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Consulta simulada

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Consulta simulada

22/10/2018

Los treinta millones de votos es un argumento que sirve a los triunfadores para muchas cosas, pero que no parecen querer hacer efectivo para las decisiones difíciles. No se explica de otra manera la especie de parálisis que les causa el NAIM y que los ha llevado a implementar una mala idea: la simulación. Porque la consulta es eso, un ejercicio de simulación.

La transición ha resultado en un vacío de poder. Un gobierno que ya quiere salir y no decidir nada, y otro que ya quiere entrar y cambiar el mundo. La consulta a la ciudadanía es un ejercicio democrático, pero el planteamiento que hace el gobierno en transición no lo es. Para todos los que opinamos que se debe continuar con la obra ya iniciada en Texcoco, no resulta atractivo participar en ella ante la avalancha oficial a favor de cancelar esta obra. La propia posición del presidente electo López Obrador inhibe la participación general, pues muestra claramente que los dados están cargados. La decisión de dónde instalar las casillas también es un ejemplo de cómo se hacen las cosas a la manera de caciques priistas de antaño: poner casillas en todos los municipios de Tabasco, donde el Presidente electo arrasó en la elección, es una burla. Sin necesidad alguna, López Obrador y su equipo han mostrado su cara autoritaria.

Aparte de la simulación orquestada, la decisión de realizar la consulta muestra algunas fallas en un equipo que no parece del todo embonado y que depende de lo que quiera decidir el jefe, sin tener elementos de distintos órdenes. No sólo eso, el desgaste al que se ve sometido el propio Presidente electo antes de entrar a gobernar será gratuito, pues decida lo que decida no parece que nadie quede satisfecho. El nombrado como responsable del sector, Javier Jiménez Espriú, también ha sufrido un enorme desgaste al colocarse torpemente en el centro de la polémica. No ha tomado su oficina y ya es un hombre cuestionado por sus desplantes públicos. El propio movimiento Morena se ha visto en problemas, pues se les obligó a pagar la consulta –paradójicamente sin haber sido consultados– y se han quejado abiertamente. El gobierno parece ver en el Poder Legislativo una especie de caja chica, por lo que los ahorros anunciados en esas cámaras pueden estar en cuestión, ya que si los sueldos los bajaron un buen porcentaje, y si se pagan sus teléfonos, pues ya no les alcanza para el apoyo al movimiento. Incluso el apoyo de la chairiza y su academia se han visto envueltos en escaramuzas sin sentido y ahora hablan de “preferir el lago”, al que nunca han ido y que existe en su imaginación políticamente correcta.

Maquiavelo, en Discursos sobre la primera década de Tito Livio, comenta sobre las decisiones: “… su pretor Annio dijo estas palabras: ‘Me parece importante para nuestros intereses que penséis antes en lo que vamos a hacer que en lo que vamos a decir. Será fácil, una vez establecido nuestro propósito, acomodar las palabras a las cosas”. Son sin duda estas palabras muy verdaderas, y deben ser meditadas por todo príncipe y toda república; porque en la ambigüedad e incertidumbre de lo que se quiere hacer, es difícil encontrar palabras adecuadas, pero una vez que se ha tomado una decisión y se ha establecido una línea de conducta, las palabras se encuentran fácilmente (...)

Las decisiones lentas y tardías no son menos perjudiciales que las ambiguas, sobre todo si se ha de decidir a favor de un amigo, pues con la lentitud no ayudas a nadie y te perjudica a ti mismo”. Todo parece indicar que AMLO y su equipo se inclinarán en este caso por una decisión lenta y ambigua.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.