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Mapaches made in USA

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Mapaches made in USA

18/10/2018
Actualización 18/10/2018 - 14:45

Entre las muchas quejas que la ciudadanía tenía en contra del PRI, una era el vasto manual de mapachería, que usaron indiscriminadamente durante años para influir en los resultados de las elecciones a todos los niveles. Fue una de las mejores herramientas para conservar el poder durante 70 años. Por ello, muchos mirábamos al norte, con cierta envidia, pensando que allá había un sistema electoral sin nuestros vicios, y que la consecuencia lógica era una alternancia política sana. Error.

El actual proceso electoral que vive Estados Unidos ha puesto en evidencia que las prácticas electorales de allá son tan sucias y tan llenas de trampas como las nuestras, si bien varían en cuanto a estrategia y aplicación.

En la elección intermedia del 6 de noviembre estará en juego el control del Senado de los Estados Unidos, cuya tercera parte se renueva. Los republicanos tienen ahora la mayoría 51 a 49. Todos los escaños importan. En ese escenario, veamos a detalle la situación en Dakota del Norte.

Dakota del Norte es territorio Trump. Desde hace años es un bastión republicano, que votó abrumadoramente a favor de Trump, pero también a favor de Mitt Romney en 2012, aunque su candidato perdió contra Obama. En la elección anterior, en 2008, Dakota del Norte votó a favor de John McCain, pero también perdió contra Obama.

En Dakota del Norte, todos los funcionarios electos a nivel estatal son republicanos. El gobernador es republicano, y su partido tien e abrumadora mayoría en ambas cámaras del Congreso estatal.

En 2011, el senador Kent Conrad anunció su retiro, y la exprocuradora estatal Heidi Heitkamp se postuló para llenar la plaza.

Heitkamp era demócrata, pero su labor como procuradora de 1992 a 2000 le ganó simpatías entre la población, sobre todo por su postura en contra de las tabacaleras. Venció en la elección al republicano Rick Berg por menos de 3 mil votos, es decir, menos del 1 por ciento.

Factor indudablemente importante en el triunfo de Heitkamp fue el voto en dos condados de Dakota del Norte, el condado Rolette y el condado Sioux, que votaron abrumadoramente en su favor. Son los dos únicos condados con amplias mayorías de población nativa americana, que aún vive en reservaciones.

De esto tomaron nota los republicanos. No les llevó mucho tiempo definir que la estrategia para tumbar a Heitkamp en 2018, era atacar ese foco de demócratas representados por el voto nativo. Para 2015, la legislatura estatal aprobó una ley que exigía una identificación reciente del ciudadano, que contuviera una dirección física, con calle y número de residencia. Los republicanos saben bien que en las reservaciones que habitan los pueblos nativos de EU, eso no existe.

Todos tienen apartados postales, pero no direcciones tradicionales. Y sí, hay un mecanismo para obtener una dirección, pero no todos lo van a aprovechar, ya sea por indolencia o ignorancia. Hay un gran esfuerzo de organizaciones de pueblos nativos americanos para masificar la obtención de direcciones en Dakota del Norte, pero es inevitable que el ejercicio costará votos a Heitkamp que pueden ser cruciales en esta elección. Podría, incluso, estar en juego la mayoría en el Senado.

Y no es el único caso. En Georgia, donde Stacy Abrams es la primera candidata afroamericana a gobernador en la historia del estado, su rival Brian Kemp, es el actual procurador estatal, y por ello, responsable del proceso electoral. Kemp está aplicando la letra de la ley para justificar impedir el voto de cientos de miles de afroamericanos, y enfrenta tres demandas judiciales por su proceder.

Aun así, las encuestas marcan empate.

En Texas y otros estados que controlan los republicanos, también se hacen esfuerzos y maniobras para suprimir el voto, porque parece inminente una victoria demócrata en la cámara baja y en varias gubernaturas. Y en Estados Unidos no hay INE. Allá, cada estado es responsable de sus procesos electorales, y sólo las cortes pueden llamarlos a cuentas.

Faltan menos de tres semanas para la elección.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.