Vladimir
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Vladimir

COMPARTIR

···
menu-trigger

Vladimir

15/02/2018
Actualización 15/02/2018 - 12:59

Vladimir Vladimirovich Putin quemaba, angustiado, archivos y documentos de la KGB. Eran los días finales de 1989, y el joven (37 años) teniente coronel de la KGB había sido designado a un Berlín que se desmoronaba junto con el muro. La era de la influencia soviética, bajo la presidencia de Mikhail Gorbachov, vivía sus últimos días. Putin, como pudo, y escuchando el caos que ya imperaba en la calle, se deshizo de todo lo posible, dejó la oficina y volvió a su natal San Petersburgo. Al poco tiempo, y después de 16 años como espía, renunció a la KGB. Luego de ocupar puestos importantes en la administración local, fue llamado a Moscú por Boris Yeltsin en 1996.

Apenas tres años después, y luego de ascender vertiginosamente en las filas de Yeltsin (fue incluso el primer director de la FSB, sucesora de la KGB), se convirtió en presidente interino de Rusia, ante la renuncia de su mentor. Al año siguiente, en el 2000, Putin ganó la elección con 53 por ciento del voto sobre Gennady Zyuganov, candidato del Partido Comunista, y el destino de Rusia se selló. Desde entonces, Putin ha detentado el poder absoluto, aunque por problemas constitucionales no la presidencia. De 2008 a 2012 fue primer ministro, y ahora es presidente de nuevo probablemente hasta 2024, porque busca la reelección este año, y misteriosamente toda oposición acaba en la cárcel.

Vladimir Putin, después de los desastrosos años de Yeltsin en términos económicos, elevó los ingresos de la población y consiguió un crecimiento importante del PIB, sobre todo con base en la venta de energéticos. Pero comprometió el desarrollo del país al fomentar una oligarquía que ha convertido en multimillonarios a unos cuantos, él mismo entre ellos, mientras un enorme porcentaje de la población padece carencias. Con todo, Putin cuenta con buena aprobación en Rusia porque comparte el sueño de muchos de reconstruir la red de influencia que tenían en tiempos de la URSS.

Con los frentes internos mayormente controlados, Vladimir Putin decidió que, para empezar, no era aceptable la hegemonía que estaba tomando la OTAN, encabezada por Estados Unidos y comenzó por Ucrania. Con la ayuda de Paul Manafort, sí, el mismo que luego fue jefe de campaña de Donald Trump, Viktor Yanukovych, un títere de Moscú, ganó la elección de Ucrania de 2010. Yanukovych fue un desastre.

Luego de poner a su familia en puestos clave, mudarse a una mansión fabulosa en Kiev y, básicamente, saquear la economía, la población enfureció cuando anunció la suspensión del proceso para ingresar a la Unión Europea y se lanzaron a las calles. Yanukovych respondió mandando tropas a reprimir, matando a más de 80 civiles. El levantamiento se generalizó, y Yanukovych salió huyendo del país. Ese mismo año, 2014, Putin invadió una parte de Ucrania y se anexó Crimea, ante la crítica internacional generalizada. Estados Unidos impuso sanciones, empezando por detener el famoso contrato de Exxon, que le ha costado a Rusia miles de millones.

El siguiente paso de Putin fue desestabilizar a los países miembros de la OTAN, para que el tratado perdiera fuerza, y para ello encontró una herramienta muy poderosa: la cibernética. A través de GRU, el brazo de la inteligencia militar, desarrollaron un verdadero ejército, entre bots, trolls, sitios de internet especializados en desinformación y hackers expertos en robos de datos. Ese aparato hizo su aparición en Gran Bretaña, y para muchos fue factor decisivo en el triunfo del Brexit.

Intervinieron en España, apoyando al movimiento separatista catalán, con menos éxito en Francia, Alemania y Holanda, países que tomaron medidas ante lo que vieron en el Brexit. Hasta a Qatar le tocó.

Pero la jugada maestra fue la elección en Estados Unidos, con la que contaron con un gran aliado que se llama Donald Trump. ¿Lo ayudaron a ganar? Sí. ¿Cómo va a cobrar esa factura Vladimir Putin y qué otros elementos de presión tiene sobre Trump? Lo veremos en cuanto los republicanos en el Congreso de Estados Unidos entiendan que están enfrentando una intervención extranjera de primera magnitud. Ese, amables lectores, es Vladimir Putin.

Así las cosas, siendo Estados Unidos el principal blanco de Rusia, ¿alguien duda que Putin intervenga en la elección de México, simplemente para aumentar su capacidad de desestabilizar a Estados Unidos?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.