Turismo: ¿Prioridad?
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Turismo: ¿Prioridad?

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Turismo: ¿Prioridad?

07/01/2019
Actualización 07/01/2019 - 13:46

El Washington de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se ha convertido, entre otras cosas, en fuente interminable de información caótica, que obliga a medios y consumidores a estar al tanto de las noticias 24 horas al día, los 7 días de la semana. El más reciente escándalo del presidente se mezcla con el cierre temporal del Gobierno, con la toma de protesta de la nueva mayoría demócrata en la Cámara [baja], con el posible intercambio de espías rusos por americanos, y mil cosas más. La máquina de consumo de información es voraz y creciente, y ahora incluye a redes y YouTubers con dudosa credibilidad, pero con capacidad de difundir rumores no comprobados y hasta mentiras cuidadosamente fabricadas, con objeto de influir en las tendencias y creencias de la sociedad. Están, pues, devaluando la verdad.

México, hasta el momento, ha corrido con suerte. La noticia con más trascendencia internacional desde que asumió la presidencia Andrés Manuel López Obrador ha sido, sin duda, la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional, que fue caracterizada por la prensa financiera en el mundo, como una decisión especialmente mala, y que tuvo repercusiones tanto en los mercados como en el precio del dólar. Se habló de ello dos o tres días, y la nota, como se dice en el argot, quedó sin piernas. Las consecuencias, claro, se irán pagando a largo plazo, sin tanto aspaviento, pero con costos muy reales.

Fuera de eso, México ha navegado, más o menos, fuera del radar de los reflectores mundiales. Pero eso puede cambiar en cualquier momento, y convertirse en un serio problema para los ingresos de este país.

El secretario de turismo, Miguel Torruco, parece no darse cuenta del asalto frontal que está recibiendo la industria turística de México. Estamos hablando de uno de los tres grandes motores de captación de divisas extranjeras. México ocupa el lugar 15 en la escala de los países más visitados del mundo, pero no está ahí por casualidad. Se ha logrado con enormes inversiones, muchas extranjeras, en hoteles, campos de golf y otros atractivos. Estos incentivos no se dan a conocer solos – requieren de promoción, constante y profesional, respaldados por mantenimiento y eficiencia en los destinos. Todo eso quedó fuera del Presupuesto. El tren maya puede ser una idea genial para atraer turismo (no lo es) pero sus apenas 8 millones de pasajes proyectados por año, quedarán vacíos si nadie sabe que existen.

Tampoco se ha avanzado, y esto no es imputable al nuevo gobierno, en materia de seguridad. Si existe la más leve sospecha de riesgos en los destinos, bajará la demanda. En todo el debate que se ha dado sobre la Guardia Nacional, no hay una línea sobre alguna atención a los destinos turísticos, y esto debería ser una prioridad.

Es imposible, pues, no preguntarse si el turismo seguirá siendo una prioridad para el gobierno mexicano. Hay señales de que no es así. El gobierno de Ciudad de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, a regañadientas aceptó analizar el impacto financiero de los eventos deportivos que se realizan en la ciudad. Habló de la Fórmula 1, de la NBA y de la NFL. Se le olvidó, o no sabe, de la PGA. Estos eventos se realizan con aportes del gobierno de la ciudad, pero con inversión privada, mayormente. Entre los impuestos, la derrama económica y los empleos temporales que generan, la ciudad sale ganando, y el turismo también. Pero parece que a las autoridades les incomoda que el empresariado gane dinero, y ponen trabas. Hay que recordar que hay contratos firmados a varios años con los eventos, aunque después de Texcoco, todo es posible.

Tampoco sé si el factor turismo fue tomado en cuenta antes de la decisión tomada por el presidente, de no firmar el acuerdo del grupo de Lima que desconoce el resultado electoral más reciente en Venezuela. La defensa o crítica de esa decisión es otro tema, pero en lo que a la imagen turística de México se refiere, es un desastre. La percepción en el mundo será que México se alinea con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia. Ninguno de ellos, por cierto, potencia turística, ni económica. ¿Por qué?

En resumen, tenemos un país en el que pretendemos que el turismo crezca, y para ello cancelamos un aeropuerto que nos daría ventajas enormes, construimos un tren que irá vacío, porque nadie sabe que existe, eliminamos todo gasto de promoción turística, y luego en foros internacionales nos alineamos con dictaduras antidemocráticas e inestables, y por tanto inseguras. Todo ello, esperando que el resto del mundo no se dé cuenta. Pero eso no durará, especialmente cuando parecemos esmerarnos en adoptar posturas internacionales alineadas con dictaduras. Se darán cuenta nuestros competidores turísticos, y nos aplicarán una campaña profesional de desprestigio –cosa que sí conoce bien Morena.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.