreta de la fecha de la detención porque es una nota que les mató, en términos de impacto, lo de la firma del acuerdo. El arresto de García Luna cae sobre la estrategia de seguridad del gobierno de Felipe Calderón y de sus actuales pretensiones políticas. AMLO no tendrá nada qué inventar para descalificar aspectos de esa estrategia, pues fueron los norteamericanos los que la pusieron en la diana de tiro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.