Es Rusia, estúpido
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Es Rusia, estúpido

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Es Rusia, estúpido

07/11/2019
Actualización 07/11/2019 - 15:00

La frase fue acuñada por una campaña de Bill Clinton, que finalmente le dio la presidencia de Estados Unidos. Cuando estaba su cuarto de guerra decidiendo sobre la narrativa a establecer, James Carville, el legendario asesor político de Clinton, la pronunció, alegando que la economía sería el tema principal bajo el que los votantes tomarían su decisión. “Es la economía, estúpido”, respondió Carville a una propuesta sobre la posición que en la que pretendía basar la campaña en política exterior.

Los demócratas, ante el diluvio de escándalos de toda índole que emergen a diario de la Casa Blanca, no parecen reconocer el hilo común en el actuar de Donald Trump, y que se llama Vladimir Putin. Es el argumento esencial para oponerse a una reelección de Trump. Conviene, pues, refrescar la memoria:

En 2015, al arrancar su campaña, un reportero pregunta a Trump cómo puede buscar un acercamiento con un jefe de Estado (Putin) que manda asesinar periodistas. Respuesta: “Nosotros también matamos gente”.

Contrata a Paul Manafort para encabezar su campaña. Manafort pasó años en Ucrania defendiendo al entonces presidente Viktor Janikovic, un títere del Kremlin. Cobró millones, se asoció con oligarcas rusos y borró de la plataforma de los republicanos la posición dura contra Rusia por invadir Ucrania y anexar a Crimea. Hoy está en la cárcel.

Su primer asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, aseguró al embajador de Rusia que Trump levantaría las sanciones impuestas por Obama por la misma invasión. Luego le mintió al FBI al respecto. Fue despedido, y hoy espera sentencia, con una alta probabilidad de recibir un perdón presidencial.

El sistemático bloqueo al fiscal especial Robert Mueller, quien investigaba los lazos entre Rusia y la campaña, entre ellos, el despido de dos directores del FBI, Jim Comey y Andrew McCabe, quienes avalaron las pesquisas sobre Trump y su campaña.

El extraño episodio de Helsinki, donde Trump, en una conferencia de prensa pública, exoneró a Putin de haber intervenido a su favor en las elecciones de 2016, descartando así las conclusiones de 17 órganos de inteligencia del país, que señalaron a Rusia como culpable.

La completa opacidad del contenido de sus conversaciones personales con Putin en diferentes foros internacionales, llegando hasta confiscar los apuntes de los traductores.

El rechazo a revelar sus estados financieros, que inevitablemente, mostrarán enorme apoyo de intereses rusos en sus propiedades comerciales.

El inexplicable retiro de las tropas estadounidenses de Siria, abriendo la puerta para la entrada triunfal del Ejército rojo a través de Turquía, cediendo así el papel preponderante de influencia en la región a su admirado Putin.

El desmantelamiento del Departamento de Estado y las constantes críticas a la OTAN.

La desestabilización de Ucrania, al involucrarlos en su campaña para la reelección mientras le retenía ayuda militar. Esto debilitó la posición ucraniana en las negociaciones para la paz con Moscú.

El infantil intento de restablecer a Rusia como miembro del G-7, de donde fue echado por invadir otro país.

Los motivos del 'kompromat' que tienen los rusos sobre Trump son seguramente financieros. Es posible que se lleguen a conocer algunos de ellos antes de la elección, que será en poco menos de un año. No se sabe aún quién ocupará la candidatura demócrata, pero si no es capaz de centrar su argumento principal bajo esta premisa, no entiende bien la mentalidad del electorado.

Y cuidado, porque Trump la entiende muy bien.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.