El juicio del Chapo
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El juicio del Chapo

COMPARTIR

···

El juicio del Chapo

22/11/2018
Actualización 22/11/2018 - 9:55

Una Corte federal en Nueva York está convertida en el depósito de la ropa sucia mexicana que queda exhibida en público. Las acusaciones de la guerra interna del narco mexicano salpican ya a buena parte de la clase política durante tres sexenios, y revelan la lucha descarnada por el poder y el dinero entre los capos y los cárteles de la droga. Es un mundo en el que una sospecha, un desaire, pueden costar la vida.

El juicio de Joaquín El Chapo Guzmán tiene que, en primer término, evaluarse en el marco de un ejercicio jurídico sujeto a las formas del sistema anglosajón: el objetivo de los fiscales, por un lado, y los defensores, por el otro, es convencer a un jurado de 12 personas de los méritos de sus respectivos casos. Para ello, presentan testimonios y evidencia, de cuya interpretación dependerá, en última instancia, el fallo del jurado.

Al comenzar el proceso, tanto la defensa como la fiscalía exponen un panorama general de sus argumentos, y prometen al jurado demostrar sus dichos. Aquí se produjo el primer bombazo, cuando la defensa acusó al expresidente Felipe Calderón y al actual mandatario Enrique Peña Nieto, de recibir sobornos millonarios del narco. El juez Brian Cogan reconvino al defensor de Guzmán, Jeffrey Lichtman, de introducir elementos no sustentados por la evidencia en su presentación, como las acusaciones mencionadas. Pero el daño ya estaba hecho. La reacción en México fue fulminante, y la operación de Morena en redes sociales rápidamente aprovechó el tema para reforzar sus posturas anticorrupción, a pesar de los inmediatos desmentidos tanto de Calderón como de Peña.

Al comenzar los interrogatorios a los testigos, la moneda se volteó. Tomó el banquillo Jesús el Rey Zambada, y detalló sobornos multimillonarios entregados al gobierno de la Ciudad de México durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente electo de México, con objeto de permitir el almacenaje de la droga y el control del aeropuerto asegurando así el tránsito de la mercancía. Zambada ilustró también con detalles la guerra brutal entre Guzmán e Ismael Mayo Zambada, hermano del testigo que ha cobrado docenas de vidas.

Total, que todo el mundo quedó embarrado. El problema está, claro, en probarlo. Este juicio terminará con estas y muchas otras declaraciones comprometedoras que serán tomadas en cuenta por el jurado que acabará por encontrar culpable a Guzmán. Con toda seguridad, le darán cadena perpetua. Pero el vía crucis del Chapo, y por lo tanto, del sistema mexicano de justicia, no acaba ahí. En este juicio ni siquiera hay cargos por homicidio, que fueron eliminados por orden del juez, para no alargar el proceso. Hay cargos presentados y litigios pendientes en varios estados más de Estados Unidos, como Arizona, Texas y Florida, que aún podrían llevarse a juicio. Eso dependerá de los fiscales, aunque con un Chapo ya sentenciado, podrían decidir ahorrarse el gasto de más juicios.

En cualquier caso, habrá que ver si las revelaciones ya conocidas, más otras que se puedan presentar en los próximos días, tendrán consecuencias legales. Depende, en mucho, de la evidencia documental con que cuenten los fiscales de Nueva York. Es obvio que las declaraciones de narcotraficantes aún involucrados en una guerra familiar en México, no tienen una gran dosis de credibilidad, a menos que vengan acompañadas de pruebas que confirmen sus dichos.

La justicia mexicana podría solicitar las pruebas con que cuentan en Nueva York para abrir procesos de investigación en México, pero se ve difícil. No parece haber voluntad política del próximo gobierno para indagar a fondo actos de corrupción en el pasado, y menos cuando habría que remontarse a la propia administración de López Obrador en el entonces Distrito Federal.

Mientras, seguiremos viendo el circo letal en una Corte en el extranjero. De ese tamaño es el poder del narco en México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.