Sobre una indebida práctica parlamentaria
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Sobre una indebida práctica parlamentaria

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Sobre una indebida práctica parlamentaria

23/03/2018
Actualización 22/03/2018 - 22:35

Convengo en que este artículo puede resultar tedioso al lector. Estoy de acuerdo en ello y le solicito me disculpe. Pero también le pido hacer un esfuerzo y trate de leerlo, en especial si está interesado en que las cosas en nuestra vida pública empiecen a cambiar, naturalmente para bien.

Tenemos en México un grave déficit de instituciones. Las que hay, o están en etapa incipiente (algunas a pesar de llevar más de dos siglos de existencia meramente nominal o simbólica), o de plano no funcionan. Como muchos congresos locales.

En el caso de Coahuila, la ley orgánica que rige el funcionamiento del Congreso fue diseñada para evitar la controversia, la discusión, el debate. Es decir, impedir lo que es la esencia del Parlamento. Además de tal diseño hecho para limitar este aspecto fundamental de todo órgano legislativo, está la visión rígidamente restrictiva que de esa ley tiene el grupo oficialista.

Por el bien del estado, eso no puede ni debe continuar. Ya es mucho el daño que ha sufrido Coahuila por haber carecido de un Poder Legislativo actuante y eficaz. Por si alguien lo duda, tenemos para empezar un pesadísimo endeudamiento público de decenas de miles de millones de pesos que nadie sabe –aunque todos suponemos– a dónde fueron a parar. Todo por no haber tenido un Congreso (o una mayoría de éste) responsable, escrupulosamente cumplido en el ejercicio, riguroso y puntual, de sus funciones de control de la administración pública y en materia de rendición de cuentas. No fue así y hoy padecemos las consecuencias. Llegó el momento de cambiar.

Si las cosas se callan, nada sucede. Pero si se dicen, se explican, algo empezará a suceder. Y naturalmente siempre que una proporción significativa y creciente de ciudadanos esté atenta a lo que ocurra en el Congreso local. Hasta ahora éste ha merecido escasa atención. Tal vez como consecuencia de que lo que ahí acontece carece de todo interés, por considerársele quizá más un espectáculo que el ejercicio de una alta y muy respetable función pública. Es el momento de establecer el principio de la Centralidad del Congreso.

La mencionada Ley Orgánica del Congreso de Coahuila, vigente desde el 1 de enero de 2015, dispone en su artículo 39 el orden en que “perfectamente se dará cuenta de los asuntos a tratar” en las sesiones del Pleno o la Diputación Permanente cuando se esté en receso legislativo, que es de cuatro meses en el año.

Al efecto, dicho artículo 39 menciona ocho rubros que integrarán el orden del día de las sesiones. El último de los mencionados se denomina “Agenda Política”. Corresponde a los “pronunciamientos”, que así también los llama la ley, que presentan para desahogarse en las sesiones tanto los diputados como los grupos parlamentarios y hasta la Junta de Gobierno del propio Congreso.

Pues bien, la propia denominación de “Agenda Política” que tiene esa sección da a entender la naturaleza de los temas que son presentados a la asamblea de diputados. Por si quedara duda, téngase presente según ya se dijo, que también los llama “pronunciamientos”.

Se trata por lo general de denuncias, de críticas, de señalamientos fuertes, de posicionamientos políticos a veces polémicos. De su exposición bien puede resultar, como frecuentemente sucede, que el orador exponga hechos falsos o haga alusiones personales a alguno de los diputados presentes. La práctica parlamentaria habitual en todas partes indica que en tales casos procede solicitar el uso de la palabra, aun sin estar inscrito en la lista de oradores, para “rectificar hechos” o bien para responder “alusiones personales”. Pero en Coahuila los priistas, así parezca increíble, en tales casos ¡niegan el uso de la palabra! Algo atroz y cavernario.

Lo anterior a pesar de que el artículo 193 de la Ley Orgánica del Congreso claramente previene que en esas situaciones procede solicitar el uso de la tribuna para “rectificar hechos” o para “responder a alusiones”. Pues no, no lo permiten y punto. Considero que el presidente de la mesa directiva del Congreso debe conceder el uso de la tribuna cuando en esas situaciones algún diputado la solicite. No hay razón para negarla.

El problema quizá esté en que no existe el Reglamento de Sesiones, previsto por los artículos 217 y 222 de la Ley Orgánica, que debió haberse expedido desde el 31 de enero de 2015. ¡Hace más de 37 meses! Así marchan las cosas en Coahuila.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.