El circo que viene
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El circo que viene

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El circo que viene

07/03/2019

El Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos es el órgano del Congreso encargado de iniciar el proceso de revocación de mandato (impeachment) para funcionarios que no pueden ser relevados de sus responsabilidades de otra forma. Aplica para los jueces federales, congresistas y, por supuesto, el presidente de la república.

El Comité es encabezado por el demócrata Jerry Nadler, quien esta semana envió 81 cartas a diversas personas e instituciones, solicitando documentación sobre diversos aspectos de la campaña, la administración y el historial financiero del presidente Donald Trump. Nadler ahora tiene el poder para hacerlo, puesto que su partido, el Demócrata, es mayoría en la Cámara Baja, y entre las obligaciones de su comité está cerciorarse de que los tres poderes ejerzan sus funciones apegados al marco legal y ético vigente.

Durante los primeros dos años de la administración Trump, el Comité, bajo mayoría republicana, fue un órgano pasivo, que sistemáticamente se opuso a las iniciativas de la minoría demócrata para investigar cualquier cosa relacionada con Trump. Así, dice Nadler, se perdieron dos años, y el torbellino de actividad actual es un intento de reponer el tiempo perdido.

La investigación del comité es mucho más amplia que la que lleva el fiscal especial Robert Mueller. El mandato de Mueller lo limita a encontrar delitos en torno a la relación entre Rusia y Trump y su campaña. Nadler, al contrario, puede investigar cualquier conducta de Trump, sea delictiva o no. Dice Nadler, y con razón, que hay delitos que no ameritan revocación de mandato, pero hay conductas que, sin ser delictivas, resultan suficientes para iniciar el proceso de revocación.

El hecho es que, dado el negro historial públicamente conocido del presidente, es casi imposible que no encuentren tanto delitos como conductas éticas inaceptables en su expediente. Por ello, el tema se vuelve político, y no jurídico.

Jerry Nadler tiene su objetivo muy claro. Está convencido de que Trump ha cometido delitos, como violación a leyes de financiamiento de campaña, fraude fiscal y bancario, obstrucción de justicia e intimidación de testigos. También está seguro de que, aunque técnicamente no es delito, Trump ha cometido múltiples abusos de poder. Ahora hay que convencer al público, y través de él, a los republicanos. Por ello la detalladísima investigación que inició con la comparecencia de Michael Cohen, el exabogado personal de Trump. Solo si los demócratas logran exhibir sin lugar a dudas los excesos del presidente podrán lograr el juicio político con éxito. Saben que iniciar el proceso sin la absoluta seguridad de ganarlo, es un suicidio.

Ya les pasó a los republicanos con Bill Clinton. La Cámara baja le abrió un juicio político, aprobaron los cargos, que principalmente consistían en mentir a un gran jurado, cosa que fue ampliamente demostrada, pero cuando el proceso llegó al senado, no alcanzaron las dos terceras partes de mayoría requerida para relevarlo del puesto. La opinión pública consideró que todo había sido una exageración, y Clinton fue reelecto cómodamente. Con Richard Nixon, en cambio, las grabaciones secretas demostraron su culpabilidad, el público y su partido le voltearon la espalda, y se vio obligado a renunciar antes que perder el juicio en el Senado.

Estas cosas llevan tiempo, y los demócratas no tienen prisa. Si las investigaciones no reditúan evidencia irrefutable, sí, por lo menos, pueden dañar a Trump lo suficiente como para hacerlo un candidato inviable para 2020.

Si Trump pierde la elección sin juicio político de por medio, a las 12 del día del 20 de enero de 2021, los agentes del FBI lo estarán esperando para presentarlo en la Corte. De aquí a entonces, pasarán muchas, muchas cosas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.