Los aranceles
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Los aranceles

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Los aranceles

03/06/2019
Actualización 03/06/2019 - 13:56

El tema es complicado, lleno de aristas y consecuencias para Estados Unidos y para México, y debe ser visto desde puntos de vista diversos. Nos ocuparemos primero de las visiones, distintas y encontradas, que prevalecen sobre la abrupta decisión del presidente Donald Trump de imponer aranceles a todos los productos mexicanos como medida coercitiva para obligar a México a que sea, en esencia, su policía migratoria.

Los aranceles empezarían a aplicarse, según el anuncio de la Casa Blanca, el próximo 10 de junio. Comenzarían con un 5 por ciento, que se iría incrementando mensualmente hasta llegar a un 25 por ciento en caso de que México no cumpla con los deseos de Trump, siendo EU el único juez para determinar si el mencionado cumplimiento los satisface. Hasta aquí la postura de Trump.

El anuncio provocó una caída de 350 puntos en el índice Dow Jones el viernes, y los expertos dicen que, en realidad, la caída fue menor, porque buena parte del mercado no cree que Trump sea capaz de imponer las sanciones. Lo mismo dijeron antes de la salida de Trump del acuerdo climático de París, y del tratado nuclear con Irán, pero Trump sorprendió a todos, y procedió a abandonar los acuerdos.

Encabezando el esfuerzo para vender la decisión está Peter Navarro, quien forma parte del equipo económico de Trump desde el principio de la administración, y es lo suficientemente desprestigiado como economista como para defender en público teorías claramente equivocadas, pero que le gustan a su jefe. La primera y más seria crítica que la comunidad financiera de EU hace a la decisión, es que esos aranceles no los pagará México, los pagará el consumidor estadounidense. Esto no tiene discusión. Si los importadores tienen que pagar más por el producto, ese incremento lo pasan al precio final. Lo mismo ocurre con las sanciones a China. En un asombroso despliegue de ignorancia económica, Trump presume que las arcas de su Tesorería están fortalecidas por lo que está cobrando a los chinos por los aranceles, cuando lo dolorosamente cierto para el consumidor de EU es que lo pagan ellos. Es un impuesto más. Solo Trump y Peter Navarro opinan lo contrario. Tanto el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, como Robert Lighthizer, principal negociador comercial de EU, se opusieron al plan arancelario contra México, pero Trump les dijo que el tema no estaba a discusión. Se hace, y punto.

También en el Congreso de Estados Unidos hay críticas. Hasta Chuck Grassley, un senador trumpiano hasta las cachas, y miembro del Comité de Finanzas del Senado, entre otros, rompió con el presidente, diciendo que la inmigración y el comercio son temas distintos y separados, que no deben mezclarse. Expresamente, Grassley dijo que no apoya el plan de Trump. Nanacy Pelosi, líder demócrata de la Cámara baja, comentó que es un despropósito imponer una política coercitiva contra México, al tiempo que intenta lograr la ratificación del Congreso al T-MEC, lo cual sí parece absurdo.

Trump enfrentará obstáculos legales para implementar los aranceles. Solo está facultado a hacerlo sin aprobación del Congreso en casos en que la seguridad nacional de su país esté en riesgo, o en caso de emergencia nacional por desastres. Usará el argumento de la seguridad nacional en la frontera, pero ese ya fracasó en su intento de asignar dinero para construir el muro. Es posible que sea un juez quien imponga una suspensión y no permita que entre en vigor la medida.

Es poco lo que México puede hacer. Aquí, causó mucho revuelo la carta que el presidente Andrés Manuel López Obrador envió a Trump, pero allá, ni se dieron por enterados. Vamos, ni la prensa le dio la menor importancia a la misiva. El canciller Marcelo Ebrard y Jesús Seade tienen cita en Washington el miércoles, pero corren el peligro de no ser ni recibidos si no anticipan disposición a comprometerse a detener el flujo migratorio hacia EU, y eso es algo que no pueden hacer, porque México no tiene ni los elementos, ni, más importante, la disposición de proyectar una imagen de sumisión total a los designios de EU. De por sí, México ya comienza a enfrentar su propia crisis por la inmigración centroamericana, caribeña, asiática y las que se acumulen. México no tiene plan para controlar el fenómeno, y Estados Unidos, tampoco. Uno pensaría que en lugar de amenazas y sanciones, habría consensos y planeación para resolver un problema común, pero…

Esto es lo que pasa cuando al llegar al poder, se desmantela todo el aparato de Estado dedicado a la diplomacia para instalar a novatos, incondicionales y baratos. Aplica a ambos presidentes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.