Muerte en ruso
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Muerte en ruso

COMPARTIR

···
menu-trigger

Muerte en ruso

28/03/2018
Actualización 28/03/2018 - 14:09

Lev Davidovich Bronstein, mejor conocido como León Trotsky, había ya sobrevivido dos intentos de asesinato. Josef Stalin, triunfador en la Segunda Guerra Mundial, y dueño del poder absoluto en Rusia, no era un hombre al que le temblaba la mano. Trotsky se le había enfrentado, y seguía cuestionando desde el exilio tanto la conducta como la filosofía stalinista, y eso era imperdonable.

Trotsky fue deportado por la Unión Soviética en 1929 a Turquía. Pasó por Francia y Noruega. Fue deportado por ambos países al continuar su intenso activismo político, no sólo contra Stalin, sino en asuntos internos de sus anfitriones.

Por fin, en enero de 1937, Trotsky arribó al puerto de Tampico, desde donde por orden del presidente Lázaro Cárdenas, fue transportado en tren especial hasta la Ciudad de México. Se instaló junto con su esposa en casa de Diego Rivera y Frida Khalo.

En 1939 vino el primer atentado, que no tuvo éxito. Stalin ordenó la creación de tres células independientes, con objeto de asegurarse que Trotsky acabaría muerto. En 1940, luego de un breve pero tormentoso romance con Frida Khalo, y luego de un rompimiento con Diego Rivera, Trotsky se mudó a una villa en la calle de Viena, en Coyoacán. El 24 de mayo, el agente de la NKVD Iosif Grigulevich encabezó un atentado en el que resultó muerto uno de sus guardaespaldas, y su nieto herido en un pie. Mucho se ha especulado desde entonces sobre la posible participación de Diego Rivera en este complot, pero el hecho es que Trotsky sobrevivió. Días después, Trotsky escribió un artículo responsabilizando a Stalin, y asegurando que habría otro atentado.

El 20 de agosto de ese mismo año, en el estudio de su casa, Trotsky fue atacado con un picahielo por Ramón Mercader, quien lo hirió en la cabeza, ocasionando su muerte un día después en un hospital. Mercader, un catalán reclutado por la NKVD, pasó 20 años en prisión en México por el crimen. Su historia, novelizada, es el tema del libro El hombre que amaba a los perros del cubano Leonardo Padura, lectura imprescindible para entender este capítulo de la historia.

Todo esto viene a cuento porque es claro que Vladimir Putin lleva años repitiendo la táctica stalinista del asesinato como arma política. El ejemplo más reciente es el envenenamiento de Sergei Skripal y su hija Iulia en la pequeña comunidad de Salisbury, cerca de Londres. Skripal era, en los 90, un alto oficial de inteligencia militar rusa (GRU) cuando empezó a pasar información privilegiada a Gran Bretaña. Poco después del 2000, fue arrestado y encarcelado por espionaje. Pasó cinco años en prisión, pero fue liberado en un intercambio de espías convictos entre Rusia y Gran Bretaña, y desde entonces, Skripal residía en el Reino Unido.

Fue encontrado moribundo junto con su hija en una banca de un parque. Después de un análisis, se determinó que fue rociado con una sustancia llamada 'novichok', un agente químico que ataca al sistema nervioso y que sólo se ha fabricado en Rusia, como parte de su arsenal químico. Skripal y su hija continúan en estado de coma, con pocas esperanzas de sobrevivir. También resultó gravemente afectado un policía y otras 20 personas que estaban en los alrededores.

El asesinato político tiene larga historia en Rusia. En 1762 cayó el emperador Pedro III por órdenes de Catarina la Grande. En 1881 fue asesinado el zar de todas las Rusias, Alejandro II. En 1916 mataron a Rasputin, el místico consejero y ejecutaron al zar Nicolás II y toda su familia, en la Revolución Bolchevique de 1918, por citar a algunos. Ya con Putin en el poder, van casi 25 asesinatos en territorio ruso de enemigos políticos no sólo de Putin, sino a nivel local. En la lista están varios periodistas que se atrevieron a criticar al régimen, empresarios incómodos y funcionarios públicos en desgracia.

Rusia no es el único país donde hay asesinatos políticos, pero sólo los rusos matan a sus enemigos donde estén, y esto les puede crear problemas. Putin, en Rusia, hace lo que quiere con total impunidad, pero cuando lleva sus prácticas al extranjero, la ecuación cambia. Ya veremos cuánto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.