La tragedia en perspectiva
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La tragedia en perspectiva

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La tragedia en perspectiva

26/10/2018

Con el significativo título de “La tragedia del PAN”, texto publicado ayer por el dilecto amigo Juan José Rodríguez Prats, el autor expone con claridad y contundencia lo que desafortunadamente sucede al interior de la institución mayor –de las varias e importantes- que fundó Manuel Gómez Morin hace ocho décadas.

No se trata de que al PAN le haya ido mal en las recientes elecciones, como en apariencia le fue mal durante más de medio siglo. No, no es eso. La tragedia no consiste en que los medios, en particular los siempre alineados al poder y casi nunca al servicio de la verdad, digan sólo lo negativo que ven o creen ver en Acción Nacional.

No, en eso no consiste la tragedia. Tampoco en que estén saltando aquí y allá los desertores, quizá ahora de manera multiplicada, en especial en ciertas regiones de provincia. No, esa no es tragedia, es la necesaria y benéfica poda que todo árbol necesita para su mejor desarrollo y dar más fruto.

Total, desertores siempre hubo, desde la hora prima. Unos se fueron por cobardía, otros porque vieron la carga muy pesada, algunos se impacientaron por nunca haber entendido en qué verdaderamente consiste la “brega de eternidad” a la que convocó el insigne fundador desde el principio. Otros partieron por traición. En esta deleznable categoría se incluye a los que se pasaron al lado del adversario sólo por así convenir a sus personalísimos intereses, por lo general al margen de toda ética.

La tragedia del PAN no obedece que se avecinan tiempos difíciles, aun para el país, porque finalmente la institución como tal nunca ha conocido tiempos difíciles, tersos. Siempre le fueron complicados y tremendamente difíciles. Aunque nunca amargos. Porque lo importante en las grandes tareas, según proclama el Quijote, no es el resultado de la tarea sino el esfuerzo realizado en la consecución del ideal.

Hasta donde se alcanza a advertir, tragedia tampoco hay por la comisión de errores políticos gravísimos ni –al menos hasta ahora- desviaciones doctrinales, ni rendición total a la vista. No, por fortuna.

¿En qué entonces consiste la tragedia que Juan José dice tener a la vista? Según sus propias palabras, en que “el PAN ha perdido la capacidad de indignación. Su ímpetu inicial de corregir y enmendar se fue languideciendo”.

¿Y cómo se manifiesta? En que “hoy enfrenta una amenaza que puede ser el final de sus principios: elegir una dirigencia con opciones descalificadas por falta de autoridad moral”.

Es posible. Pero falta tener algo presente. En los términos de Rodríguez Prats, más que una tragedia en el mejor (o más bien dicho, en el peor) de los casos se trata de los elementos que configuran la amenaza de una tragedia, pero –sin negar el diagnóstico de Juan José- no es la tragedia en sí misma. Falta la batalla final. Y ésta ha de verse en la perspectiva de la “brega de eternidad” a la que fuimos convocados. Brega que no necesariamente sólo es un combate hacia afuera. Ciertamente nunca nadie dijo expresamente que algún día así sería. Pero parece que ahora sí. Y desde luego por las vías que la propia institución establece.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.