Vuelve Flynn
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Vuelve Flynn

11/05/2020
Actualización 11/05/2020 - 15:35

El primer gran escándalo de la administración de Donald Trump como presidente de Estados Unidos tuvo que ver con su asesor de seguridad nacional, el general Michael Flynn. El exmilitar es una fichita. En la campaña presidencial de 2016, se volvió el compañero inseparable de Trump, acompañándolo a todos los mítines. Se le atribuye la autoría del famoso coro de campaña de “Lock her up”, es decir, “enciérrenla” refiriéndose a Hillary Clinton y su desaseado manejo de sus correos electrónicos.

Pero Flynn tenía un lado más oscuro, y menos público. Cobró una suma astronómica por cabildear a favor de Turquía, sin registrarse como agente extranjero. No podía hacerlo, pues eso era incompatible con el puesto que había pactado con Trump. El principal asesor de seguridad nacional del país más poderoso del planeta no puede estar en la nómina de otro gobierno, así que lo ocultó.

En cualquier caso, Flynn duró menos de un mes en el cargo. Se reveló que Flynn tuvo contactos con Sergei Kyslyak, entonces embajador ruso en Washington, y mintió al FBI sobre el contenido de las pláticas. Por ello, James Comey, entonces director del Buró, abrió una investigación formal sobre Flynn, y Trump, aceptando en público que Flynn le había mentido al FBI y al vicepresidente Mike Pence, lo despidió.

Hubo consecuencias. Trump despidió, primero, a Sally Yates, procuradora general en funciones, quien avisó a la Casa Blanca que Flynn estaba comprometido. Luego, Trump pidió a Comey dar carpetazo a la investigación de Flynn, Comey se negó, y Trump lo corrió, precipitando así el nombramiento de Robert Mueller como fiscal especial para investigar los lazos entre Rusia y la campaña de Trump, con los resultados que todos conocemos.

Flynn, por su parte, fue acusado formalmente por el Departamento de Justicia, y ante la evidencia abrumadora, se declaró culpable. El juez de su caso, el H. Emmett Sullivan estaba por dictar sentencia.

En este escenario, apareció el nuevo procurador, William Barr. Toda semblanza de justicia y Estado de derecho ha sido pisoteada por el nuevo procurador. Neutralizó en pocos días el devastador informe de Mueller, obstaculizó hasta lo ridículo la investigación de destitución del presidente, ha ido metódicamente desmantelando los procesos federales que se seguían contra el presidente y su familia, y ha convertido al Departamento de Justicia, una institución tradicionalmente independiente, en un brazo más de la Casa Blanca.

Al ver la forma descarada como Barr tuerce la justicia para beneficiar a los trumpianos, el general Michael Flynn cambió de abogados. Contrató a una pareja de abogados que defiende a Trump en FoxNews, Joe diGenova y su esposa Victoria Toensing, que además, son cercanísimos amigos de Barr. Así, enviaron un oficio al juez Sullivan donde Flynn quería modificar su declaración, y declararse inocente. El juez, de por sí, ha expresado franca hostilidad hacia Flynn, y lo probable es que fallara en su contra.

Por ello, en una maniobra sin precedentes y totalmente sorpresiva, el procurador Barr ordenó al fiscal retirar los cargos contra Flynn, y desaparecer así el proceso. Ahora, al juez Sullivan solo le queda decidir si en el futuro se pueden volver a presentar los cargos contra Flynn o no.

No quiero ni imaginar cómo terminaría el sistema judicial de EU con otros cuatro años de Trump. El castillo de Estado de derecho, aún imperfecto, lleva más de 240 años en construcción, y Barr lo ha derrumbado en poco más de un año.

En una entrevista con CBS News sobre el tema, le preguntaron a Barr cómo juzgará la historia su paso como procurador: La respuesta fue reveladora: “No sé -contestó- la historia la escriben los que ganan.” Parece que el procurador sabe muy bien que si los demócratas ganan en noviembre, lo primero que habrá en la agenda es restablecer el Estado de derecho, y eso implica que el procurador Barr sea procesado y juzgado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.