Habemus candidato
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Habemus candidato

12/03/2020

Como les gusta decir a los encuestadores, la tendencia es ya irreversible. Con los resultados de las primarias del martes, es ya imposible negar que Joe Biden amarró la candidatura del partido demócrata a la presidencia de Estados Unidos. De los seis estados en disputa, ganó cuatro, incluyendo a Michigan, la joya de la corona, Mississippi, Missouri y Idaho. Washington estaba aún muy cerrado al escribir este artículo, y Bernie Sanders solo había ganado en Dakota del Norte. Aunque matemáticamente todavía no tiene Biden los delegados requeridos, todas las encuestas lo dan ganador por amplio margen. En el estado con más delegados que queda, que es Florida, su ventaja es aplastante.

Por lo anterior, hay muchas voces en el partido demócrata que están pidiendo la suspensión de la campaña, declarar a Biden el candidato, y empezar a organizar la elección federal. Dice James Carville, el legendario estratega de Bill Clinton, que los militantes ya se pronunciaron por Biden, y que continuar el proceso, que todavía tiene programados dos debates, sería un desgaste innecesario para el candidato. Todos saben que Biden es bastante dado a cometer errores de expresión, y sería mejor no dar municiones a los republicanos. Total, en la elección general no se sabe aún si habrá debates previos, puesto que el presidente Trump ha expresado sus intenciones de no asistir. Claro, a menos que vaya abajo.

Además, está el coronavirus, que sigue multiplicándose a gran velocidad en Estados Unidos. No es buen momento para estimular grandes concentraciones de gente en mítines políticos, y si lo hace Trump, como parece probable, abrirá otro flanco en su estrategia electoral.

Mucho, claro, depende del propio Sanders. No quiso salir a hablar el martes después de los resultados desfavorables, y es posible que en los próximos días suspenda su campaña en favor de Biden, para consolidar desde ahora a los demócratas.

Sobre todo entre los “millennials”, hay una corriente profundamente decepcionada por la derrota de Sanders. Opinan que los demócratas van derecho a otra derrota ante Trump, al escoger, como en 2016, al candidato de la cúpula demócrata. Creo que se equivocan.

Primero, Hillary Clinton fue una pésima candidata. Traía números negativos comparables a los de Trump. Las encuestas la describían como arrogante y antipática. No hizo campaña en los estados clave, dando por descontado que ganaba, (Pennsylvania, Ohio, Wisconsin y Michigan) y fue en esos estados, y por un puñado de menos de 80 mil votos en total, que perdió. Con todo, ganó el voto popular.

Segundo, la gente no sabía cómo gobernaría Trump. ¿Cuántos ciudadanos están desencantados de ver que con Trump solo hay pleito tras pleito, escándalo tras escándalo y tuit tras tuit? Sobre todo, con una recesión en puerta, se cae la carta más fuerte de Trump rumbo a la reelección, que era la economía.

Tercero, el manejo de la crisis del coronavirus. Todo el planeta sabe que Trump es un mentiroso patológico; pero sus absurdas conferencias de prensa, desinformando al país respecto a la crisis, escondiendo datos de las autoridades de salud, y tratando de vender un panorama imaginario para mitigar la desocupación en sus hoteles, es algo que el elector no perdonará en noviembre.

Es cierto que falta todavía mucho para la elección. Siete meses y medio en política son una eternidad. Pero la mejor herramienta que tenemos para crear expectativas, que son los números, hoy, apuntan a una victoria demócrata en noviembre. Ojalá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.