Regalos rusos
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Regalos rusos

COMPARTIR

···

Regalos rusos

14/02/2019
Actualización 14/02/2019 - 13:00

Tal vez en el espíritu del día del amor y la amistad, parece gestarse una política exterior mexicana que se aparta de nuestra realidad geográfica. Hace una semana, nos describe León Krauze en su colaboración para El Universal, el Senado de la República recibió la visita de una delegación de políticos y empresarios rusos. Esto no tendría nada de particular, pero llamaron la atención de Krauze algunos de los huéspedes. Aleksander Babakov, uno de los oligarcas de Vladimir Putin y funcionario del Ministerio ruso de Exteriores. Anastasia Samarkina, empresaria rusa, cuya compañía ofrece servicios de “tecnología política”. Esa compañía, de nombre Legint, fue fundada por Viktor Boyarkin, oficial de la GRU, el brazo de espionaje de las fuerzas armadas rusas, y señalado en Estados Unidos como parte de la campaña de intervención en las elecciones presidenciales que llevaron al poder a Trump. La recepción de nuestros legisladores de Morena fue, por decir lo menos, cálida.

Estados Unidos, lo sabemos, tiene un sofisticado y carísimo aparato de inteligencia con el que pudieron, no detener, pero sí detectar la operación cibernética de influencia, así como el hackeo ruso del Partido Demócrata y su candidata, cuyos datos fueron usados para ayudar a la campaña de Trump. El tema ya no está en duda. Lo que ahora buscan los investigadores en EU es determinar si hubo funcionarios de la campaña de Trump involucrados. Sabemos de uno, Paul Manafort, quien incluso envió datos de las encuestas privadas de la campaña, que sirvieron para el diseño y aplicación de las estrategias de influencia.

Washington no ha sido el único objetivo de Rusia. Aplicaron su modelo de guerra cibernética en Ucrania, Gran Bretaña, con el Brexit, Francia, para apoyar a la populista Marie Le Pen, y vaya Ud. a saber cuántos más que no han sido detectados. En ese caso estamos en México.

Durante la campaña de 2018, varios advertimos la posibilidad de que Rusia, dado su activismo en el tema, podría buscar asegurarse de un resultado electoral que favoreciera sus intereses en México. El asunto se volvió irrelevante gracias a la abrumadora votación que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Hubiera ganado con y sin los rusos. Pero quedó el gusanito de la duda.

México siempre ha sido importante para Rusia. Siendo su objetivo principal desestabilizar y debilitar a Estados Unidos, nuestra posición geográfica les resulta muy atractiva, no de ahora, sino desde los 50´s, abarcando toda la Guerra Fría. Aprovechan, además, el rencor histórico que muchos mexicanos siguen sintiendo por la pérdida de la mitad del territorio nacional. Increíblemente, a siglo y medio de distancia, no lo podemos superar, y hay quienes siguen clamando contra el mítico 'imperialismo yanqui'.

Hay una crisis en Venezuela, en la que México se ha alineado con la postura de Rusia, China, y un puñado de dictaduras más. A esos países, Venezuela les importa un cacahuate. Su apoyo a la dictadura de Maduro es un intento de acotar la influencia de Estados Unidos en América Latina. Escogen este momento, por la debilidad de la política exterior de Trump, que aísla cada vez más a su país, pero eso podría durar poco.

Al mismo tiempo, la 'inexplicable' postura de México (así lo dijo el senador por Florida Marco Rubio) no refleja los intereses de los mexicanos. No estamos en los 70's, cuando la relativa autonomía económica de los países permitía adoptar posturas ideológicas controvertidas sin mayores consecuencias. Si en Estados Unidos se generaliza la impresión de México como un adversario, se cae el T-MEC, y con él, la economía. Es hora de pensar primero en el bienestar de los mexicanos y evitar las consecuencias negativas que pueda tener sobre el país la defensa de un régimen dictatorial como el de Venezuela. Con perdón de algunos ideólogos trasnochados de la cuarta transformación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.