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Los debates

01/07/2019

El largo, larguísimo proceso electoral de los Estados Unidos comenzó oficialmente con los debates de los pre-candidatos demócratas a la presidencia el pasado 26 y 27 de junio. Será hasta febrero de 2020 cuando se emita el primer voto en una elección primaria, para determinar al rival de Donald Trump en la elección general, que se realiza el primer martes de noviembre del mismo año. Es decir, dentro de 17 meses. Así de prolongado es el proceso.

Al momento, el número de candidatos es todavía ridículo. Son 23, pero solo 20 alcanzaron lugar en los debates, participando 10 por día. Los siguientes, que serán la última semana de julio, mantendrán el formato, pero para entonces ya se habrá depurado la lista. Empezarán, en unos días, los anuncios de abandono de los candidatos que claramente no serán factor.

Los participantes en cada uno de los días se designaron por sorteo. Por ello, la Sen. Elizabeth Warren, de Massachusetts, tuvo un día de campo, al ser la única de las punteras en la jornada. También en este primer debate participó Beto O’ Rourke, quien se quedó apenas corto en su intento de vencer al republicano Ted Cruz en las intermedias, pero que hizo una campaña que lo convirtió en figura nacional. Beto no contaba con que el otro texano en la contienda le iba a meter el pie. Julián Castro fue alcalde de San Antonio y secretario de vivienda con el presidente Obama, pero pocos lo recordaban. Apenas pintaba en las encuestas. Pero Castro salió con una clara estrategia de supervivencia: atacar a Beto, porque tienen la misma base de contribuyentes, y quien pierda la primaria de Texas en marzo, quedará inevitablemente fuera. O’Rourke no se esperaba el cuestionamiento sobre su plan de inmigración, su respuesta fue vacilante, y Castro lo señaló como “impreparado”, y con razón. Son ya varios golpes que sufre Beto en la campaña, y en su equipo hay pesimismo. Los ganadores del primer día: Warren y Castro.

El jueves, tomaron el estrado los pesos completos. Los dos punteros, Joe Biden y Bernie Sanders, ambos de más de 70 años, y representando a los moderados y a los progresistas del partido. A ninguno de los dos le fue bien. Sanders empezó con un violento y estridente ataque sobre Donald Trump, llamándolo mentiroso patológico y un peligro para el país. Sanders parecía un poco desesperado. Hace 4 años, cuando enfrentó a Hillary Clinton en las primarias demócratas, su discurso progresista era único. Ahora, Elizabeth Warren, con una campaña de propuestas similares a Sanders, se está llevando buena parte de ese apoyo, al punto de casi emparejar a Sanders en las encuestas. Y Sanders sabía que Warren había brillado la noche anterior.

Pero lo más destacado del debate resultó ser la participación de la senadora por California Kamala Harris. Harris fue fiscal general de San Francisco, y luego de todo California. Esa experiencia la hace particularmente efectiva al cuestionar rivales en un debate. La víctima fue Joe Biden. Harris increpó a Biden sobre sus votos cuando era senador, y le recordó que apoyó iniciativas que hubieran retrasado la integración racial en EU. Esto fue hace 40 años, pero Biden no atinó a hacer una defensa efectiva de sus posturas de entonces. En realidad, lo relevante del intercambio fue que Harris dejó ver que es perfectamente capaz de enfrentar a Trump en un debate, y hacerlo ver su suerte. Y ese es, finalmente, el criterio que aplicarán los votantes demócratas en sus primarias. Votarán por el candidato que demuestre que le ganará a Trump.

Kamala Harris recorrió buena parte de ese camino, y habrá que ver el impacto de su actuación en las encuestas. Por lo pronto, se espera que aumente sus preferencias entre el voto afroamericano, que es, hasta antes del debate, masivamente pro-Biden. Lo recuerdan con cariño, porque fue el vicepresidente de Obama, primer afroamericano en ganar la Casa Blanca.

Kamala Harris, como se ha comentado en columnas anteriores, es una mujer fuerte, inteligente y carismática. ¿Está preparado Estados Unidos para elegir a una afroamericana como su primera mujer presidente? Todos saben que Trump juega sucio, y una campaña entre ellos dos será sin cuartel.

Pero no hay que olvidar, como decía al principio, que aún falta mucho, mucho camino por andar.

PD. De última hora, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cometió su más reciente locura, al pisar territorio de Corea del Norte para saludar al salvaje dictador de ese país Kim-Jong-un. No tiene remedio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.