Va en serio
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Va en serio

04/11/2019

El jueves por la mañana flotaba una atmósfera de historia en el recinto de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Estaban por votar sobre los reglamentos que seguirá la próxima fase del proceso de destitución contra el presidente Donald Trump, y por primera vez, al total de los miembros de la Cámara baja se le exigiría ejercer una de las más graves responsabilidades que conlleva su cargo. Para muchos, el conflicto era mayúsculo.

Primero, los republicanos. Estando en la minoría, sabían que la votación estaba perdida por anticipado. Esto, sin duda, influyó en que ningún republicano votara a favor del nuevo reglamento. Un voto a favor, si bien es lo que dictaba la conciencia de muchos, no tendría consecuencias prácticas, y sí, en cambio, los enfrentaría con su propio partido, cuyo liderazgo es rabiosamente pro-Trump. Así que todos votaron en contra.

La mayoría demócrata enfrentaba un problema distinto. Muchos de los representantes recién electos provienen de distritos que votaron abrumadoramente por Trump en 2016, y que en 2018 se voltearon. Esos mismos distritos estarán en juego en 2020, y dos demócratas decidieron que no se podían dar el lujo de votar por la destitución sin pagar consecuencias electorales en la próxima elección. Pero fueron los únicos. Unas dos docenas de representantes demócratas vulnerables decidieron votar su conciencia y su sentido del deber constitucional que juraron preservar. Con ello, pusieron en riesgo su reelección, pero no, como dijo alguno de ellos, su honor.

Así que la medida pasó, y ya hay reglas para la siguiente fase. Habrá, para empezar, audiencias públicas. Hasta ahora, todos los testimonios se han dado a puerta cerrada, y por lo que se sabe de ellos, son devastadores para el presidente. Apuntan, confirmado por varios, lo que ya estaba claro desde la llamada telefónica: el presidente Trump presionó al presidente ucraniano Zelensky para que investigara a sus rivales políticos, a cambio de liberar los fondos de ayuda militar para Ucrania que ya habían sido autorizados por el Congreso.

Pero el hecho, aunque aceptado por Trump y sus cercanos, no es suficiente. No estamos ante un proceso criminal, sino político. Por ello, la opinión pública resulta un factor de enorme importancia, y es ahí donde las audiencias públicas cobran importancia. Normalmente, las audiencias de los comités del Congreso le dan a cada miembro cinco minutos para interrogar testigos, y se van alternando entre representantes demócratas y republicanos. Este sistema no es conducente a plantear un tema con detalle, ni permite seguir una línea de preguntas que aclaren los hechos. En las próximas audiencias, y para lograr claridad, los demócratas designarán a un abogado que tendrá 45 minutos continuos con el testigo. Después, será un abogado de los republicanos quien tendrá el mismo tiempo para su interrogatorio. Ello permitirá al ciudadano entender mejor los planteamientos de las partes, y tener más y mejores elementos para decidir quién tiene la razón.

¿Y qué importa lo que piensen los ciudadanos, si ellos no votan? Importa, y mucho. Es precisamente por la opinión ciudadana que el proceso contra Richard Nixon se suspendió en 1974, antes del veredicto del senado. La narrativa de las audiencias en la opinión pública tuvo tal impacto, que cualquier senador que votara para exonerar a Nixon hubiera firmado su sentencia de muerte política. Por eso, los senadores de entonces mandaron una delegación a hablar con Nixon, y le informaron que la votación estaba irremediablemente perdida, y que lo mejor para el país, el partido y Nixon mismo, era su renuncia. Habiendo pactado su perdón presidencial para no ser enjuiciado criminalmente, Nixon renunció.

Esto se mueve rápido. Los demócratas piensan terminar el proceso antes de la Navidad, y enviar los artículos de destitución al senado antes de terminar el año. Ni republicanos ni demócratas quieren que esto se prolongue al punto de afectar las elecciones de 2020, así que para enero, seguramente conoceremos el final de la historia.

Mientras tanto, seguiremos informando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.