Es un lodazal
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Es un lodazal

03/10/2019
Actualización 03/10/2019 - 15:29

El presidente de Estados Unidos Donald Trump está contra la pared. Fue una sorpresa para él y para su equipo la indignación pública que produjo el resumen que la Casa Blanca reveló sobre el contenido de la ya famosa llamada con el presidente Zelensky de Ucrania. Trump sigue pensando que no dijo nada malo.

A una semana de la publicación del documento, y de la denuncia del informante, que ahora se sabe trabajaba para la CIA, Trump no acierta a implementar una estrategia contra la investigación de la Cámara de Representantes que pretende destituirlo. Solo hay reacciones, que no le ayudan.

Es, por ejemplo, inexplicable cómo permite Trump que su abogado personal Rudy Giuliani aparezca todos los días en la televisión montando una defensa de sus actividades en Ucrania basadas en una conspiración completamente desacreditada. O que el procurador general William Barr, a quien Trump mencionó varias veces en la llamada, siga viajando por el mundo tratando de reclutar ayuda extranjera para desacreditar la investigación Mueller. Acaba de estar en Italia, y por lo que se sabe de otra llamada de Trump con el primer ministro de Australia, su próximo destino será Canberra. ¿Para qué? Todo esto tiene que ver con la elección de 2016, y ese tema, bien o mal, ya estaba superado.

Esta misma semana, luego de aparecer en la televisión negando tener conocimiento alguno de la denuncia del informante, nos enteramos por el Washington Post, que el secretario de estado, Mike Pompeo, fue testigo personal de la llamada, cosa que el propio Pompeo confirmó en una conferencia de prensa ayer en Italia. Un ejemplo más de la mentira sistemática que ya no solo es de Trump, sino de sus cercanos, gente que tiene una reputación que defender, pero que van camino a perder cualquier futuro político que alguna vez tuvieron. Pompeo ha dicho que podría renunciar para postularse al Senado, pero por lo que se ha visto estos días, esa opción podría cerrarse rápidamente.

Y luego está el caso de Kurt Volker, el ahora exenviado especial del Departamento de Estado para Ucrania. Volker fue mencionado varias veces por Rudy Giuliani como la persona que le proporcionó contactos para realizar sus pesquisas en Ucrania, y a quien, según Giuliani, reportaba. Pero en una entrevista con los medios ucranianos, Volker dijo que Giuliani estaba en Ucrania como ciudadano privado, sin carácter oficial, y que sería altamente perjudicial que el gobierno de Ucrania se involucrara en la elección de 2020 en Estados Unidos, que es lo que quería Trump en la llamada. Volker será entrevistado hoy por los abogados del comité de inteligencia de la Cámara, y al haber renunciado, no estará limitado en su testimonio. Volker, quien es además presidente de una fundación creada por el legendario John McCain, mismo que, hasta su muerte, fue tenaz enemigo del presidente Trump, intentará salvar su reputación, y puede revelar mucho.

Otro personaje que podría revelar datos importantes para la investigación es la exembajadora de Estados Unidos en Ucrania. Marie (Masha) Yovanovitch, nombrada por el presidente Obama, fue abruptamente retirada de su cargo en mayo, dos meses antes de la rotación normal. La medida fue tomada con malestar y sorpresa por el Servicio Exterior de Carrera, dada la impecable reputación de la embajadora. Su problema fue desmentir las telarañas que tejía Giuliani sobre la actuación de Joe Biden y su hijo en Ucrania. No solo la despidieron, sino que recibió ataques en Twitter del presidente Trump y su hijo, además de un comentario negativo en la propia llamada de la controversia. Ella también tendrá muchos datos que aportar, y comparecerá el viernes 11.

No serán los únicos. Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia, ya tiene identificados a varios testigos que tendrán que elegir entre declarar la verdad y salvarse del barco que se está hundiendo, o contratar abogados y enfrentar consecuencias no solo financieras, sino posiblemente legales si siguen mintiendo para proteger a Trump.

Lo que no pudo hacer Mueller en dos años y medio, lo ha hecho el informante en una semana. Esta historia continuará.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.