Del mal ambiente
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Del mal ambiente

17/10/2018
Actualización 17/10/2018 - 12:38

Dice Salvador Camarena que en esta época de transición “han sobrado fifís y faltado serenidad” (El Financiero 15/10/18). Es cierto. Y hace bien en citar primero la agresión salida de la boca presidencial. Cuando el presidente (electo o en funciones), el líder de un país –en este caso es indudable que AMLO es el líder que hay– la emprende contra sus opositores, no queda a éstos más que defenderse. Dada la nulidad en que está convertida la oposición política, es con los medios y por las redes como puede la gente opinar, criticar y denunciar lo que ve.

Ante los fifís lanzados hay que regresarla so pena de vivir con la cabeza gacha los próximos seis años. Porque ni siquiera se han esforzado en definir quiénes caben en esta categoría. El presidente electo los engloba y dice que son los conservadores y cierta prensa que no le es propicia. Y no, no son los conservadores, porque una buena parte de ese sector está con él. Es la gente de derecha neutra, los liberales, los que en una buena parte no están con su movimiento. AMLO sigue viviendo en las épocas de Juárez y por eso se siente liberal. Ya no es buen momento para explicarle. Pero es parte de la confusión que tienen él y su equipo para ubicar a quienes no piensan como ellos y que no estamos ni en el PRI ni en el PAN, simplemente somos parte de la ciudadanía.

Contestar que 30 millones de votos le dan la razón para todo lo que quieran no parece ser una buena respuesta. Un porcentaje considerable de esos millones de sufragios fue un voto blando que no necesariamente se encuentra satisfecho por el desempeño a la fecha, que borda entre la anarquía y la bobería. Si bien es cierto que AMLO todavía crecerá en las encuestas al entrar en su ejercicio de gobierno, a partir de ahí, quizá desde ahora en que se han metido solitos en problemas, haya quienes quieran juzgarlos con la vara con que AMLO y su equipo hicieron con los demás estos últimos doce años.

Hay que repetirlo para que quede claro: la oposición no existe. Ha sido más importante y noticioso que un diputado de Morena se duerma en las sesiones de la Cámara, que lo que sucede en la contienda por la presidencia del PAN. La causa de los sopores del diputado, la explicación de su somnolencia, tuvo mayor impacto que cualquier posicionamiento partidista en esa Cámara. Y en efecto destaca la discordia como la de Fernández Noroña contra Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres, a quienes llamó traidores y “lacayos” de Peña Nieto. Es, ciertamente, un ambiente político enrarecido después de esos resultados, pero parece que es el ambiente en el que ellos, los ganadores, se mueven mejor: el pleito y la discordia, incluso entre ellos. No es que haya mal ambiente, es que es el que les gusta.

El lunes publiqué en estas páginas un texto en el que cuestioné la coherencia del vocero oficioso de Morena, Hernán Gómez, pues la emprendía contra el periodismo mexicano por vivir del dinero público, mientras él también cobraba en el sexenio agonizante de Peña Nieto. La respuesta de él y sus colegas era esperable: ellos trabajan, investigan, opinan, tienen estudios y ejercen la crítica; los demás son aviadores. Nada hay de malo en trabajar en el gobierno, en ser servidor público, pero hay que decirlo y hay que tener cuidado con vestirse de pureza para lapidar a los impuros que están enfrente. Hay otro contrato de Hernán Gómez en Conapred –donde al parecer resultó una persona encantadora y gran trabajador– del 26/02/18 al 31/12/18 (quizá ya lo concluyó él mismo, o vencerá en dos meses) por la cantidad de $323,733.62. Tenemos entonces que la Conapred le pagó en este sexenio –de lo que sabemos hasta hoy– más de dos millones y medio de pesos al azote de la comentocracia fifí y oligarca. No está nada mal.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.