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No Hay Marcha Atrás

24/01/2019
Actualización 24/01/2019 - 14:43

La rueda se inventó en el periodo neolítico, hace unos 6 mil años. Para muchos, el descubrimiento más trascendente en la historia de la humanidad. Pero aún sin ella, el avance del conocimiento empezó a marcar un cambio en la vida de nuestra especie, que ha ido creciendo exponencialmente. Ya para cuando apareció la rueda, la agricultura estaba establecida, y el Homo sapiens dejó atrás, de manera definitiva, sus costumbres nómadas. El alimento dejó de depender únicamente de la cacería y la recolección, y se sistematizó una forma de vida más conducente para conseguir el objetivo primario del instinto natural de todas las especies, que es la reproducción.

Al darnos cuenta de las ventajas que significaban los avances científicos y tecnológicos, resultaba ya impensable, además de imposible, dar marcha atrás y regresar a una forma de vida más simple, pero menos exitosa para la especie. No se requieren cifras para saber que cada mejoría en las herramientas con las que contaban nuestros antepasados, reducía la mortandad infantil, al tiempo que estimulaba la longevidad en los individuos.

Este proceso continúa hoy, con más fuerza que nunca. Es irreversible, e imparable, porque su origen es instintivo, genético, pues.

No es la primera vez en la historia de las civilizaciones que los avances en el conocimiento provocan miedo. Entre más intensa es la época de descubrimientos, y por ello, de cambios, más resistencias encuentra. El renacimiento que nos trajo a Da Vinci, también provocó la Santa Inquisición. La revolución industrial colocó a la Gran Bretaña en la cúspide de un imperio, pero estimuló la creación del pensamiento de Marx como una respuesta social, que sirvió de estímulo para defender los derechos de los trabajadores, tema muy necesario en su tiempo, pero que, llevado al extremo, demostró ser un sistema político y económico inoperante.

Pese a todo, los avances siguen. No está entre las capacidades del cerebro humano el eliminar la curiosidad. Aunque sabemos que muchos descubrimientos son peligrosos, y ponen en riesgo la existencia misma de la especie, no se van a detener. La investigación en torno a la manipulación genética o la inteligencia artificial, continuará por más que se trate de contener. Así pasó con la energía nuclear, y así pasará con estos temas, aunque es de esperar que se produzcan aplicaciones positivas a estas tecnologías, que sin duda las hay.

Trayendo estas consideraciones al mundo de la política, habrá que reconocer que China es el gobierno que mejor entiende estos conceptos. Sus enormes inversiones en tecnología, investigación y desarrollo así lo demuestran. Por ello, la mayoría de los analistas globales piensan que China será la potencia del futuro.

Gracias a las políticas populistas y corruptas de Donald Trump, Estados Unidos ha cedido su liderazgo científico y tecnológico. Para un ignorante como Trump, la ciencia representa un riesgo, porque es desconocida. Prefiere rechazar la clara evidencia de un cambio climático inminente, porque afectaría intereses de sus amigos y contribuyentes. Un altísimo porcentaje de los fondos destinados a la investigación científica provienen de los gobiernos, y en EU, Trump ha cerrado la llave.

Tristemente, en México observamos algo similar. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha recortado presupuestos de investigación a niveles mínimos. Al frente de Conacyt, nombra a María Elena Álvarez-Buylla, quien, entre otras linduras, ha dicho que ir a la luna fue un ejercicio estéril, y que hay que “humanizar” a la ciencia. Siendo una científica prestigiada, estos conceptos resultan sospechosos. AMLO piensa que renovar el equipo de informática es un negocio sucio. Dice que el gobierno es un cementerio de computadoras viejas, y que ya no se gastará en renovación. Es como volver al teléfono de disco.

El empeño en regresar al pasado es una tendencia que empezó con el fanatismo islámico, y que va ganando terreno en todo el mundo. Pero la historia nos enseña que, aún en los tiempos de oscurantismo un poco fanático, como los que se empiezan a vivir, la curiosidad del espíritu humano acabará por imponerse. Más nos convendría aceptarlo, y prepararnos para el mundo nuevo que viene.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.