Emergencia nacional
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Emergencia nacional

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Emergencia nacional

18/02/2019

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró una emergencia nacional el viernes, citando la crisis migratoria que, dice, amenaza a su país en la frontera con México. Argumenta que la solución es la construcción de su mítico muro, y el estado de emergencia le permite disponer de fondos para ese proyecto. Pero el asunto no es tan fácil.

Trump fracasó en su intento de obtener los fondos a través del poder legislativo. Y fracasó en grande. Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara baja, exhibió a Trump como un inepto negociador, y le mostró el significado de la nueva mayoría demócrata en la cámara baja. Luego del cierre del gobierno más largo de la historia, Trump tuvo que acabar aceptando apenas mil 375 millones de dólares para el muro, cuando hace meses le habían ofrecido 25 mil.

Pero si algo tiene Trump, y es otra de las características que comparte con nuestro presidente, es que es extremadamente necio. Con esto de la emergencia nacional, pretende obtener los fondos para el muro brincándose al Congreso, y no se lo van a permitir. Ahora les explico por qué.

Las “declaraciones de emergencia” en Estados Unidos se invocan normalmente en caso de desastres naturales, como huracanes, temblores o ataques terroristas, como las Torres Gemelas. A veces, pero no siempre, cuando hay guerra. El criterio tradicional es que exista una amenaza real dentro de su territorio.

El presidente Harry Truman, en 1952, declaró una emergencia nacional ante una huelga general en la industria del acero, y ordenó al estado tomar las fábricas. Los sindicatos, como parte interesada en el tema, tenían personalidad jurídica y facultades para demandar al gobierno federal. Es un mecanismo similar a lo que conocemos como amparo. Las cortes acabaron fallando en favor de los sindicatos, afirmando que su huelga no alcanzaba el grado de emergencia nacional.

Vino Watergate en 1974, y a raíz del escándalo y renuncia del presidente Richard Nixon, el Congreso pasó la legislación que impedía que una declaratoria de emergencia nacional entrara en vigor si había oposición en alguna de las cámaras. Se requiere que una de las cámaras pase una resolución de mayoría simple contra la emergencia, y la otra cámara está obligada por ley a votar esa misma resolución. Si ambas cámaras, por mayoría simple en cada una, rechazan la emergencia, esta no puede entrar en vigor.

En ambos casos, en las cortes y en el Congreso, será muy difícil que se sostenga la emergencia nacional. Basta ver la frontera para constatar que no hay una invasión inminente, como quiere vender Trump, y menos existe la necesidad de un muro, más allá de lo que ya tienen.

El problema para Trump es político. Prometió el muro en su campaña y no lo ha podido cumplir, y por lo que se ve, ni podrá. Trump sabe que no tiene futuro su emergencia nacional, pero le servirá como herramienta de campaña para la reelección. Tratará de victimizarse, culpando a los demócratas de no aprobar el muro, y acusándolos de apoyar una política de fronteras abiertas para que pueda entrar cualquiera.

Los demócratas usarán ambos mecanismos. Nancy Pelosi sabe que en la cámara de representantes, fácilmente tendrá la mayoría. Y en el senado, un suficiente número de republicanos se han pronunciado en contra de la emergencia nacional, como para alcanzar la mayoría simple. Pero si no, están las cortes. El procurador de California ya anunció que presentará demanda, porque los fondos que quiere tomar Trump, están asignados a proyectos de infraestructura afectados por los incendios forestales. También Puerto Rico, que se vería afectado, prepara demanda.

Esta historia continuará.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.