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Sobre ‘la cultura del mural’ y Hernán Cortés

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Sobre ‘la cultura del mural’ y Hernán Cortés

15/01/2021

El recién iniciado 2021 es un año electoral. Por ello, será de fragoroso combate, el cual se dará en diversos frentes. No sólo en el político. Bueno fuera que su principal campo de acción estuviera sólo en la discusión en torno a políticas públicas o en un amplio debate acerca de agendas legislativas. Explicable esta última temática si se considera que la elección madre será la federal para renovar la Cámara de Diputados.

Como lo ha dejado entrever el grupo hoy en el poder, éste ha escogido a la historia como un campo más de batalla. Aprovecha para ello que en 2021 se cumplen cinco siglos de la conquista por España de lo que hoy es México, con la toma de Tenochtitlan en 1521. Y dos siglos de la consumación de la Independencia nacional, en 1821. No deja de ser significativo que ese grupo, que no suele incluir en su historiografía este último año, ahora lo tenga tan presente. Porque igual que otros acontecimientos “le viene como anillo al dedo” para su propósito. Después, seguramente, lo volverá a olvidar.

Como es de suponer, tal batalla en el terreno de la historia tendrá como ingredientes fundamentales esparcir mentiras, difundir medias verdades y atribuir a villanos de hace cinco siglos su fracasada política de los últimos dos años. Probablemente uno de ellos será Hernán Cortés –villano favorito de muchos—, “el cortesísimo Cortés”, como lo llama Miguel de Cervantes en El Quijote.

Carlos Castillo Peraza hizo referencia en varias ocasiones a “la cultura del mural”. El concepto lo acuñó al notar que el muralismo mexicano es de un maniqueísmo insufrible. De un lado, sus autores pintan con rasgos grotescos a los malvados de nuestra historia y, del otro, con formas angelicales, a los buenos de esta película de cinco siglos. Los primeros son –o fueron— malvados siempre y por definición, y los segundos buenos en grado superlativo y sin mancha alguna, también por definición. Demonios y santos, malos y buenos, tuertos y derechos, siempre y a lo largo de toda su vida y en su participación en la vida pública de México. Mayor maniqueísmo no puede haber.

La estrategia del grupo oficialista es clara: Dividir, polarizar, enfrentar a los mexicanos. Para este propósito cualquier tema o asunto, así sea trivial y aunque ni al caso venga o carezca de relación con los comicios, será de utilidad para dicho grupo atizar la división a fin de obtener dividendos. Francamente, una actitud miserable.

En consecuencia, advertidos de lo que probablemente ocurrirá, será necesario hacer un plan de lecturas y relecturas de nuestra historia del siglo XVI, para ver qué tanto nos mentirá el grupo gubernamental, en su afán de dividir y enfrentar a los mexicanos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.