Y los rusos llegaron ya…
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Y los rusos llegaron ya…

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Y los rusos llegaron ya…

08/02/2018
Actualización 08/02/2018 - 11:44

Muchos descalificaron la advertencia que emitió Rex Tillerson, el Secretario de Estado de Estados Unidos, en su reciente visita a México. Tillerson previno a las autoridades mexicanas sobre el peligro inminente de una intervención rusa en nuestro proceso electoral. Seguramente sabe que ya está la maquinaria andando. Sabe también que el aparato de ciberinteligencia rusa sigue operando alegremente en Estados Unidos y que han sido incapaces de pararlos.

Quienes niegan esta realidad siguen pensando en parámetros del siglo XX. Allá, son los republicanos más conservadores, quienes van de la mano del presidente Trump, sin darse cuenta que es Trump quien fomenta esta indolencia estadounidense para responder ante lo que, no exagero, es un acto de guerra. Acá, Andrés Manuel López Obrador lo toma a chunga, y los demás candidatos ponen cara de preocupados ante la incertidumbre sobre la identidad del cliente de Cambridge Analytica. ¿A quién ayudarán? ¿Al que pague más o al que indique Moscú? ¿O sólo se dedicarán a sembrar caos, con el objetivo de desestabilizar al vecino del enemigo?

Uno de los principales motores unificadores de la historia es el enfrentar un enemigo común. De ahí, que la premisa básica del intervencionismo cibernético es crear una atmósfera caótica, en donde prácticamente queda borrada la diferencia entre hechos y dichos. Este clima estimula la creación de tribus cerradas, que sólo ven lo que quiere ver la manada. Intentan borrar, a base de un sentimiento de pertenencia a un grupo, la capacidad de raciocinio individual.

Un clarísimo ejemplo de lo anterior es el uso comprobado de bots (se conocen como bots quienes generan millones de mensaje s automatizados en redes, a través de cuentas robots) para empujar la publicación de un memorándum de cuatro hojas, que, según los republicanos de la Cámara baja en Estados Unidos, exoneraba a Trump de cualquier contubernio con los rusos para ganar la elección.

Impresiona cómo es que estos hechos no impactan la narrativa en el mundo Trump. Cada vez que tiene a la vista un micrófono, repite como perico que no hubo colusión con Rusia, y que no hay evidencia que pruebe lo contrario. Pero sí hay evidencia, y mucha de ella ha sido descrita en esta columna en semanas recientes.

Volviendo a México, de por sí los aludes de información generados con los abusivos spots que el INE obliga a los medios a transmitir son una carga para el elector. Además, tiene que tomar su decisión con base en un periodismo, sobre todo a nivel local, altamente partidizado o comprado, pero, a todas luces, poco objetivo. El ciudadano, en muchas ocasiones, se ve obligado por la perversidad de todos los partidos a emitir su voto a cambio de algún beneficio personal, que puede parecer trivial, pero que para muchos votantes representa la diferencia entre poder darle de comer a su familia algo más que un taco de frijol, aunque sea con gorgojos.

A esa combinación, ya explosiva, ahora hay que añadir las campañas cibernéticas que vienen del exterior y cuyos fines en nada ayudan a los mexicanos. Ellos prefieren navegar desapercibidos, y por ello han construido complicadas redes que dificultan seguirles la pista, pero no es imposible. Si a usted le interesa analizar todo esto con más detalle, le recomiendo seguir en Twitter a @leogarciamx y a @annmarlowe, con quienes he podido platicar estos temas, y quienes tienen hilos de investigación sobre los alcances internacionales del asunto.

Dicen los expertos que es más fácil penetrar una elección en Estados Unidos que en México. Allá hay más tecnología y un porcentaje enorme de la población está conectada en redes. Aquí el voto es manual, lo cual hace menos probable una interferencia directa. Pero con los bajísimos niveles de confianza que tiene la población en el sistema, cualquier hackeo del PREP, cualquier 'caída del sistema' nos manda al caos, sobre todo cuando un candidato afirma que o gana, o hubo fraude, táctica ya usada por el susodicho en otros procesos.

…y llegaron bailando el cha-cha-chá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.