Enfrentando el cambio climático
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Enfrentando el cambio climático

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Enfrentando el cambio climático

10/12/2018
Actualización 10/12/2018 - 7:04

Los dinosaurios aparecieron en nuestro planeta hace unos 260 millones de años. Les tomó 60 millones de años volverse dominantes, pero una vez que lo lograron, ocuparon el trono del reino animal durante 180 millones de años, hasta que un evento de extinción acabó con ellos. La huella de esa colisión entre la tierra y un meteorito gigante se puede observar hoy en el gigantesco cráter de Chickulub en la península de Yucatán. Provocó un larguísimo periodo de oscuridad en la tierra, ya que la enorme nube de polvo que levantó cubrió el planeta, impidió el paso de los rayos solares y rompió la cadena alimenticia que sostenía la vida. Se extinguieron el 90% de las especies del planeta.

Los dinosaurios no eran seres débiles. Aguantaron cambios de eras geológicas sin perder su dominio. Reinaron en el Jurásico y en el Cretáceo, y eso incluye cambios en las condiciones climáticas del planeta mucho más abruptas de lo que hoy anticipamos, y sobrevivieron.

Homo Sapiens, nuestra especie, es apenas un joven advenedizo en términos de evolución. A lo mucho, llevamos como especie unos 300 mil años de existencia. La agricultura, motor del proceso civilizatorio, se descubrió y aplicó hace menos de 20 mil años. Antes de eso, nuestra especie sobrevivía en tribus nómadas dedicadas a la cacería, y así, soportó una glaciación que cubrió de hielo a medio planeta. Con todo, aguantamos y nos expandimos. Hasta aquí, el proceso evolutivo natural se desarrollaba en sus tiempos, es decir, en miles de años para lograr pequeñas adaptaciones al ecosistema, y permitir nuestra supervivencia.

La agricultura obligó a la creación de asentamientos humanos, y a abandonar la vida nómada. Por esos tiempos, hizo explosión la capacidad cerebral de la especie, y comenzó una espiral de avances tecnológicos que desfasó el proceso evolutivo natural. Surgieron las grandes civilizaciones de Egipto, Persia, Grecia, Roma, y, de este lado del mundo, los mayas, los olmecas y los incas. Hace apenas mil años, Europa vivía la edad media y el feudalismo. Hoy, a pesar de todas nuestras preocupaciones políticas y sociales, la humanidad vive, por mucho, su mejor momento.

Estos enormes avances se han logrado como especie, y como especie tenemos que enfrentar el próximo gran reto, que es el cambio climático. No es, como muchos afirman, un evento de extinción. La humanidad ya ha sobrevivido cambios climáticos similares, pero sí es una catástrofe que puede diezmar sensiblemente la población mundial, y provocar un freno importante en el proceso civilizatorio.

No parece haber mucha voluntad política en el mundo para tomar medidas preventivas radicales. No queremos entender que para minimizar los daños que esto provoque, habrá que hacer sacrificios. En estos tiempos de nacionalismos rampantes y absurdos, cada quien quiere llevar agua a su molino, sin reparar en que así seremos más perjudicados todos.

¿Por qué no hay un organismo supranacional con los mejores científicos y especialistas diseñando la manera de enfrentar esto?¿Por qué nadie quiere ceder “soberanía”? Por favor. Esta es una emergencia mundial, y los gobiernos no parecen darse cuenta de la magnitud de lo que enfrentamos, aunque los datos están a la vista de todos.

Y, ya que estamos en temas de cooperación mundial, habría que hacer lo mismo con el esfuerzo de exploración y conquista de Marte. Nuestro planeta, tarde o temprano, sufrirá un verdadero evento de extinción, ya sea natural, o fabricado por nosotros mismos. El recientemente desaparecido astrofísico Stephen Hawking decía que a la humanidad le quedan, a lo mucho, mil años más de existencia en el planeta. Si no empezamos ahora a preparar condiciones para lograr la supervivencia de la especie en otros lugares fuera de la tierra, estaremos traicionando los instintos básicos con los fuimos dotados.

Pero me temo que tendrá que haber una tragedia mayúscula para hacernos despertar. Como los temblores en México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.